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Biden y el nuevo gobierno israelí buscan un nuevo inicio — pero con pocos cambios en las políticas

La salida de Netanyahu tras 12 años como el primer ministro de Israel presenta la oportunidad de rehacer las relaciones políticas.

En contraste con las tres semanas que se tardó en llamar al entonces primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, el presidente de Estados Unidos, Joseph R. Biden Jr., esta semana trató de entablar una relación amistosa con Naftali Bennett, el futuro primer ministro de Israel, al llamarle y ofrecerle una ‘cálida bienvenida’ horas después de la salida de Netanyahu.

Dada la cercanía entre el expresidente Donald Trump y Netanyahu, quien ha tenido el mandato más largo de la historia de Israel, el mensaje de la Casa Blanca ha despertado la esperanza de frenar el partidismo progresivo de las perspectivas estadounidenses en Israel (Netanyahu vivió parte de su infancia en Filadelfia).

El mensaje fue bien recibido por Yair Lapid, el nuevo ministro israelí del exterior y confederado de Bennett, quien aspira a convertirse en el primer ministro de Israel dentro de dos años — si es que la coalición en contra de Netanyahu se mantiene.

El entonces primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, habla con el entonces presidente de Estados Unidos Donald J. Trump, antes de la partida del presidente en el aeropuerto internacional Ben Gurion en Tel Aviv, en mayo 2017, en Jerusalén, Israel. Trump había hecho un traslado de 28 horas para visitar Israel y a las autoridades palestinas como parte de su primer viaje al exterior desde que había asumido el puesto del despacho oval. (Kobi Gideon/GPO vía Getty Images)

“Nos encontramos ante un Estados Unidos enojado, donde la Casa Blanca, el Senado y la Cámara de Representantes son demócratas,” dijo el centrista Lapid en un discurso reciente donde demandaba la remoción de Netanhayu de su cargo público y condenaba la pérdida del apoyo bipartidista estadounidense en Israel. “Tenemos que cambiar la forma en que trabajamos con ellos.”

Tras el creciente criticismo en contra del trato de Netanyahu hacia los palestinos, la amistad inusualmente cercana con Donald Trump intensificó el debate emergente entre los demócratas sobre el apoyo bipartidista incondicional que Estados Unidos daba a Israel.

Lo que otrora fuese una conversación secundaria dentro del partido demócrata se convirtió en un tema de alta importancia durante la administración de Trump, a la par de que muchos musulmanes demócratas de alto perfil fueron electos a un cargo público.

En 2019, la representante Rashida Tlaib (demócrata por Michigan) de origen palestino, y la también representante demócrata, Ilhan Omar (Minnesota), ambas practicantes de la fe musulmana, tenían prohibido visitar Israel tras criticar el apoyo que Trump ofrecía a Netanyahu, y por haber votado en contra de una resolución que habría condenado un movimiento palestino que pedía boicotear a compañías israelís. A Tlaib se le dio un permiso para visitar a su abuela, con base en razones humanitarias, pero ella lo rechazó.

Empero, si bien la nueva coalición israelí busca mejorar las relaciones entre el gobierno de Israel y la administración demócrata, algunos expertos preguntan si el nuevo régimen en Jerusalén puede completar tal meta.

Las tendencias de derecha de Bennett, aunado a la creciente presión política de los progresistas estadounidenses de cortar el apoyo a Israel, pueden representar desafíos para la relación bilateral. Aun así, de acuerdo con la opinión de Natasha Hall, miembro sénior del Centro para Estudios Internacionales y Estratégicos (Center for Strategic and International Studies, CSIS), puede que la situación entre las naciones no cambie.

“En efecto, la administración Trump estaba más dispuesta a trabajar con Netanhayu para pasos audaces, tales como los acuerdos de paz bilaterales con las naciones del golfo Pérsico y otras naciones árabes, así como la traslación de la embajada a Jerusalén,” dijo Hall en entrevista con Zenger News.

“Dicho eso, durante su campaña, el presidente Biden aseguró que no revertiría tales decisiones,” dijo. “No creo que la política exterior de Estados Unidos cambie sustancialmente, ya que tales políticas no han tenido cambios considerables en décadas.”

En el pasado, Netanyahu y Biden habían mantenido públicamente una amistad cercana por más de 40 años, a la cual definían como “una antigua conexión personal.”

El entonces primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, izquierda, saluda al entonces vicepresidente de Estados Unidos Joseph R. Biden Jr. en Jerusalén en marzo de 2010. (Avi Ohayon — GPO vía Getty Images)

Su relación decayó en años recientes, después de que Netanyahu apoyara a Trump y su partido republicano. Así pues, la remoción del servidor público con mayor antigüedad de Israel fue vista con buenos ojos por la administración Biden y algunos congresistas demócratas.

Empero, Bennett no ofrece a Biden una administración distinta a la del anterior primer ministro.

Nacido de padres estadounidenses en Haifa, la tercera ciudad más grande de Israel, Bennett, quien otrora fue un emprendedor tecnológico, inició su carrera política como jefe del personal del gabinete de Netanhayu, antes de perder su puesto en 2008. En 2013, Bennett se volvió dirigente del partido de pro-colonos, la Casa Judía (Jewish Home party), el cual, en 2019, cambió su nombre a Yamina (“a la derecha”).

Como un político religioso de derecha, Bennett ha apoyado la expansión de asentamientos israelís en territorio palestino, y se opone a la existencia de un estado palestino.

Además de oponerse a la “solución de dos estados” en la región, el nuevo primer ministro israelí — al igual que Netanyahu — se opone al programa nuclear iraní, así como la participación de Estados Unidos en el acuerdo nuclear iraní, negociado bajo la administración del presidente Barack H. Obama, pero rechazado por la administración Trump. El nuevo líder israelí criticó los discursos dados en Europa por Biden el fin de semana pasado, donde mencionó la reincorporación de Estados Unidos al acuerdo iraní.

El entonces presidente de Estados Unidos Barack H. Obama y el entonces primer ministro de Israel Benjamín Netanyahu asisten al funeral del antiguo presidente israelí Shimon Peres en el cementerio del Monte Herzl, en Jerusalén, en septiembre de 2016. (Kobi Gideon/GPO vía Getty Images)

Esto puede implicar dificultades en la relación Biden–Bennett.

“Tanto el gobierno israelí como la administración de Biden pasarán las siguientes semanas, por lo menos, en reparar las relaciones dañadas durante la administración de Netanyahu. Tendrán que aprender a estar de acuerdo en estar en desacuerdo con respecto a Irán,” dijo Paul Scham en una entrevista con Zenger News. Scham es un erudito no-residente del Instituto del Medio Oriente (Middle East Institutee) que da clases magistrales sobre el conflicto israelí-palestino en la Universidad de Maryland.

A su vez, Netanyahu mantendrá constante presión sobre la administración de Bennett, puesto que ha jurado regresar al poder. Scham dice que tanto Biden como el nuevo primer ministro, al menos en materia de política del exterior, verán limitados los proyectos de formación nacional en Israel.

“Bennett, el ultranacionalista, se ve limitado por sus aliados de la coalición y viceversa. Biden sabe que este no es el momento para impulsar la solución de dos estados, por lo que evitará mencionarlo oficialmente. Pero en el momento de llevarlo a práctica, se enfocará en mejorar las condiciones de vida de los palestinos,” dijo.

Bennett subió al poder como líder de una frágil coalición de ocho partidos con políticas distintas —incluyendo un pequeño partido árabe que recientemente hizo historia al unirse al gobierno israelí por primera vez desde que existe el país.

El partido de Bennett solo había obtenido siete sillas de las 120 del parlamento israelí Knéset en las pasadas elecciones de marzo. Debido a eso, se unieron al partido Lapid (quienes poseían 17) y, a su vez, con una mezcolanza de seis partidos pequeños, para formar la frágil coalición anti-Netanhayu en control de 61 de los 120 asientos.

El primer ministro israelí Naftali Bennett, izquierda, y el ministro del exterior Yair Lapid, derecha, hablan durante una foto grupal con los ministros del nuevo gobierno israelí, el 14 de junio, en Jerusalén, Israel. (Amir Levy/Getty Images)

Según Jim Phillips, investigador sénior de los asuntos del Medio Oriente de la Fundación Heritage (Heritage Foundation), la fragilidad del nuevo gobierno de coalición israelí será el factor decisivo que dicte cómo será la relación entre Israel y la administración de Biden en los años por venir.

“La administración de Biden ve en el primer ministro israelí a un posible aliado político con el cual cooperar, algo que no veía con el primer ministro Netanyahu,” dijo Phillips, al explicar que la visión política de Bennett se verá templada por esta realidad.

“Aun si el primer ministro Bennett se encuentra más a la derecha que Netanyahu, Bennett tendrá menos libertad de tomar decisiones contundentes que el pasado ministro, debido a la naturaleza frágil de su coalición. Es menos posible que desafíe a la política exterior estadounidense en temas que pudiesen quebrantar su alianza con los partidos árabes y de izquierda.”

“Esto podría guiar a un periodo de luna de miel entre la Casa Blanca y el nuevo gobierno, aunque las tensiones seguirán al alza entre el bloque de izquierda antiisraelí del partido demócrata, quienes continuarán sus críticas a los líderes israelíes,” dijo.

La división creciente entre los demócratas “sistema” que buscan mantener el rol histórico de Estados Unidos como principal aliado israelí y los miembros más progresistas — algunos de los cuales incluso buscan definir a Israel como un estado segregacionista por el trato que le da a los palestinos — se ha visto venir en la historia política Estados Unidos–Israel, añadió Hall.

“Se veía venir, ya que los votantes más jóvenes se oponen a las violaciones a los derechos humanos que se dan en los territorios ocupados por Israel”, dice Hall. “Esto iba a pasar tarde o temprano, ya que muchos de estos conflictos son causados por la propia ocupación israelí.”

Durante sus 12 años en el poder, Netanyahu buscó socavar la solución de dos estados al conflicto Israel–Palestina al expandir la soberanía israelí sobre Palestina. Los enfrentamientos armados entre las fuerzas israelíes y los grupos militantes de Palestina, como Hamas — incluyendo la reciente intensificación de la violencia en la franja de Gaza — continuaron plagando la región.

En respuesta, algunos demócratas mostraron su apoyo al polémico movimiento “Boicot, Desinversiones y Sanciones” (Boycott, Divestment, Sanctions), pidiendo reducir la ayuda militar anual a Israel en 3.8 mil millones de dólares.

La realidad política de la nueva coalición israelí significa que es poco probable que el nuevo gobierno de Bennett anexe Cisjordania o invada la franja de Gaza — pero a su vez, inclusive bajo un gobierno de Lapid, la búsqueda de una paz duradera con Palestina es igual de improbable.

A pesar de que el fin de la segunda gestión como primer ministro de Netanhayu no generará cambios mayores a las relaciones bilaterales con Estados Unidos, esto puede llevar a que los demócratas se vean forzados a “crear una postura uniforme en materia de asuntos israelíes,” dijo Hall.

“Si se observan las acciones y palabras de Biden, tanto en el pasado como en las últimas semanas, por ahora, no va a cambiar su postura de forma radical,” dijo. “Ciertamente, verá mucha presión desde adentro de su partido, en especial si vuelve a haber una intensificación militar en la región, a fin de volver a evaluar la relación entre las naciones.”

(Traducido y editado por Mario Vázquez. Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos)