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A un año de muerte de George Floyd, estadounidenses ven trauma, esperanza y estancamiento político 

El presidente dijo que habría querido que la reforma policial estuviera aprobada antes del primer aniversario luctuoso.

WASHINGTON, D.C. — Eran las 8:01 p.m. del Día de los Caídos en 2020, cuando una llamada entró al 911. Provenía de una tienda de autoservicio de Minneapolis. La persona al teléfono dijo que un cliente se negaba a devolver un paquete de cigarrillos que había comprado con un billete falso de 20 dólares.

Lo que sucedió después fue infame: el oficial Derek Chauvin se arrodilló sobre el cuello del hombre afroamericano esposado, quien dijo suplicante que no podía respirar y llamó a su madre. Nueve minutos y 29 segundos después, George Floyd había muerto. Una adolescente capturó el asesinato en su teléfono celular.

Cerca de allí, Russell A. Pointer acababa de terminar su jornada como ministro principal de la Iglesia Central de Cristo de Minneapolis.

En Roanoke, Virginia, Erma Williams había preparado la cena después de un día de trabajo como secretaria en un consultorio médico.

En el Stillman College en Birmingham, Alabama, una universidad históricamente dedicada a la educación de personas de color, Matthew Seawright estudiaba religión, preparándose para seguir el camino de su padre en las filas del clero.

El oficial de policía Derek Chauvin se arrodilla sobre el cuello de George Floyd en un video filmado por una adolescente y publicado en Facebook, lo que desencadenó un ajuste de cuentas racial. (Daranella Frasier/Facebook)

Ninguno había escuchado de George Floyd ni tenía idea de lo que sucedía en ese momento en una intersección de Minneapolis.

Pero ahora, un año después de que las imágenes provocaran una corriente de reacciones que se extendió por Minneapolis, el nombre y la presencia de Floyd son ineludibles en sus vidas. Todos ellos vieron cómo Estados Unidos estalló en protestas en medio de una pandemia y una campaña presidencial. Hubo llamados a la reforma policial, disturbios y la súplica diaria encarnada en el nombre de una organización: Black Lives Matter, las vidas de los negros importan.

Las protestas de Minneapolis se replicaron en todo el país y han continuado durante un año. Las perspectivas que de ellas tenían los estadounidenses que hablaron con Zenger News variaban. (Scott Olson/Getty Images)

Esta semana, la familia de Floyd se reunió con el presidente Joseph R. Biden Jr. y la vicepresidenta Kamala D. Harris en la Casa Blanca. Al salir, los hermanos de Floyd y su hija de 7 años, Giana, se detuvieron a hablar con la prensa.

“Solo queremos que se apruebe la Ley de Policía George Floyd”, dijo Philonise Floyd. “Si pueden crear leyes federales para proteger a un pájaro, como el águila americana, pueden crear leyes federales que protejan a las personas de color”. Giana gritó: “Digan su nombre”, y los hermanos respondieron: “¡George Floyd!”

Gianna Floyd, hija de George Floyd, en la Casa Blanca, donde ella y su familia conocieron al presidente Biden, un año después del asesinato de su padre. (Win McNamee/Getty Images)

La legislación sobre la reforma policial está estancada en el Congreso: fue aprobada por la Cámara de Representantes — de mayoría demócrata — en marzo; ahora está en el Senado, donde sigue empantanada entre conversaciones de demócratas y republicanos. La iniciativa necesita al menos 10 votos republicanos para vencer el obstruccionismo.

A un año de distancia, tres estadounidenses, dos negros y uno blanco, comparten con Zenger News cómo los ha impactado la muerte de Floyd.

Seawright, de 34 años, es ahora un pastor auxiliar de la Iglesia Episcopal Metodista Africana. Se graduó de Stillman College el 1 de mayo, frente a los ojos de su padre, el obispo Harry Seawright. Este último dirige el Noveno Distrito Episcopal de dicha iglesia, que cubre el estado de Alabama.

Seawright dijo que el año pasado había puesto en contacto a los estudiantes de su HBCU (Historically Black Colleges and Universities, una serie de universidades para estudiantes de color establecida antes de la promulgación de la ley de derechos civiles en 1964) con la vecina Universidad de Alabama, para abrir un diálogo interracial que, según dijo, esperaba que fuera más productivo que las protestas por sí solas.

Matthew Seawright (de pie, a la izquierda) quien buscó abrir un diálogo interracial después del asesinato de George Floyd. Se le ve con su padre, el obispo Harry Seawright, su hermana Shari y su socio Tony, en la fila posterior de izquierda a derecha. Al frente se encuentran su madre, la reverenda Sherita, y su sobrino Cameron. (Matthew Seawright/Zenger News)

“Estábamos al final de la calle de [la Universidad de] Alabama, y es [racialmente] muy diversa”, dijo. “Uno establece vínculos en los restaurantes porque no tiene miedo de acoger a personas de diferentes razas”.

“No soy un gran fanático de las protestas. Estoy a favor de tomar una postura, pero creo que es una cuestión de estrategia”.

“Siempre dicen que hubo gente que murió para que nosotros tuviéramos el derecho a votar, pero ¿cuándo fue la última vez que hablaste con alguien que murió?”, dijo Seawright. “Creo que estaba en mí arreglar muchas de las cosas que se interponían en mi camino. No apoyo la idea de que votar sea la única vía para solucionar el problema”.

Su padre, el obispo Seawright, encabezó una marcha en Hunstville, Alabama, para conmemorar el aniversario del asesinato de Floyd, mientras que su madre, la reverenda Sherita Seawright, dijo: “Creo que para los niños de esta generación que pensaban que estaban en territorio seguro [en términos de problemáticas raciales] esta ha sido una buena experiencia”.

Pero Williams, de 56 años, quien es blanca, tuvo una experiencia diferente en el año, y una visión diferente de la protesta.

Ella creció en Maryland, asistió a una iglesia con feligreses de diferentes razas, y pensaba que los disturbios raciales de la década de 1960 habían terminado. Williams dijo que no había conocido a alguien abiertamente racista.

Pero le preocupaban las imágenes de las secuelas del incidente de George Floyd que veía en la televisión.

“Tengo emociones encontradas porque donde crecí, en mi escuela, con mi familia de la iglesia, en todos lados … nunca me tocó toparme con una persona racista en mi círculo”, dijo Williams. “Estábamos todos unidos, tal vez sea ingenuo, no pensé que la gente más allá del Beltway [la carretera interestatal 495] no mirara el color [de la piel]”.

“Cuando pasó lo de Floyd poco después de lo que sucedió en Florida y en Baltimore, creo que me desanimé”, dijo Williams, refiriéndose a la muerte de Trayvon Martin, un joven negro de 17 años, en Sanford, Florida, en 2012, y a la muerte de Freddie Gray bajo custodia policial en Baltimore, Maryland, en 2017, a las que siguieron protestas y disturbios en la ciudad.

“Dios mío, ¿por qué vamos al revés?”, dijo Williams, quien no se siente cómoda con la cobertura que los medios dieron al tema. “Luego, me enoja que la gente en los medios masivos asuma que soy racista y prejuiciosa, porque me tachan de algo que no soy”.

Erma Williams dijo a Zenger News que los saqueos que siguieron a las protestas la hicieron cuestionarlas. Aquí, se observa un sitio saqueado en Los Ángeles, California, el 28 de mayo de 2020 (Warrick Page/Getty Images).

El abuelo de Williams era un comandante de la policía en Washington, D.C., y su padre, un cerrajero. Su cuñado, quien vive en Baltimore, es asiático-estadounidense.

“Cuando empiezan a dañar la propiedad [ajena], yo dejo de escuchar”, dijo Williams.

“Lo que sucedió en Baltimore, donde algunas de las tiendas familiares de Jae [su cuñado] tenían vidrios rotos, me hizo pensar, ‘me acaban de perder’. [Lo ocurrido] me apagó. Esto no es una conversación”.

En cambio, Williams dijo que en el último año ha tejido de forma intencional, en su trabajo y en su comunidad, relaciones que atraviesan las fronteras raciales.

Mientras tanto, en Minneapolis, el año de Pointer comenzó de forma traumática, pero, dijo, parece apuntar hacia la esperanza.

El reverendo Russell A. Pointer, ministro principal de la Iglesia Central de Cristo de Minneapolis, dijo a Zenger News que el año que comenzó con un evento traumático ha dado paso a la esperanza. (Russell A. Pointer/Zenger News)

“Cuando sucedió, estaba traumatizado”, dijo Pointer, de 53 años. En cuanto la violencia asoló la ciudad, los distintos grupos religiosos trataron de responder, incluido el suyo. Él es un ministro en la Iglesia Central de Cristo y dirige una despensa de alimentos que sirve a personas de distintos orígenes raciales.

“Hemos orado cada semana en sesiones de Zoom durante todo el año, blancos, negros, católicos, protestantes, luteranos, todos”, dijo Pointer, quien está afiliado a un par de grupos llamados His Works United y Transform Minnesota.

“Un año después, tengo esperanza porque he visto a esta comunidad unirse como nunca; no solo los blancos y los negros, sino todas las iglesias se han unido: mezquitas, sinagogas, todos juntos para mantener las armas fuera de la calle y en favor de la reforma policial”.

“Este es el movimiento de derechos civiles más grande de la historia. Es un momento que se convirtió en movimiento”.

Sin embargo, no está claro si ese optimismo se refleja en Washington D.C.

El martes 25 de mayo, el senador Cory Booker (demócrata por Nueva Jersey), el senador Tim Scott (republicano por Carolina del Sur) y la representante Karen Bass (demócrata por California), se mostraron optimistas de que republicanos y demócratas aprueben pronto una reforma policial. Pero el presidente Biden dijo que hubiera deseado que el proyecto de ley estuviese listo antes del primer aniversario luctuoso de Floyd; ha ido y venido sin mayores avances.

“Aunque todavía estamos trabajando para resolver nuestras diferencias en temas clave, continuamos avanzando hacia un compromiso, y seguimos optimistas sobre las posibilidades de lograr ese objetivo”, dijeron los tres legisladores.

(Traducido y editado por Gabriela Olmos. Editado por Melanie Slone)