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Huella ecológica de los vehículos eléctricos podría no ser tan limpia como algunos suponen

Los desarrollos en el futuro cercano podrían aumentar en gran medida los beneficios de la tecnología.

Los países buscan maneras de disminuir las emisiones de carbón.

La administración de Joseph R. Biden quiere que en 2030, la mitad de los automóviles nuevos sean vehículos eléctricos.

Ford planea acelerar su construcción de carros eléctricos en Estados Unidos. Electric Last Mile envió su primer lote de camiones eléctricos de reparto urbano. Muchos fabricantes están buscando tecnología de baterías de estado sólido en lugar de iones de litio para los vehículos eléctricos.

El enfoque no es sorprendente. El sector del transporte es responsable de alrededor del 29 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente por la quema de combustibles fósiles, según la Agencia de Protección Ambiental. Lograr que los automóviles y camiones dejen de emitir gases de efecto invernadero podría generar un gran impacto en el país, lo que vuelve a los vehículos eléctricos una solución obvia.

Pero si bien los vehículos eléctricos ofrecen muchos beneficios, y tienen el potencial de ofrecer muchos más, según los expertos, el panorama y las implicaciones de usarlos son más complejas de lo que los titulares sugieren.

“Para evaluar la huella de carbono de cualquier producto, uno debe considerar sus emisiones de por vida, es decir, las emisiones generadas a lo largo de las diferentes fases del ciclo de vida del producto”, dice Ioannis Bellos, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad George Mason, quien ha realizado una investigación sobre vehículos eléctricos y la transición a estos. Actualmente, los vehículos eléctricos generan más emisiones durante su fabricación que los similares que funcionan con combustibles fósiles, en gran parte debido a la producción de baterías.

La tecnología de baterías más usual para vehículos eléctricos, la de iones de litio, presenta algunos problemas inherentes, según un estudio de 2018, llevado a cabo por la consultora Berylls Strategy Advisors. Después de ocho años, su capacidad de almacenamiento cae hasta cerca del 80 por ciento de la original, y la velocidad de carga se deteriora, lo que hace que el mercado de autos usados sea poco atractivo y crea la necesidad de construir autos nuevos en vez de usar los carros existentes por más tiempo.

La gráfica muestra el aumento en la demanda de minerales (litio, cobalto, níquel, cobre y tierras raras) debido a los vehículos eléctricos y a otras tecnologías que emplean energías limpias. (Agencia Internacional de la Energía)

También hay dificultades de extracción de materiales de tierras raras incorporados a imanes que son una parte esencial de los motores EV de mayor rendimiento. “Si lo que quieres es optimizar vehículos más pesados que puedan viajar muy rápido, necesitas estos minerales de tierras raras”, dice Kevin Heaslip, profesor de ingeniería civil y ambiental en Virginia Tech.

Asimismo, muchos de estos materiales y otros productos empleados en la construcción de vehículos eléctricos tienen impactos ambientales adicionales que van más allá de las emisiones de carbono.

“Si observas únicamente la huella de carbono, puede parecer ventajoso”, dice el doctor Kwame Awuah-Offei, director del programa de ingeniería minera de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Missouri. “Pero creo que el principal problema es que muchos de los materiales que necesitamos no se extraerían en países desarrollados donde las regulaciones ambientales son estrictas, sino en áreas que no lo son”.

Los subproductos del proceso minero pueden generar escorrentías que introducen metales pesados peligrosos a los suministros de agua potable en los países más pobres, donde suelen encontrarse los minerales y metales necesarios. Esto significa que los países desarrollados podrían estar exportando serios problemas ambientales al enfocarse solamente en la reducción de carbono.

Es a largo plazo que los vehículos eléctricos pueden demostrar su ventaja ambiental. “El uso típico de un vehículo eléctrico puede compensar esta ‘deuda de emisiones’”, dice Bellos. Cuanto más bajas sean las emisiones operativas de un vehículo eléctrico, mayor será la posibilidad de que con el tiempo compense con creces las emisiones de fabricación más altas. La cantidad de tiempo necesario depende de los patrones de conducción, de la red eléctrica y de la tecnología futura de las baterías.

La gráfica muestra la cotización de las acciones de automóviles eléctricos por región (China en rojo, Europa en verde, Estados Unidos en azul y el resto del mundo en amarillo), que incluyen los automóviles híbridos. (Agencia Internacional de la Energía)

También depende de la fuente de energía eléctrica.

Un problema es que las fuentes de electricidad que los vehículos eléctricos cargan con mayor frecuencia son los combustibles fósiles. “Si logramos usar energías renovables como fuente de energía, eso podría cambiar las reglas del juego”, dice Heaslip. Pero eso no es tan fácil. Algunas fuentes, como el viento, están a una distancia de donde los automóviles normalmente cargan sus baterías, y cuanto mayor es la distancia, mayor es la pérdida de energía debido a la resistencia ineludible en las redes eléctricas. “Hay áreas que podrían usarse para la extracción de energía, pero están lo suficientemente lejos como para que las pérdidas de transmisión sean significativas”.

La generación local de energía podría ayudar, pero en muchos entornos urbanos podría resultar impráctica. Y cargar baterías es una tarea que absorbe mucha energía; algunos de los cargadores ultrarrápidos usan tanta energía para cargar un EV que utilizan lo equivalente a las necesidades eléctricas de una “una calle entera durante un todo un día”, dice Heaslip. Además, la velocidad de recarga de un vehículo eléctrico no puede acercarse a los breves minutos que se necesitan para llenar el tanque de un automóvil convencional con gasolina o diésel.

Esto podría cambiar con el tiempo. “Desde mi perspectiva, veo que los vehículos eléctricos aún están bastante incipientes en su madurez tecnológica”, dice Heaslip. “Eso puede parecer contrario a la intuición para la mayoría de los espectadores de los medios de comunicación, pero todavía hay muchas optimizaciones de materiales, muchas optimizaciones de energía renovable que podrían usarse”.

Mientras tanto, aunque es necesario realizar la transición a los vehículos eléctricos, las empresas, los inversores y el público deben recordar que hay mucho trabajo por hacer y que no existe una solución mágica inmediata para un problema grande y complejo.

Traducción de Yerem Mújica; editado por Yerem Mújica y Melanie Slone

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