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Médico forense en México ‘revive’ cadáveres abandonados en fosas comunes y en el desierto 

El proceso permite recuperar cuerpos en estado avanzado de descomposición y ha ayudado a dar con varios criminales.

Los feminicidios, la muerte violenta de mujeres por razones de género, son comunes en el norte de México desde hace varias décadas.

De acuerdo con la Fiscalía General del Estado de Chihuahua, durante los primeros seis meses de 2021, se cometieron 150 homicidios de mujeres en el estado. Noventa de ellos ocurrieron en Ciudad Juárez, ciudad fronteriza con El Paso, Texas. Catorce de estos casos fueron catalogados como feminicidios.

Para las autoridades de la región, dar con los criminales suele ser tarea complicada. “Muchos feminicidas victiman a la mujer y luego la inhuman [entierran] con la intención de retrasar el acceso de la autoridad a la escena del crimen, para entorpecerlo y evadir las acciones de las autoridades”, dijo a Zenger Rodrigo Caballero, agente del ministerio público de Ciudad Juárez.

Caballero atribuye el problema a la cultura de machismo que domina en la zona. “Hay personas que piensan que pueden matar a las mujeres y quedar impunes”, dijo.

Los criminales suelen dejar los cuerpos de las víctimas en lugares desérticos o en fosas comunes, donde las altas temperaturas de la región, más la fauna del lugar, avanzan el proceso de descomposición.

Cuando las autoridades los descubren, los cuerpos se encuentran en condiciones deplorables. Algunos son hallados incompletos o devorados y otros, momificados, con características físicas difíciles de correlacionar con los reportes de sus familiares.

Esta situación llevó al perito Alejandro Cárdenas, médico forense, a desarrollar la técnica de rehidratación de cuerpos y reversión de putrefacción, que consiste en sumergir una parte del cuerpo, o el cuerpo en su totalidad, en una solución preparada. Al cabo de unos días, el cuerpo recupera una apariencia muy similar a la que tenía al momento de morir.

“El resultado es impresionante. Un cuerpo momificado recupera [de manera visible] todas sus facciones, lunares, tatuajes, imperfecciones de la piel, manchas de nacimiento, cicatrices recientes o antiguas, así como características faciales”, dijo Cárdenas a Zenger.

El doctor Alejandro Cárdenas es perito forense pionero en la técnica de rehidratación de cuerpos y reversión de putrefacción. (Cortesía de Alejandro Cárdenas) 

Con la técnica de rehidratación, ha sido posible lograr impresiones dactilares de los cadáveres, lo que ha ayudado a cotejar sus huellas digitales con las de los registros en la base de datos. Además, este proceso ha visibilizado lesiones traumáticas o patológicas y ha permitido determinar si la víctima falleció por un infarto, cirrosis hepática, cáncer u otra causa.

“Definitivamente, no se puede hacer nada si el cuerpo se quema, está carbonizado, o disuelto en ácido; ya cuando los encuentran completamente ‘esqueletizados’ [por la fauna], no se puede hacer nada. Es muy frecuente que un cuerpo ‘esqueletizado’ conserve piel en sus manos, cara, o si el cuerpo quedó [apoyado] sobre la espalda, esa piel queda intacta porque los animales carroñeros no la devoran. En un pedazo de piel podemos encontrar un tatuaje que la familia nos puede manifestar. Hay muchas cosas que nos pueden aportar, aunque los cuerpos estén en malas condiciones”, dijo.

Desde que comenzó a aplicar esta técnica en sus primeros experimentos, en septiembre de 2004, Cárdenas ha tenido éxito en más de mil 870 casos.

Debido a la condición de población flotante que hay en la ciudad fronteriza, no todos los cuerpos que Cárdenas ha recuperado han sido reclamados por familiares. Algunos corresponden a migrantes que murieron en el Río Bravo, en su intento por llegar a Estados Unidos.

“Hemos tenido cuerpos de varios estados, de otros países, como cubanos, guatemaltecos, hondureños, colombianos, inclusive de África. A través del trabajo del doctor, se han podido sustraer sus huellas dactilares y cotejar con las bases de datos que proporcionan las cancillerías o consulados”, dijo César Augusto Ríos, agente del ministerio público de Ciudad Juárez.

El trabajo de Cárdenas ha llamado la atención en otras fiscalías del país. El doctor ha colaborado en investigaciones fuera de su estado, como el caso mediático de los dos ciclistas europeos Holger Hagenbusch y Krzysztof Chmielewski, que fueron encontrados sin vida en un basurero en el estado de Chiapas (al sur del país), en abril de 2018. Tras la rehidratación de los cuerpos, se determinó que uno de ellos falleció por un traumatismo craneoencefálico causado por un objeto contundente, y el otro por un impacto de bala, contrario a la versión inicial manejada, que hablaba de un accidente automovilístico.

La técnica también ha despertado el interés de varios países que quieren aplicarlo en sus departamentos forenses. Incluso funerarias se han interesado en la técnica. Sin embargo, Cárdenas desea que su aplicación primordial sea originalmente para lo que fue creado, en la medicina forense de su país, aunque no descarta otro uso en el futuro.

“Espero [que] las diferentes fiscalías de los 31 estados de México que no lo aplican en la actualidad se interesen. Que la Fiscalía General de la República tome interés y la responsabilidad de apoyar a las víctimas y a los familiares, usando esta técnica. Espero muy pronto [que] las funerarias estén en capacidad de apoyar también en eso”, dijo.

Esta técnica ha ayudado al equipo del ministerio público de Ciudad Juárez a esclarecer varios casos que habían quedado en el limbo jurídico. También ha ayudado a muchas familias a acabar con el pesar de no encontrar a sus desaparecidos, y a concluir con sus búsquedas, para comenzar con los rituales funerarios.

“En este tipo de asuntos hay agradecimiento. La técnica de rehidratación les ayuda a superar ese duelo. No es lo mismo que veas un cuerpo acartonado, con la piel [oscurecida], sin que sean valorables sus facciones, a que [lo veas] una vez rehidratado; cambia la percepción. En ese sentido, regularmente la reacción que tienen ellos es de agradecimiento”, dijo Caballero.

“Es una cuestión más humanitaria que jurídica”, dijo Ríos.

La imagen de la izquierda muestra la mano de un cadáver al momento de su hallazgo. Presenta estado de momificación. En la imagen de la derecha, la extremidad recupera su apariencia original, con el proceso de rehidratación. (Cortesía de Alejandro Cárdenas) 

El día que la ciencia forense tomó un giro

El 21 de marzo de 2005, los agentes del ministerio público de Ciudad Juárez recibieron una llamada. Se había reportado el hallazgo de lo que al parecer eran restos humanos óseos en un terreno de la zona desértica de San Agustín, un poblado ubicado a unos 35 kilómetros de la ciudad.

Al llegar al lugar, uno de los miembros del equipo, conformado por policías de investigación, peritos, una antropóloga, una entomóloga y un médico legista, encontró los primeros huesos. Posteriormente, ubicó un cráneo arriba de uno de los arbustos. La fauna carroñera de la zona se había encargado de alterar la escena del crimen y de devorar parte de los restos.

Tras recuperar, revisar y analizar la mayoría de los restos en el laboratorio, se determinó que pertenecían a una mujer. El siguiente reto era establecer la causa de muerte, lo cual parecía imposible. Ni el cráneo ni los huesos presentaban fracturas que hicieran presumible una agresión. Al no haber causa de muerte, no se podía comenzar una investigación policial y, en caso de haber existido un homicidio, este podría quedar impune.

En el perímetro del hallazgo se localizó lo que parecía ser un viejo pedazo de cartón corrugado. También se trasladó al laboratorio, donde se sometió a un proceso de rehidratación, una técnica nunca antes aplicada y propuesta de manera experimental por uno de los peritos.

Gracias a esta técnica, se han podido obtener huellas digitales de los cuerpos y cotejarlos con los registros policiales. (Cortesía de Alejandro Cárdenas) 

Al cabo de unos días, la investigación tomó un giro inesperado. Lo que parecía cartón corrugado era en realidad la piel de la víctima, la cual, durante el proceso de descomposición del cuerpo y la rapiña de los animales, se desprendió y quedó casi intacta. Gracias al proceso de rehidratación, se recuperó una apariencia de la piel como si la víctima recién hubiera fallecido. Los poros, cicatrices, marcas de nacimiento y lunares se hicieron visibles, al igual que otras huellas que permitieron determinar la causa de la muerte.

“Era como si le hubieran extraído la piel como un camisón”, dijo Cárdenas. “La piel nos dio mucha información sobre la manera tan salvaje que le quitaron la vida. Había marcas de equimosis [moretones], golpes, mordidas y lesiones con arma blanca. Además, se pudo demostrar que la mutilaron, porque había cortes perfectos lineales a la altura de los hombros y cuello para decapitarla. Eso pudo demostrar que la habían desmembrado”, dijo.

Gracias a esta técnica se pudo cambiar la causa de muerte de “indeterminada” a “homicidio doloso” y los familiares pudieron reclamar los restos. Posteriormente, se emprendió una investigación que más tarde dio con la captura del agresor, quien actualmente cumple una sentencia en prisión.

Cárdenas ha rehidratado cadáveres de hasta 10 años de antigüedad, lo que le ha hecho pensar, ¿qué pasaría si su técnica se aplicara en alguna momia de la cultura egipcia, de miles de años de antigüedad?

“Considero que sí es posible [rehidratarlo]. Nunca he tenido la oportunidad de trabajar un cuerpo así. Si me sueltan uno de esos cuerpos, yo feliz de la vida de procesarlo”, dijo.

Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos