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Ruta de las Charqueadas rescata el periodo de esclavitud en Brasil

El lugar es un recuerdo de que los portugueses enviaron miles de esclavos africanos a Brasil para servir a la clase noble hasta la muerte.

PELOTAS, Brasil — La Ruta de las Charqueadas, en la ciudad de Pelotas, en el Sur de Brasil, muestra a los turistas sus construcciones antiguas e historias polémicas. La principal base económica de la ciudad es la producción de arroz y ganado, pero a fines del siglo XVIII, el lugar se destacó por la elaboración del charqui, una carne salada y secada al sol para mantenerla apta para el consumo durante más tiempo. Era enviada a casi todo Brasil a cambio de un producto muy preciado, el azúcar.

 Charqueada São João, construida en 1810. (Luciano Nagel/ Zenger News)

Las charqueadas eran grandes fincas comerciales ubicadas a orillas del Arroyo Pelotas, compuestas por mansiones de estilo colonial. La producción del alimento requería un trabajo arduo y repetitivo, realizado por esclavos africanos de Angola y Mozambique, enviados por los portugueses para servir a la clase noble. Los africanos solían trabajar de forma ininterrumpida durante 16 horas al día, y la expectativa de vida era de 30 años.

”Desde la producción de caucho, azúcar, café, minería, es decir, toda la economía de Brasil en aquella época dependía de la mano de obra de los esclavos. El charqui, en aquellos tiempos, era considerado el petróleo, o sea, era el combustible que movía la economía de Brasil”, dijo Marcelo Mazza, de 56 años, propietario de la Charqueada São João, construida en 1810.

Marcelo Mazza cuenta la historia del lugar. (Luciano Nagel/ Zenger News)

El proceso del charqui

Los ganaderos sacrificaban al buey con lanzas en la cabeza y las patas hasta debilitarlo. Después, izaban al animal y lo colocaban cabeza abajo y los esclavos le degollaban. Del ganado se aprovechaba el cuero, mientras la carne se cortaba en mantas y era colocada en salmuera durante 24 horas. Después del baño de sal, era colgada en tendederos para secarse al sol durante una semana.

“El propósito de este proceso era deshidratar la carne, conservándola por mucho más tiempo, ya que en aquella época no había refrigeración. El charqui podía durar hasta un año y, cuando estaba lista, era transportaba por embarcaciones hasta el puerto de Río Grande y de allí se seguía en barco a otras regiones costeras de Brasil”, dijo Mazza.

En la Charqueada São João se conservan las herramientas que los esclavos utilizaban. Incluyen la pala de sal, los cuchillos de matar y los ganchos que suspendían las mantas de carne. También se ven esposas, collares de hierro, grilletes y una bola de hierro de 10 kg que era colocada en el tobillo del esclavo.

Objetos utilizados en el maltrato de los esclavos. (Luciano Nagel/ Zenger News) 

En el terreno todavía se conserva la fachada original de una “senzala”, lugar donde los esclavos dormían hacinados, sobre el piso duro, con una pequeña ventana enrejada. También se conserva una réplica del “pelourinho”, conocido como “tronco del látigo”. Se usaba para castigar a los esclavos. A los que intentaban huir se les marcaba en la cara una letra “F”, de “fugitivo”, con un fierro caliente.

Fachada original de una “senzala”, Charqueada São João. (Luciano Nagel/ Zenger News) 

Las charqueadas tenían una pequeña campana al lado de la puerta de entrada, para señalar el inicio y el final de la jornada laboral de los esclavos y alertarlos de la llegada de la lluvia, para que protegieran el charqui con cuero. São João mantiene sus características de construcción originales, y desde hace dos décadas funciona como un museo.

Hecho en “nas coxas’’ 

Los brasileños conocen bien la expresión “hecho en nas coxas”, algo mal hecho, de forma precaria o sin esfuerzo. El término viene de los tiempos de la esclavitud en Brasil, dice Fábio Ludtke, de 32 años, el funcionario de la Charqueada Santa Rita construida en 1826, que hoy es la única que funciona como posada.

“Los esclavos trabajaban en las charqueadas de noviembre a abril, cuando hay más sol en la región, y el resto de los meses se quedaban en la alfarería haciendo ladrillos y tejas de barro en los muslos. El tamaño y el formato variaban de persona a persona, por eso se decía que estaban mal hechas”, dijo.

La profesora Nina Faé Leite, de 50 años, que vive en la ciudad de Caxias do Sul, a 370 km de Pelotas, pasó unos días en la Charqueada Santa Rita.

“Me llamó mucho la atención la esclavitud en aquella época, de cómo se construyó nuestro estado de Río Grande do Sul. Me gusta sentirme cerca de eso, y descubrí que, si bien tenemos todo este encanto, el romanticismo alrededor de las charqueadas, también hubo mucho sufrimiento y tristeza. A esto se le da un nuevo significado y hoy en día es importante que aprendamos de ese sufrimiento, para que no seamos un pueblo que excluye la historia de nuestro estado y país”, dijo.

La turista Nina Faé Leite visitó la Charqueada Santa Rita. (Luciano Nagel/ Zenger News)

Entre la colección histórica, hay una antigua embarcación hecha del árbol del corcho, un árbol nativo, cubierto con el cuero del buey que era sacrificado. “Era en este pequeño barco, llamado de ‘pelota’ y tirado a nado por una cuerda entre los dientes, que el esclavo atravesaba el arroyo cargando el charqui, y también sus patrones. De ahí el origen del nombre, la ciudad de Pelotas, que viene de la lengua española”, dijo Ludtke.

El coreógrafo y director artístico Daniel Amaro, de 48 años, dijo que las charqueadas de Pelotas dejaron un gran legado para el pueblo brasileño, como la samba, el carnaval, la danza africana y las religiones de base africana, como el batuque.

“Aquellos negros que venían aquí trabajaban con sal, tenían un trabajo duro y pasaban mucho frío. Pero vale recordar que, ante todo esto, aún había un momento en el que los negros se refugiaban para venerar su cultura, ya sea bajo una higuera, frente a la senzala, con mucha danza, tambores y juegos de capoeira. A partir de ahí, comienza a existir una nueva formación cultural, la cultura afrobrasileña ”, dijo.

Daniel Amaro es coreógrafo y director artístico en Pelotas. (Cortesía: Daniel Amaro)

En la Charqueada Costa do Bolengo hay paseos a caballo y pesca. El caserón de paredes blancas y ventanas verdes está bastante abandonado; el propietario Diego Noble Marshall, de 47 años, dijo que se transformaría en una posada dentro de unos meses.

También cerca se encuentra la Charqueada Boa Vista, construida en 1811. Hoy, el lugar se usa para eventos como bodas, graduaciones y bautizos, dentro de las exigencias de las agencias de salud para evitar la propagación del coronavirus. Aquí, se puede tomar un café colonial, hacer un picnic o almorzar con la familia, con cita previa.

La propiedad pertenece actualmente al argentino Alejandro Donaldo Eduardo Marshall, de 60 años, quien estableció allí su residencia en 1989, cuando inició el proceso de restauración del local. En la reforma se conservaron las características originales de la casa, insertada en un terreno de 10 hectáreas.

“Siento un poco la negación de los políticos locales con respecto a la mantención de las carreteras aquí en la Ruta de las Charqueadas”, dijo Marshall. “Aquí en Pelotas se celebra la Feria del Dulce, Fenadoce, ya que la ciudad es la capital nacional del dulce, pero no existe una feria relacionada con el charqui… Porque hay una negación de la sociedad pelotense, especialmente de las autoridades políticas, al no querer saber lo que ocurrió en el pasado”.

Charqueada Boa Vista, construida en 1811. (Luciano Nagel/ Zenger News)

La Charqueada do Cascalho, de unas 10 hectáreas, es un caserón de estilo colonial, construido en 1876. Perteneció al Coronel Pedro Osório, quien falleció a los 77 años en 1931. El militar fue arriero, charqueador y político en la época. Según su tataranieta, Marina Rheingantz Gomes, de 56 años, Osório fue considerado el “Rey del Arroz” por encerrar el ciclo del charqui en la región y abrir el período del arroz en el Sur de Brasil. Inició su primera plantación de arroz en 1907.

Ella abrió la casa exclusivamente para Zenger. “Como todas las charqueadas, esta casa también queda enfrente del Arroyo de Pelotas, que antiguamente era la única vía de acceso para transportar el charqui”, dijo. Está considerando abrir la casa para recibir turistas y rescatar la historia del charqui en el Sur de Brasil.

Marina Gomes en la Charqueada do Cascalho.  (Luciano Nagel/ Zenger News)

• El ciclo del charqui en Río Grande do Sul duró de 1780 a 1930.

• El portugués José Pinto Martins construyó la primera charqueada en 1780, a orillas del Arroyo de Pelotas.

• En 2000, la Charqueada São João abrió sus puertas al turismo.

• La Charqueada Santa Rita existe desde 1826, y actualmente es la única instalación que hospeda turistas.

• Entre los siglos XVIII y XIX, hubo más de 40 charqueadas a orillas del Arroyo de Pelotas.

• En Pelotas hubo cerca de mil 200 esclavos.

• Los esclavos desobedientes del Norte de Brasil eran enviados a Pelotas, como castigo, para trabajar en las charqueadas.

• Pelotas es considerada la segunda ciudad más húmeda del mundo, solo superada por Londres.

• Comidas como la “feijoada” y el “mocotó” tuvieron su origen entre los esclavos en la senzalas; hoy son populares en todo Brasil.
Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas