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VIDEO: Con visión nocturna e inteligencia artificial se analiza cómo las arañas construyen las telarañas

Un estudio de inteligencia artificial sobre cómo las arañas elaboran sus intrincadas redes analizó millones de movimientos de sus patas.

Los investigadores emplearon visión nocturna e inteligencia artificial para descubrir cómo las arañas construyen sus intrincadas redes para capturar a sus presas.

Los científicos de la Universidad Johns Hopkins descubrieron que las pequeñas criaturas de ocho patas usan su sentido del tacto para elaborar elegantes estructuras de red con precisión geométrica, las cuales son delicadas pero fuertes. Las arañas se encuentran entre los pocos animales, junto con las aves tejedoras y el pez globo, capaces de crear tales obras arquitectónicas.

“Después de ver una red espectacular, pensé, ‘si fueras a un zoológico y vieras a un chimpancé construir algo como esto, pensarías que es un chimpancé asombroso e impresionante’”, dijo el biólogo conductual Andrew Gordus. Señaló que el cerebro de una araña no es más que una fracción del tamaño del cerebro humano, y que era frustrante que no se supiera más sobre ellas.

“Ahora hemos definido la coreografía completa para la construcción de telarañas, lo que nunca se ha hecho en ninguna arquitectura animal con una resolución tan fina”, dijo Gordus, coautor de un nuevo estudio sobre el comportamiento, disponible en Current Biology.

Para comprender los talentos arquitectónicos de las arañas requeridos para construir redes tan complejas, Gordus y sus colegas científicos documentaron y analizaron las diversas habilidades motoras y comportamientos involucrados. Debido a los retos que implica capturar y registrar los comportamientos, esto nunca se había hecho antes.

En el caso de la araña tejedora ulobórida, los científicos diseñaron un entorno de laboratorio donde utilizaron cámaras y luz infrarrojas para monitorear y registrar seis arañas durante las noches. Mientras las arañas trabajaban en las redes, los científicos rastrearon millones de posiciones de las patas con un software de visión artificial diseñado específicamente para detectar el movimiento de las extremidades.

Los investigadores de la Universidad Johns Hopkins descubrieron que las arañas seguían un comportamiento similar al tejer sus telarañas, lo que les permitía predecir en qué parte de la red estaba trabajando una araña al ver la posición de una pata. (Universidad Johns Hopkins)

“Incluso si lo grabas en video, hay muchas patas que rastrear, durante mucho tiempo, en muchos ejemplares”, dijo el coautor del estudio, Abel Corver. “Es demasiado trabajo revisar cada fotograma y tomar nota a mano de la posición de las extremidades. Así que programamos el software de visión artificial para detectar la postura de la araña, cuadro por cuadro, de modo que pudiéramos documentar todo lo que hacen las patas para construir una red completa”.

Los investigadores descubrieron que las arañas seguían un comportamiento similar al tejer sus telarañas, lo que les permitía predecir en qué parte de la red estaba trabajando una araña al ver la posición de una pata. “Incluso, si la estructura final es un poco diferente, las reglas que utilizan para construir la red son las mismas”, dijo Gordus.

Los investigadores de la Universidad Johns Hopkins han detallado toda la coreografía para la construcción de una telaraña, algo que nunca se había hecho con tanta precisión para ninguna arquitectura animal. (Universidad Johns Hopkins)

Esto le confirmó que las reglas para la creación de telarañas están codificadas en sus diminutos cerebros. “Ahora, queremos saber cómo se codifican esas reglas a nivel neuronal”, dijo.

El siguiente paso involucrará que los investigadores observen cómo las drogas que alteran la conciencia pueden afectar a las arañas que construyen sus redes. “Las arañas son fascinantes”, dijo Corver, “porque aquí tienes un animal con un cerebro construido sobre los mismos bloques fundamentales que el nuestro, y este trabajo podría darnos pistas sobre cómo podemos entender sistemas cerebrales más grandes, incluido el de los humanos”.

Traducción de Yerem Mújica; editado por Yerem Mújica y Melanie Slone