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Científicos mexicanos usan nanotecnología para prevenir contagios por COVID-19

En un país donde la innovación científica no destaca, estas investigaciones apuntan hacia un futuro más prometedor. 

CIUDAD DE MÉXICO, México — México busca emprender en la ciencia y la tecnología, donde suele quedar rezagado, con nanotecnología contra COVID-19.

A inicios de la pandemia, científicos del estado de Jalisco, México, pusieron en marcha una idea para impulsar la ciencia en el país: crear protectores antivirales que pudieran prevenir los contagios de COVID-19 por un tiempo prolongado. La meta era simple: proteger a los colaboradores de la organización madre y a sus familiares en los traslados entre la planta y sus casas. Sin embargo, no era tan sencillo de lograr.

El 27 de marzo de 2020, a unos días del comienzo del confinamiento en México por la pandemia y un mes después del primer caso de COVID-19 confirmado por las autoridades, The Uncommon Lab — como después se llamaría el grupo de científicos — comenzó con una serie de prototipos para lograr su meta.

La nanotecnología es un campo de la ciencia que ha cobrado relevancia en medio de la pandemia, por los potenciales usos para prevenir contagios por coronavirus. (Cortesía The Uncommon Lab)

Dichos prototipos llegaron a más de 300 en 21 días. El resultado, poco más de un año después, puede resumirse en una nueva empresa mexicana nacida durante la pandemia que asegura haber logrado su propósito inicial al utilizar la nanotecnología en sus productos.

“Pensamos en todos esos trabajadores que, a pesar de los semáforos rojos y las olas de contagios, han tenido que salir de sus casas. Por eso quisimos crear soluciones que desinfectaran y protegieran por tiempo prolongado. Lo hicimos con una base común para los sanitizantes que consiste en surfactantes catiónicos, pero agregamos nanotecnología”, dice Marc Freudenberg, co-creador y gerente general de The Uncommon Lab.

Los virus RNA, como el COVID-19, son agentes infecciosos cubiertos por una envoltura lipídica con proteínas estructurales que puede romperse con el uso de jabón.

Los surfactantes catiónicos utilizados pertenecen al grupo conocido como tensoactivos, los cuales tienen la propiedad de romper la tensión superficial y, con ello, solubilizar las grasas. La capacidad de los tensoactivos catiónicos para interaccionar con las membranas lipídicas los convierte en una buena opción como desinfectantes.

Cuando el tensoactivo está disuelto en agua, que también viene en fórmulas como geles o cremas, forma micelas que son capaces de encapsular a las grasas al valerse de un interior con afinidad por la grasa, y un exterior con afinidad por el agua.

El profesor Darío Chinchilla, de la Escuela de Química de la Universidad de Costa Rica, explica cómo el jabón vuelve inactivo al coronavirus.

La pandemia por COVID-19 puso de relieve la importancia del lavado de manos y la sanitización para prevenir contagios por virus, pero estas medidas son útiles hasta que se vuelve a tocar una superficie contaminada. Es necesaria una solución que simplifique las labores de logística de limpieza de manos. Para las personas que no pueden guardar un confinamiento estricto, como los trabajadores de actividades esenciales, es preciso extender el periodo de protección y así minimizar el riesgo de contagio.

Carolina Martínez trabaja en el sector de los alimentos, clasificado dentro de los fundamentales para la economía, según el acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación el 31 de marzo de 2020. Ella trabaja como demostradora de producto en una de las cadenas de supermercados más importantes de México.

Su trabajo consiste en visitar diariamente algunas de las tiendas de la zona metropolitana de la Ciudad de México. Ella no tiene auto y, para llegar de un sitio a otro, tiene que trasladarse en transporte público. Eso implica alrededor de seis viajes en un solo día que combinan desde el Metro y el Metrobús hasta los “micros” de la Ciudad de México, o “combis” [camionetas colectivas] en el Estado de México.

“No solo tengo que exponerme a la inseguridad del transporte y el peligro de que me asalten o de que pase un accidente, como fue apenas con el Metro. Durante toda la pandemia he tenido que exponerme al riesgo de contagiarme”, dice.

Muchos mexicanos se ven obligados a trasladarse en transporte público durante la pandemia, lo que los pone en contacto cercano con muchas personas. (Manuel Velasquez/Getty Images)

A lo largo de la pandemia, Martínez no ha tenido días u horarios escalonados para evitar las salidas diarias a la calle. “Es como si la pandemia no existiera”, dice.

Por eso, ella ha tenido que recurrir a una serie de rituales para no contagiarse. “Cuando inició esto y no sabíamos nada, usaba guantes, trataba de no agarrarme en el transporte público, llevaba cubrebocas, careta y cuando llegaba al trabajo, me tomaban la temperatura, tenía que pasar sobre un tapete con cloro, me lavaba las manos muy bien, hasta los codos, me echaba de nuevo gel, y así durante todo el día, entre gel y agua y jabón. Al llegar a la casa, lo mismo; no quería llevarle la enfermedad a nadie. Así que hacía lo mismo que en la mañana y durante todo el día, pero ahora le sumaba quitarme los zapatos antes de entrar, para después desinfectar y lavar mi ropa. Eso lo hacía todos los días. Sin falta”.

Su ritual no resultó infalible. “De todos modos, me enfermé. Duré intacta como unos ocho meses desde que empezó la pandemia, pero después, me enfermé. Algunos de mis compañeros se contagiaron y yo, a pesar de todo lo que hacía, caí. La pasé muy mal, pero al menos la libré”, dice. Hoy, ella continúa con la mayoría de los cuidados para prevenir nuevos contagios, pero busca mejores soluciones.

Innovación científica en México

Aquí entra la nanotecnología, desarrollada por el laboratorio mexicano. El grupo desarrolló nanopartículas metálicas que forman una biopelícula protectora de larga duración — de hasta tres horas — que desactiva o inhabilita el virus si este llega a estar en contacto con una superficie que ya ha sido desinfectada, de acuerdo con afirmaciones del propio laboratorio y algunos resultados de estudios institucionales que los avalan. Incluyeron esta tecnología en los productos que desarrollaron, entre los cuales se encuentra una crema y sprays para textiles, entre otros.

“El uso de la nanotecnología en la industria cosmética no es nuevo; incluso está regulado por la FDA. Por otro lado, el desarrollo de nanopartículas como desinfectantes y protectores también ya tiene tiempo y se ha estudiado, sobre todo debido a la pandemia. Lo que no había sucedido es que se llevara a aplicaciones que son muy raras o incluso inexistentes previamente, como las nuestras. Existen productos en el mercado que dicen tener nanopartículas, pero no han presentado estudios de durabilidad, lo cual nosotros sí hemos realizado”, dijo Freudenberg.

En la lucha por controlar los virus, como el COVID, los laboratorios invierten más tiempo y recursos. Unos científicos mexicanos buscan estar a la vanguardia. (Trnava University/Unsplash/Stock)

La nanotecnología es un campo de la ciencia que ha cobrado relevancia en medio de la pandemia. Sin embargo, una investigación académica señala que, “se necesitan más estudios sobre el uso de la nanotecnología para sistemas desinfectantes y sanitizantes más eficientes, así como la obtención de superficies autodesinfectantes para mejorar la eficacia para el control de infecciones y la seguridad sanitaria y ambiental”.

Robero Iberri, director de tecnología de The Uncommon Lab, asegura que no han detectado usos de la nanotecnología en aplicaciones para sanitizantes en spray para textiles o aires acondicionados de la forma en las que el laboratorio mexicano lo plantea. “Nosotros encontramos una nanopartícula que nos ayudara, la formulamos y la funcionalizamos para que fuera viable para el público en general”.

Zapopan, Jalisco, es hogar de The Uncommon Lab, un laboratorio mexicano que ha buscado llevar la nanotecnología a la vida diaria. (Cortesía The Uncommon Lab) 

México no es el único caso en la región que ha llevado los beneficios de la nanotecnología a la protección antiviral. En Perú, el Dr. José Luis Solís Véliz ha liderado un equipo de científicos que fabrica telas con propiedades antivirales, antimicrobianas y antimicóticas; México lo ha llevado a aplicaciones en crema para manos y spray para textiles.

A pesar de este avance, la innovación tecnológica no es tan respaldada en México.

China invierte fuertemente en la internacionalización de sus invenciones, pues las familias de patentes representan el 10 por ciento del puntaje de calidad de la innovación de aquel país. Malasia cuenta con un 8 por ciento de su puntaje atribuido a la internacionalización de invenciones, y Sudáfrica, con 5 por ciento, de acuerdo con el Global Innovation Index 2020.

En comparación, países como India y Rusia cuentan con 3 por ciento, y México y Argentina, con 1 por ciento.

Hoy, dos de los tres unicornios mexicanos pertenecen al sector fintech, y el otro se basa en la economía colaborativa y la industria automotriz.

Respecto a la ciencia mexicana, Freudenberg dice que: “Hay muchas instituciones en el país que tienen mucho talento académico, pero no logran la vinculación con las empresas. En The Uncommon Lab creemos que hay talento en el país y capacidad de investigación, pero no se ha logrado esta vinculación y quisiéramos invitar tanto a investigadores como a iniciativa privada a unir fuerzas para llevar a que la ciencia mexicana aporte aún más al país”.

Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas