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Raspados salvan a los mexicanos del calor 

El postre antiguo refresca y endulza los días de verano y las jornadas de playa. 

Ahora que estamos en pleno verano, las salidas a las calles en México implican cuidarse del calor. Los puestos de comida ofrecen un reposo del sol que agobia, sobre todo en el sur de México y por las costas.

Para combatir el calor, los puestos ofrecen productos tradicionales, entre estos, los raspados. Los carritos coloridos desde los cuales se venden están adaptados para transportar tanto el hielo como los frascos que cargan los jarabes de diferentes sabores que dan vida a una refrescante bebida.

El hielo se raspa en tiras. De ahí se da a esta bebida el nombre de ‘raspado’. (Charlie Ramírez/Café Words)

“Llevo 30 años con mi puesto de raspados aquí en el malecón. Mi oficio es un trabajo honrado, ya que de aquí he podido darle comida, techo y estudios a mi familia. La tradición de comprar un raspado nunca ha pasado de moda, sino al contrario, cada vez los calores son más pesados y la gente compra para poder calmar su calor”, dijo Evelio Martínez González, en el estado de Veracruz.

La historia del raspado data de las primeras civilizaciones del mundo. Se tienen registros de Roma, del año 27 a.C. Bajaban nieve de las montañas y le echaban frutas y miel. Los árabes en el siglo VIII consumían algo similar, mezclándolo con jugo y aroma. En Japón en la época imperial, este postre se servía exclusivamente a la realeza y estaba hecho de hielo con azúcar y leche.

En México, los emperadores mexicas ya habían inventado las ‘nieves’ antes de la llegada de los españoles. Transportaban el hielo a pie desde el volcán Pico de Orizaba hasta la Gran Tenochtitlan, hoy Ciudad de México. Después, le otorgaban sabores a base de plantas y jugos frutales.

Se agrega al hielo el sabor que el cliente prefiere. El más popular es del de grosella. (Charlie Ramírez/Café Words)

Hoy los raspados se venden en puestos ambulantes o comercios, ubicados principalmente sobre los principales parques, avenidas o puntos turísticos. Los carritos ambulantes transportan el bloque de hielo a través de neveras para que se derrita lo menos posible.

Los concentrados de sabores viajan en frascos grandes, lo cuales captan la atención de los niños por sus colores llamativos. El aditamento con el que raspan el bloque se llama ‘cepillo de fierro’. Una vez que el hielo se raspa, es colocado en un vaso y mezclado con jarabe del sabor que cliente prefiera. Uno de los más pedidos es el de grosella, sin dejar atrás el de tamarindo, el limón o “el diablito”, que es una mezcla de tamarindo, limón y chile piquín.

Negocios de raspados y otros postres fríos reciben más clientes en días calurosos.

“Los niños son los que siempre no saben qué sabor escoger, debido a los colores que ven, pero siempre terminan pidiendo el sabor más tradicional, que es el de grosella”, dijo Martínez González.

“La gente puede escoger el sabor que desee. Aproximadamente en temporada de calor vendo como unos cien raspados diarios, y ya con los nortes [vientos con rachas fuertes], esto baja demasiado, puesto que la gente no consume cuando tiene frío”, dijo.

Además de hielo y saborizante, un raspado puede llevar otros ingredientes. La tradicional “Gloria” lleva grosella, leche condensada, leche evaporada, plátano machacado y canela.

Todo mundo sabe que, cuando los calores acechan, los raspados llegan a refrescar a chicos y grandes.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)

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