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VÍDEO: Gatos y ratas llevan a la extinción a uno de los reptiles más raros del planeta

Solo quedan 211 iguanas terrestres rosadas en las islas Galápagos; el resto ha muerto en las garras de ratas y gatos introducidos a la isla por el hombre. 

Los roedores y gatos salvajes que los comerciantes y piratas europeos introdujeron a las Islas Galápagos en el siglo XVII han llevado a una rara iguana al borde de la extinción, dicen los científicos.

La remota isla Isabela, la más grande del archipiélago de Galápagos, es hogar de tan solo 211 iguanas terrestres rosadas, según investigadores que monitorean la población. La isla volcánica es el único lugar del mundo donde vive la especie.

Un informe publicado en el boletín de la organización Galapagos Conservancy describe la situación como alarmante porque los científicos no han visto ningún ejemplar joven desde 2014. “Los resultados preliminares del primer censo completo de la iguana terrestre rosada revelan que la especie se encuentra en necesidad urgente de acciones de conservación”, escribieron los autores del informe.

Muchas de las crías jóvenes son devoradas por ratas o gatos salvajes, que también comen los huevos de este reptil. La iguana rosada ahora figura como especie en peligro crítico en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Esto significa que la organización cree que es muy probable que esta especie se extinga en un futuro cercano, a menos que se tomen medidas drásticas.

La iguana terrestre rosada está en peligro de extinción inminente, lo que significa que podría desaparecer del planeta a corto plazo, a menos que se emprendan acciones extraordinarias para su conservación. Su apariencia rosada se debe a su piel albina, que permite que se vea la sangre a través de ella. (Joshua Vela Galapagos Conservancy/Zenger)

“Salvar a la iguana terrestre rosada se ha convertido en una prioridad de conservación urgente”, dijo Danny Rueda, director del Parque Nacional Galápagos. “Dada la presencia de depredadores introducidos [en la isla] y la falta de ejemplares jóvenes, así como el rango geográfico limitado de la especie, la iguana terrestre rosada está en riesgo de extinción inminente”.

Esta especie se separó de otras similares hace unos 5.7 millones de años, según el Galapagos Conservation Trust. Su piel no es rosada. Su color es más bien el resultado de una piel albina que permite ver su sangre roja desde el exterior. La dieta de este reptil consiste principalmente en hojas y frutos de tuna, dice la organización.

Los gatos y los roedores son especies invasivas en la isla Isabela. Comen huevos y crías de iguana. Los comerciantes y piratas europeos introdujeron los depredadores a la isla hace 400 años. (Joshua Vela Galapagos Conservancy/Zenger)

Galápagos Conservancy y la Dirección del Parque Nacional Galápagos enviaron a 30 científicos a la isla Isabela para un recuento de iguanas terrestres rosadas en las faldas del volcán Wolf. El equipo de investigación marcó y contó a los animales durante 10 días, para obtener un registro preciso.

Antes de que los europeos introdujeran gatos y roedores a la isla, el único depredador natural de la iguana terrestre rosada era el halcón de Galápagos. Junto con muchas otras especies endémicas de la isla, la iguana terrestre rosada evolucionó en un hábitat donde otros animales solían dejar sus nidos subterráneos solos.

Los científicos realizaron un conteo de iguanas durante 10 días y no pudieron detectar ningún ejemplar joven entre la población, lo que sugiere que la especie está por desaparecer. (Joshua Vela Galapagos Conservancy/Zenger)

Hoy, el halcón de Galápagos también está amenazado, pero por erupciones volcánicas.

La Dirección del Parque Nacional Galápagos desarrolla un plan de conservación para la especie, pero no está claro si este se implementará lo suficientemente rápido como para salvar a la iguana terrestre rosada. La dirección dice que llevará a cabo talleres científicos en un futuro cercano para escuchar los consejos de biólogos y otros científicos.

Traducción de Gabriela Alejandra Olmos; editado por Gabriela Alejandra Olmos y Melanie Slone