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Ruido y confusión: rediseño del espacio aéreo en México causa polémica 

Las nuevas rutas de los aviones generan malestar e inconformidad en la población y alegaciones de descuidos. 

En la Ciudad de México hay una construcción que por su magnitud y diseño se considera una de las más espectaculares del mundo: la Fuente de Tláloc. Ubicada en la Segunda Sección del Parque de Chapultepec, es obra del icónico muralista Diego Rivera, quien la construyó en 1951, con la idea de que fuera admirada desde el aire por quienes llegan a la capital del país en avión. Este dios mexica de la lluvia se quedó sin público en las alturas, pues ahora son pocos los que pasan por los cielos de esta área de la ciudad.

La ruta aérea que se usaba por décadas, con entrada en el norponiente de la ciudad, a la altura de la Tercera Sección de Chapultepec, cambió radicalmente el 25 de marzo. De un día para otro, las aeronaves dejaron de pasar por encima del Periférico para abrir su trayectoria en zonas donde nunca antes habían ingresado. Nuevos puntos en la ciudad ahora ven pasar muy bajo los aviones: por un lado, el poniente hasta Santa Fe, y por el otro, hacia el surponiente, colonias como Las Águilas y el área del Ajusco.

“Desde que hicieron el cambio de ruta de los aviones, el ruido es insoportable. Cada tres minutos pasan aviones de todos los tamaños. ¿A quién beneficia realmente este cambio? A los pilotos no creo, pasan muy bajo y se nota que les cuesta maniobrar. Ojalá que los que tuvieron esta ‘genial idea’ también les pasen los aviones por su cabeza las 24 horas del día. Nos van a dejar sordos”, dijo Alejandra Vázquez, vecina de Tlalpan.

La obra de Diego Rivera que representa a Tláloc se ve desde el cielo, pero con el rediseño, ya nadie pasa por esa zona en avión. (Sedema / Gobierno de México)

Un rediseño forzado

Tras la suspensión del aeropuerto en Texcoco y la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), en Santa Lucía, el gobierno federal indicó que el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, Benito Juárez (AICM), seguiría en funciones. Para lograrlo, rediseñaron el espacio aéreo a fin de que los dos aeropuertos capitalinos operaran simultáneamente en el futuro, pero también para que se conectaran con el de Cuernavaca y el de Toluca

Hasta el momento, parece que la medida trajo más preocupación es que ventajas. Muchos creen que las nuevas rutas son complejas y molestas para los habitantes, y que traerán a futuro problemas importantes. Incluso, algunos ciudadanos utilizaron recursos legales como el amparo para tratar de evitar el rediseño. Sin embargo, los magistrados determinaron que frenarlo afectaría el interés público.

“El rediseño fue totalmente innecesario; estuvo fuera de tiempo y mal hecho. Siempre supimos que no se podían operar simultáneamente el AICM y Santa Lucía por problemas del espacio aéreo. Además, no tenía caso hacer dos aeropuertos si con uno cubres la misma cantidad de operaciones, y eso es lo que va a pasar”, dijo María Larriva Sahd, primera Controladora de Tráfico Aéreo en México, quien actualmente se desempeña como asesora en asuntos de aviación.

Según la experta, este fue un cambio forzado y sin certificación.

“Todos los estudios que hicieron organismos internacionales validan que no había operación simultánea. El centro de investigación MITRE, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, que es un organismo muy serio, lo dijo. Llega Víctor Hernández a la dirección de SENEAM [Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano] y aseguró que él tenía la capacidad de resolver el problema. Las autoridades le creen, pero no es cierto”, dijo Larriva Sahd.

“Un gran problema es que no se hizo certificación. Cuando un procedimiento se publica y las aerolíneas lo navegan, se supone que el avión verificador salió y voló esos procedimientos con equipo especial. Eso no se hizo porque en México, por la falta de presupuesto a la AFAC [Agencia Federal de Aviación Civil], tiene más de dos años que esos aviones están inoperativos”, dijo.

“Sí se requería usar esta tecnología porque es algo que México debió haber hecho hace 20 años, solo que no debió ser tan radical. Pero si tomamos en cuenta que lo que necesitan es crear el espacio para que operen los aviones en el futuro sobre el nuevo aeropuerto de Santa Lucía, entonces sí era necesario algo parecido. Este rediseño no es realmente porque querían mejorar el aeropuerto Benito Juárez; es porque necesitan el espacio para que, cuando opere Santa Lucía, quepan aviones ahí. Desde ese punto, sí era necesario”, dijo el capitán Heriberto Salazar Eguiluz, presidente del Colegio de Pilotos.

Larriva Sahd concuerda que el sistema debió implementarse hace mucho: “México tiene 20 años de retraso en la instalación del PBN [navegación basada en el ‘performance’]. Este sistema de navegación satelital te da mayor precisión en el vuelo. Es difícil que te pierdas, e incluye otros sistemas a bordo del avión que te avisan si te desvías. Pero eso es para navegar; no tiene nada que ver con la interacción de los aeropuertos”.

Los aviones pasan muy bajo sobre las viviendas en varias partes de la Ciudad de México después del rediseño. Mucha gente se queja del ruido. (Melanie Slone/Zenger)

Salazar Eguiluz coincide en que el sistema PBN es de alta precisión, por lo que en ese sentido, no habría riesgo. “Mucha gente dice que vuelan más cerca y efectivamente, esa tecnología lo permite. Cuando tú te estacionas con un coche normal, te acercas al coche de adelante y al de atrás, y lo haces al cálculo, a lo mejor no te acercas por miedo de pegarle al otro carro, pero si tienes sensores que te dicen cuánto te puedes acercar sin pegarle, lo haces. Digamos que esta tecnología es así, tan exacta que puedes estar más cerca garantizando que no le pegas a nada”.

No obstante, aun cuando el uso de la tecnología era necesario, Larriva Sahd sostiene que el rediseño en sí conlleva serios problemas.

“Primero, la razón para hacer el rediseño es diferente a la que declararon, que era la de ‘modernizar el espacio aéreo’. La fase 1, en la que coexisten [los aeropuertos de] México, Toluca, Cuernavaca y Puebla, tiene 25 años que ya estaba operando en esta forma. Solo rediseñaron las rutas, alejando a las aeronaves lo más posible de la base militar de Santa Lucía, pero con procedimientos fuera de las normas e inseguros. Los aviones vuelan mucho tiempo sobre la ciudad, pasan cerca de la orografía, sufren mucha turbulencia; no hay para donde desviarse cuando encuentras mal tiempo”.

Con poco más de dos meses de implementación, Larriva Sahd observa fallas. “Esto ya tiene tiempo operando y las demoras son evidentes; las aproximaciones fallidas son evidentes. Porque si me pones los aviones embarrados en el cerro, yo no tengo para dónde moverlos. Otro problema es que las llegadas son larguísimas y eso hace que consuman mucho combustible. Tarde o temprano, esto se va a reflejar en los costos de operaciones de las aerolíneas”.

Salazar Eguiluz confía en que la operación con el rediseño irá mejorando con el tiempo: “Todo cambio necesita procesos de aprendizaje, de adiestramiento. Se está volando, en algunos casos, un poco más tiempo en la Ciudad de México con la parte de ruido que es molesto para los habitantes. No tiene que ver directamente con la operación de los aviones, pero deben de preocuparse por el ruido”.

La construcción de un nuevo aeropuerto llevó a los mexicanos a rediseñar el espacio aéreo alrededor de la Ciudad de México. El aeropuerto actual está saturado. (Jose Pablo Dominguez/Unsplash)

Mientras tanto, la opinión de la gente está dividida. “Los vuelos duran más. De Acapulco a la Ciudad de México tardaba 35 minutos y ahora hice una hora. Eso que aún estamos lejos de la saturación que tenía el aeropuerto antes de la pandemia. No se tomaron en cuenta a los ciudadanos, que somos quienes tomamos los vuelos y somos los clientes”, dijo Sofía Medina, residente de la Ciudad de México, quien viaja con frecuencia en compañía de su familia.

Javier Molina vive en las inmediaciones del AICM y considera que siempre habrá debate. “El mismo ruido que sufren quienes se quejan ahora, lo sufrían otras personas antes, y lo sufro yo todo el tiempo porque vivo cerca de las terminales. Mientras se tenga este mismo aeropuerto, nunca va a ser posible mantener a todos contentos. Si vuelven a cambiar las rutas, al rato serán otros quejándose con los mismos argumentos del ruido”.

Pero Larriva Sahd asegura que el ruido no es el verdadero problema. “Ese no es el problema, sino que ahora las llegadas son cuatro veces más largas. Tienes el ruido mucho más tiempo. El ruido no se puede evitar porque los aviones tienen turbinas que comprimen el aire y, a la hora de que lo sacan, produce ruido por la diferencia de temperatura. No se puede evitar; está dentro de la norma de decibeles, pero sí hicieron unas llegadas mucho más largas, mucho más comprometidas para la aviación, y los aviones vuelan mucho más tiempo sobre la ciudad, y es lo que es molesto”.

Ella recalca que el rediseño se realizó con base en un aeropuerto que “no existe”.

“En Santa Lucía no hay nada, no existe. No hay ninguna información, y si les preguntas, te dicen, ‘tenemos el documento y ahí está en la página’. Vas a la página y no es cierto, no hay nada. Esto está de cabeza”.

De cabeza estará la Fuente de Tláloc, que ahora muchos solo pueden ver a nivel del piso, sin apreciar los majestuosos detalles desde el cielo, mientras los aviones entren y salgan por otras rutas.

(Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos)