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Narcotráfico y seguridad: México y Estados Unidos acuerdan trabajar en nuevo plan de cooperación 

El Entendimiento Bicentenario, como denominaron el nuevo acuerdo, sustituirá a la Iniciativa Mérida, activa desde 2008.

Los temas de seguridad, narcotráfico y crimen organizado unen a Estados Unidos y México mediante estrategias y políticas complejas, donde la soberanía y la delincuencia juegan un papel primordial.

Después de 13 años de cooperación bajo la Iniciativa Mérida, los dos gobiernos acordaron el 8 de octubre trazar un nuevo plan conjunto en estos temas, llamado el Entendimiento Bicentenario.

Esto se da después de 15 años de violencia creciente en México y de acusaciones de que armas procedentes de Estados Unidos son infiltradas entre grupos delictivos en el país.

Plan Mérida llega a su fin

Gestionada en 2007, entre los expresidentes George W. Bush, por parte de Estados Unidos, y Felipe Calderón, por parte de México, la llamada Iniciativa Mérida, un tratado bilateral de seguridad, originalmente estaba diseñada para durar tres años. Sin embargo, se ha extendido hasta la actualidad y ha recibido más de 3 mil millones de dólares en financiamiento por parte de Estados Unidos.

A pesar de haberse mantenido en el tiempo, la Iniciativa Mérida tuvo muchos críticos a lo largo de los años. Al tomar en cuenta las estadísticas, con un creciente índice de violencia, sus detractores toman distancia al momento de valorarla como un éxito.

“La Iniciativa Mérida fue un acuerdo bilateral de manera formal. Sin embargo, materialmente, fue una iniciativa unilateral de los Estados Unidos, de plantear las prioridades de seguridad de aquel país en la agenda mexicana”, dijo a Zenger Fabián R. Gómez, maestro en seguridad pública y especialista en seguridad nacional mexicano.

“Los objetivos eran el combate frontal a la delincuencia organizada y a cualquier amenaza transnacional que pusiera en riesgo la seguridad nacional de los Estados Unidos, y el combate al tráfico de drogas y narcóticos”, dijo.

“La Iniciativa Mérida se considera un fracaso porque no redujo la violencia ni la actividad delictiva en México. Por el contrario, incrementó el número de homicidios y de grupos delictivos organizados, solo que en una menor escala”, dijo Gómez.

Si bien Estados Unidos cumplió con su meta de neutralizar a los principales capos del narcotráfico, México sufrió una escalada de violencia que se sostiene hasta la actualidad.

Según datos del Banco Mundial, en 2007, México había alcanzado el número más bajo de homicidios intencionales por cada 100 mil habitantes desde 1990: 8 mil 122. Después de la implementación de la Iniciativa Mérida y el combate frontal contra el narcotráfico, el aumento fue exponencial. Al final del gobierno de Felipe Calderón, en 2012, y su llamada ‘guerra contra las drogas’, se registraron 22 mil 142 homicidios por cada 100 mil habitantes. En 2018, cuando terminó el gobierno de Enrique Peña Nieto, se registraron 29 mil 071.

En paralelo, se ha medido un aumento en el tráfico de armas desde Estados Unidos hacia México, el cual contribuyó en el crecimiento de la violencia generada por el crimen organizado y el narcotráfico. En 2009, la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos diseñó y ejecutó una operación denominada Rápido y Furioso. Esta permitió que traficantes compraran armas en Estados Unidos y las introdujeran en México, con el objetivo de rastrearlas hasta que llegaran a los cárteles de la droga.

Cuando una de estas armas se utilizó para asesinar a un agente fronterizo estadounidense en 2010, el agente federal John Dodson denunció públicamente la operación, lo que desató un escándalo que alcanzó a la administración de Barack Obama. En 2020, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador solicitó información a Estados Unidos sobre esta operación, la cual consideró una violación de su soberanía.

En la reunión bilateral celebrada el 8 de octubre, a la que asistieron altos funcionarios del gobierno estadounidense, como los secretarios de Estado, Antony Blinken, de Justicia, Merrick Garland, y de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, ambas partes reconocieron la necesidad de que el nuevo pacto reconozca los intereses y objetivos de los dos países.

“Mediante el Diálogo de Seguridad de Alto Nivel, abrimos el potencial completo de nuestra colaboración. Como se demostró hoy, tanto Estados Unidos como México estamos comprometidos a cooperar para proteger mejor a nuestros ciudadanos, prevenir el crimen transfronterizo y perseguir redes criminales”, dijo Blinken en Twitter.

“El Entendimiento Bicentenario, de entrada, rompe un paradigma porque ya no es una declaración unilateral de los Estados Unidos disfrazada de un acuerdo bilateral. En la mesa, el gobierno mexicano ya ha planteado también sus intereses y es una agenda en común”, dijo Gómez.

En el memorándum de la reunión, se plantea un cambio de enfoque en la lucha contra el narcotráfico, no solo destinada a capturar a los jefes de los cárteles. En este marco integral, como lo definió el secretario de Estado Blinken, la meta estará en fomentar el desarrollo de las comunidades, la creación de oportunidades para los jóvenes y la lucha contra el consumo.

Además de la prevención del consumo de drogas en primera instancia, el nuevo acuerdo plantearía revisar las políticas contra los usuarios de sustancias. Según el memorándum del encuentro, la actual política, basada en el prohibicionismo y la criminalización del usuario, ha demostrado no ser efectiva.

“La visión del gobierno mexicano ya no es ir por los grandes capos, sino ir por su base social. Quitarles a los grandes capos esa base social de ciudadanos que de alguna u otra forma están inmersos en la delincuencia, ya sea porque no tienen oportunidades o porque están en las zonas de conflicto y se ven obligados a encubrir a los grupos delictivos”, dijo Gómez.

A pesar de esto, las opiniones sobre el Entendimiento Bicentenario no son unánimes a favor.

“Esta es la misma Iniciativa Mérida con otro nombre”, dijo a Zenger Miguel Orozco, militante del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Este partido tradicional mexicano ha gobernado la mayor cantidad de tiempo desde 1930, y ha sido opositor a los gobiernos de Felipe Calderón (PAN) y Andrés Manuel López Obrador (Morena).

“López Obrador comete el mismo error por el cual criticó tanto a Calderón. Como con Calderón, esto significará más violencia para México”, dijo Orozco.

Solo en papel

A grandes rasgos estos cambios parecen ser pasos en la dirección correcta. Sin embargo, expertos internacionales dudan de la verdadera voluntad de ambos gobiernos en pos de poner en práctica este acuerdo. Agustín Barrios Gómez, miembro fundador del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, considera que los gobiernos del presidente de Estados Unidos, Joseph R. Biden, y el mexicano, López Obrador, están guardando las apariencias de estar trabajando en un nuevo acuerdo.

“La estabilidad y la seguridad nacional de Estados Unidos dependen directamente de un México cooperativo y estable. … Sin embargo, la administración de Joe Biden no quiere generar más rispidez, ya que un gobierno mexicano no colaborativo con los Estados Unidos sería un gran problema para Washington”, dijo Barrios Gómez a Zenger News.

“Lo que la administración Biden quiere hacer es un control de daños. … Donde verdaderamente se la rifa el gobierno de los Estados Unidos será en las elecciones de medio término, donde se enfrentarán a un partido republicano con una crisis de identidad, y en las elecciones presidenciales de México una vez que termine el sexenio de López Obrador”, dijo.

En ese sentido, esto aparenta ser una medida paliativa. “El anuncio no significa nada. No tiene presupuesto asignado, no establece las rutas de cooperación más allá de los más altos mandos, que ya existían. … La realidad es que no es cierto, porque no hay ningún mecanismo para implementarlo. Pero por lo menos hay una especie de etiqueta a la cual se pueden apuntar para mostrar que están trabajando en un acuerdo de cooperación”, dijo.

Gómez también cree que es muy pronto para sacar conclusiones del anuncio. “Es muy prematuro hablar del Entendimiento Bicentenario. Estamos viendo apenas los primeros planteamientos de ambos países, pero tenemos que esperar mucho camino por recorrer porque esto va a ser un tema diplomático de primer nivel como nunca antes lo habíamos visto. Por primera vez en la historia se está tomando a México como un país maduro que va a poner sus cartas sobre la mesa y no simplemente acatar las órdenes de los Estados Unidos”, dijo.

“La delincuencia es un fenómeno multidimensional. En tanto no entendamos que hay distintos frentes, como la prevención, el tratamiento de las adicciones, la inclusión social y la generación de mecanismos alternativos para las personas que se dedican a la delincuencia, el combate frontal es inútil”, dijo.

Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos