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Estrella olímpica ‘gana oro’ de nuevo al trabajar con niños de zonas empobrecidas de Memphis

Rochelle Stevens dirige un campamento de atletismo y un programa de becas para jóvenes atletas en Memphis, Tennessee.

La semana pasada, la estrella de atletismo, Rochelle Stevens, con su chaqueta olímpica rosa, y con sus medallas de plata y de oro, obtenidas en los Juegos Olímpicos de 1992 y de 1996, respectivamente, estaba lista a las 6 a.m. para una transmisión televisiva en vivo que mostraba a ella viendo la ceremonia de apertura de los Juegos 2020, en Tokio.

Stevens no solo estaba lista, sino también concentrada, como cuando el equipo de Estados Unidos entró al estadio de Atlanta para los Juegos Olímpicos de verano de 1996. Los historiadores dicen que el relevo femenino 4×400 fue uno de los mejores momentos de las competencias de atletismo en 1996.

“Representar al equipo de Estados Unidos fue el momento de mayor orgullo en mi vida”, dijo Stevens. El equipo ganó el oro en el relevo, en el que Nigeria era la nación favorita para ganar.

Rochelle Stevens (derecha) termina en un segundo cercano tras Olga Bryzgina del Equipo Unificado, representado por la bandera olímpica, en el relevo femenino de 4×400 metros en los Juegos Olímpicos de 1992, en Barcelona, España. (Professional Sport/Popperfoto a través de Getty Images/Getty Images)

Stevens también formó parte del equipo que ganó una medalla de plata en los Juegos Olímpicos de 1992, en Barcelona España, aunque se les consideraba las menos destacadas en un campo de 15 contendientes.

“Tuve que hacer mi mejor esfuerzo porque no había lugar para excusas; no podían ocurrir calambres por la deshidratación, ni salidas en falso. Tuve que esforzarme mucho porque estaba compitiendo con los mejores deportistas del mundo”, dijo Stevens.

Décadas más tarde, Stevens es embajadora del deporte, ya sea al dirigir un campamento de atletismo para niños en Memphis o al dar conferencias en su alma mater, la Universidad Estatal Morgan (Morgan State University), donde tiene muchos de los récords en competencias femeninas en atletismo.

La atleta también dirige una fundación que ayuda a los atletas jóvenes y recauda dinero para becas.

La estrella de atletismo Rochelle Stevens durante los Juegos Olímpicos de 1992, en Barcelona, España. “No Pain, No Fame” (“Sin dolor no hay fama”) es el título de una canción que grabó y lanzó, y el lema que usa como parte de su inspiración para los atletas jóvenes. (Eileen Langsley/Popperfoto a través de Getty Images/Getty Images)

Madre y entrenadora

La madre de Stevens, Beatrice Holloway-Davis, pastora en Memphis, dice que ella fue la mejor entrenadora de su hija.

“Antes que nada, ella empezó en la iglesia. Junto con mis cuatro hijas, le hablé mucho sobre el Señor y sobre la vida en general; traté de prepararlas para la vida, las decepciones y las victorias”, dijo Beatrice Holloway-Davis.

Tommy Washington, un amigo de la infancia y estrella del atletismo universitario, dijo que Stevens siempre se presentaba lista para correr durante su juventud en Memphis.

“Me inspiré al ver la historia de Wilma Rudolph [campeona olímpica con récord mundial]. Empecé a hacer carreras con otros niños, de un poste de luz a otro”, dijo Stevens.

En el bachillerato, Stevens ganó muchos récords, y todavía conserva en la Universidad Estatal Morgan los récords que estableció en 1987, en los 100, 200 y 400 metros. Los funcionarios de la escuela planean bautizar la pista del estadio con su nombre.

Rochelle Stevens, exalumna de la Universidad Estatal Morgan, recibió de la universidad un emblema del Jardín de la Fama de la Escuela Mundial de Periodismo y Comunicación, en 2019. (Hamil Harris/Zenger)

Stevens se graduó de la Universidad Estatal Morgan en 1988, pero no calificó en las pruebas olímpicas de ese año. Eso solo estimuló su motivación.

“Mi lema se convirtió en ‘sin dolor no hay España’, dijo Stevens, refiriéndose a los Juegos de 1992, en Barcelona. “Los atletas que se esfuerzan por ser los mejores saben que los sueños no se hacen realidad a menos que trabajes para cumplirlos”.

“Hay muchos niños en los vecindarios pobres que no cuentan con apoyo”, dijo Washington, amigo de toda la vida. “Rochelle siempre está retribuyendo. Varios de nosotros no teníamos mucho. Yo crecí en North Memphis, en los departamentos de interés social. Pero la gente nos dio mucho y yo corría cuatro veces al día. Rochelle venía de visita y decía, ‘vamos a correr’”, dijo.

“Hoy, los niños creen en lo que ven. En mi época, creíamos lo que escuchábamos…”, dijo Washington, quien se convirtió en una estrella de atletismo en Arkansas State y ahora dirige el club de atletismo Memphis Thoroughbreds.

Rochelle Stevens se disfrazó de superheroína en su campamento de atletismo para niños. Dijo que, durante su momento de auge, había querido llevar la moda a su deporte. (Cortesía de Rochelle Stevens)

Rochelle Stevens comenzó un nuevo campo y pista en junio.

“Más de 30 mil jóvenes en distritos marginados de la ciudad han participado en nuestros encuentros en pistas y en nuestros programas [en general]”, dijo.

“Mi objetivo es poder motivar e inspirar a la próxima generación de atletas a través de lo académico”, dijo Stevens, quien tiene un doctorado en educación cristiana.

Desempeño y oración

Antes de los Juegos de 1996, dijo su madre, Stevens entrenó en Florida. Mientras estaban allí, se encontraron con un obispo de Nigeria en un servicio religioso y le pidieron una oración.

“Le pedimos que orara por Rochelle para que llegara a los Juegos Olímpicos, pero él dijo que no solo iría a los Juegos Olímpicos, sino que también iba a ganar la medalla de oro”, dijo Holloway-Davis. “Cuando llegamos a los Juegos, se proyectaba que Nigeria ganaría el oro y que Estados Unidos ganaría el bronce”.

Cada corredor de relevos tenía que correr una vuelta. Stevens comenzó la carrera y Olabisi Afolabi, de Nigeria, se adelantó.

Maicel Malone llevó al equipo de Estados Unidos al segundo lugar, y en la tercera vuelta, Kim Graham superó a la rusa Yekaterina Kulik, se separó del grupo y realizó el pase a Jearl Miles para el tramo de ancla, con una ventaja de cuatro metros.

Ogunkoya de Nigeria ganó terreno esta última vuelta, pero Miles cambió al segundo carril y se mantuvo firme para la victoria del equipo.

Las cuatro mujeres celebraron al envolverse con la bandera estadounidense. Ese momento fue inolvidable, dijo Stevens. “Tuve la oportunidad de ganar para mi país frente a una multitud de 85 mil personas”.

Ahora, Stevens se pone orgullosa su chaqueta rosa y ondea la bandera estadounidense para apoyar al equipo de Estados Unidos de este año.

Traducción de Yerem Mújica; editado por Yerem Mújica y Melanie Slone