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VÍDEO: Las miradas de los robots humanoides pueden desencadenar emociones humanas

Un robot humanoide puede “congelar el cerebro” a las personas que miran el rostro del autómata en búsqueda de pautas sociales, dice un estudio.

Aquellos que se hayan imaginado un día donde Robotina, la mucama robot de “Los Supersónicos” les ofrezca una mirada amorosa mientras les sirve café, deben estar preparados para responderle la mirada.

En un estudio publicado por la revista de investigación Science Robotics, conducido por el Istituto Italiano di Tecnología (IIT), los autores observaron que, cuando robots humanoides y los seres humanos se observan mutuamente, la actividad neuronal de las personas se ve afectada.

“Los robots estarán cada vez más presentes en nuestra vida cotidiana,” dijo la investigadora líder Agnieszka Wykowska. “Es por eso que es importante entender no solo los aspectos tecnológicos del diseño de robots, sino también el lado humano de las interacciones humano–robot. Específicamente, es importante entender cómo el cerebro humano procesa las señas de comportamiento dadas por los robots.”

Los investigadores dijeron que ellos creen que sus descubrimientos puedan ayudarlos en el diseño de robots que se comporten en la manera más apropiada para el contexto en que serán usados. Robots que muestran comportamientos sociales similares a los humanos, sugieren, pueden ayudar en el cuidado de niños y ancianos, como es el caso del robot iCub, el cual es usado como terapia experimental en el tratamiento del autismo.

Aun así, un robot con habilidades sociales puede ser una distracción en otros entornos, como el de trabajar junto con humanos en la línea de montaje, o en la torre de control de tráfico aéreo, sugirieron los hallazgos del estudio.

A su vez, la mirada de un robot es percibido por los humanos como una señal social, según los autores del estudio, y por tanto tiene implicaciones para cuando los robots funjan de compañeros de trabajo, asistentes domésticos o en apoyo clínico para los humanos.

Sintonización social entre humanos y robots. (Istituto Italiano di Tecnologia)

El estudio de la IIT busca saber bajo qué circunstancias la gente puede ver a los robots humanoides como seres intencionales, o si los estados mentales de la gente, tales como los deseos y creencias, pueden explicar e interpretar el comportamiento de los robots. El estudio es parte del proyecto llamado “InStance,” el cual es financiado por el Consejo Europeo de Investigación.

El cerebro humano reacciona de sobremanera cuando está consciente de que otra persona está mirando o cuando alguien está viendo fijamente en un acontecimiento o lugar determinados.

Los investigadores hicieron a 40 participantes jugar el juego de la gallina con un robot iCub, con el objetivo de medir el comportamiento y actividad neural de los participantes. El juego consiste en una situación en la cual dos conductores de coches simulados se mueven uno contra el otro en camino a una colisión, y el resultado depende de si los jugadores frenan para evitar el choque o si siguen adelante.

Humano y robot juegan con estrategia. (Istituto Italiano di Tecnologia)

Los participantes reaccionaban más lento si el iCub mantenía la mirada fija en ellos durante el momento decisivo del juego, en relación con los momentos en que desviaba la mirada. Esto sugiere que una mirada mutua conlleva un esfuerzo cognitivo mayor.

“Piensen en jugar al póker con un robot. Si el robot los mira durante los momentos en que deben tomar una decisión sobre su siguiente movimiento, les será más difícil tomar la decisión, al menos en comparación con cuando el robot desvía la mirada. Sus cerebros también necesitarán dar costos esfuerzos para tratar de ‘ignorar’ la mirada del robot,” dijo Wykowska.

Es posible que la mirada del robot “secuestra” los mecanismos “sociocognitivos” del cerebro humano, para hacer que este responda como si el robot fuese un agente social. Por lo tanto, socializar con robots puede no ser beneficiosos para los seres humanos, ya que interfiere con su desempeño y toma de decisiones, inclusive si los humanos disfrutan de los intercambios a nivel superficial.

Traducción de Mario Alberto Vázquez; editado por Mario Alberto Vázquez y Melanie Slone