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Las remesas, salvavidas para familias mexicanas sin otras opciones

Aunque ayudan a los mexicanos a sobrevivir, los expertos dicen que no pueden ser sustituto de programas para erradicar pobreza. 

MEXICO CITY — Por la pandemia, Alfonso Seiva perdió los ingresos que recibía de su pequeña empresa de mantenimiento en marzo del año pasado. Aunque a partir de julio ha ido recuperando liquidez paulatinamente, aún no genera los 5 mil dólares al mes que ingresaba antes de la crisis de salud mundial. “Yo tenía de ocho a 10 eventos al año, pero con la pandemia cerraron y perdí los contratos”, dice Seiba, mexicano radicado en Chicago desde hace 20 años.

Pero en julio empezó a ofrecer servicios de manera directa en residencias. “Hago limpieza de pasto, pinto apartamentos, cambio ventanas, arreglo tabiques”.

Gracias a esto y al ahorro que tenía, Seiva solo suspendió un par de meses el envío de dinero a sus papás que viven en el estado de Morelos, México.

La historia de Seiva ejemplifica la de miles de migrantes mexicanos que perdieron su fuente de ingreso en 2020. “Uno de cada cuatro trabajadores mexicanos inmigrantes con empleo en abril de 2019, ya no contaba con dicha ocupación en abril de 2020”, refiere el Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (CEMLA), basado en México. De marzo a abril, un millón de mexicanos en Estados Unidos perdieron su trabajo. Esto afectó en mayor medida a los sectores de la construcción, alimentos y hospedaje.

Alfonso Seiba se dedica a varios trabajos de mantenimiento en Chicago para enviar dinero a sus padres en Morelos. (Cortesía Alfonso Seiva)

Sin embargo, el desempleo no implicó que muchos mexicanos que viven en Estados Unidos dejaran de enviar dólares a sus familias en México. Fuera de una ligera disminución de 2.6 por ciento en los envíos de abril de 2020, a partir de mayo los montos fueron incrementando, así como lo hizo el empleo de los mexicanos en este país. Al final del año, los ingresos de México por remesas — el dinero que los migrantes mexicanos envían a sus familias — sumaron 40 mil 607 millones de dólares, 11.4 por ciento más que en 2019, de acuerdo con el reporte de febrero de BBVA Research con base en cifras de Banco de México.

“Las remesas llegan a un nuevo máximo histórico y acumulan cinco años consecutivos rompiendo récord. En términos reales, convirtiendo por el tipo de cambio (en pesos) y descontando la inflación, las remesas crecieron 20.6%”, dice el reporte de BBVA.

Esas transferencias compensaron la disminución de ingresos de las familias en México el año pasado, dado que su economía tuvo la peor caída en 90 años.

Las remesas evitaron que los efectos de la crisis económica fueran mayores en los estados mexicanos que las reciben. “La contracción en el consumo privado durante el periodo de la pandemia podría haber resultado mayor a la observada si las remesas no hubiesen mantenido durante 2020 una tendencia ascendente”, refiere el reporte “Remesas y su efecto sobre el consumo de los hogares”, de Banxico.

Cuando su esposo se fue por primera vez a Estados Unidos hace 18 años, Josefina Álvarez no paraba de llorar. “Mi hija, a sus seis años, me dijo ‘Mamá, no llores, si mi papá no se va, ¿cómo va a pagar lo de mi escuela, mi uniforme y mis libros?’ Ahora, esa pequeña ya terminó la carrera de Comercio Internacional.

“Gracias a que mi esposo está allá, mis hijos están recibiendo una carrera”, dice Álvarez, de 41 años, y agrega: “Bueno, primero, gracias a Dios, después a mi esposo y a mis hijos que le echan muchas ganas”.

Las remesas son la salvación para muchas familias mexicanas, quienes dependen de ellas para insumos, desde comida hasta cuotas escolares. (Alexander Mills/Unsplash)

Carlos, el esposo de Álvarez, trabaja como albañil en Houston y, pese a que cruzar la frontera es un riesgo para su vida, va y viene cada dos años o año y medio. Con los 20 mil pesos que manda al mes, su familia puede pagar sus gastos de alimentación y vestido y sus hijos pueden estudiar la universidad sin necesidad de trabajar.

Además de la joven que terminó su carrera, otros dos de sus hijos están en la universidad; uno de ellos incluso estudia ingeniería civil en una institución privada. El más chico estudia la preparatoria.

Como los Álvarez, una gran cantidad de familias en México resuelve sus gastos básicos de alimentación, vivienda y salud con los dólares que reciben.

Sin embargo, muchos estados receptores de remesas en México se recargan en el dinero de los migrantes en lugar de propiciar las condiciones para generar más empleos. “El Estado no está invirtiendo lo que se requiere, y deja a las familias depender de ir a Estados Unidos, y de enviar remesas”, dijo Suhayla Bazbaz, directora de Cohesión Comunitaria e Innovación Social, una organización que ayuda a las comunidades de bajos recursos a alcanzar su máximo potencial.

Otro problema es la separación de las familias, quienes pueden pasar hasta años sin verse. Como es cada vez más complicado cruzar la frontera, es también más difícil que los migrantes regresen a visitar a sus parientes en México.

Contra viento y marea

“Me ha costado trabajo mandar, pero sé que la situación se puso peor en México y, aunque aquí tampoco ha estado fácil, no he dejado de hacerlo”, dijo Seiva, quien envía en promedio 400 dólares al mes a sus papás. Con ese dinero, su mamá compra los medicamentos que requiere como sobreviviente de cáncer.

Alfonso Seiba lava ventanas en Chicago para mandar dinero para los medicamentos de cáncer de su madre en Morelos, México. (Cortesía Alfonso Seiva)

Si el desempleo de los migrantes mexicanos aumentó, ¿por qué no bajaron los envíos de remesas a México?

En el segundo trimestre de 2020, se perdieron 10.3 millones de empleos en México, y aunque se han recuperado poco a poco, 2.4 millones de mexicanos aún no tienen trabajo.

“Otras fuentes de ingresos de los hogares se cayeron, y como lo que trata de hacer el migrante es compensar, [para] mantener cierto nivel de vida del hogar receptor, hace mayor esfuerzo por mandar [dinero]”, dijo Jesús Cervantes, gerente de Estadísticas Económicas del CEMLA.

Según el censo de población 2020, cinco de cada 100 hogares en México reciben recursos de algún amigo o familiar en el extranjero. Más de la mitad están en localidades de menos de 15 mil habitantes. Para el 60 por ciento de ellos, los envíos de dinero son la principal fuente de ingresos, o bien, la única.

La rápida recuperación económica de Estados Unidos, y los fuertes estímulos fiscales y de apoyo del gobierno a las familias de ese país, han contribuido también a que las remesas a México continúen creciendo en 2021.

Como muchos otros inmigrantes, Seiva está regularizando su situación migratoria. El año pasado no pudo acceder a la ayuda que extendió el gobierno del republicano Donald J. Trump a las familias. Sin embargo, ya bajo la presidencia del demócrata Joseph R. Biden, recibió 2 mil 800 dólares, mil 400 del año pasado y otro tanto durante el presente año.

Este año, el envío de remesas de Estados Unidos a México va en aumento. Muchos de los empleos perdidos en la Unión Americana ya se recuperaron, y para marzo hubo 275 mil posiciones adicionales para mexicanos respecto al año antes. De mayo del año pasado a marzo se generaron 1 millón 200 mil empleos, según datos del CEMLA.

El trabajo que muchos migrantes mexicanos, como Alfonso Seiva, realizan en Estados Unidos es manual, pero de oficio. (Cortesía Alfonso Seiva)

Para comida, estudios y medicinas

Como en el caso de los Álvarez, la educación es uno de los mayores usos de las remesas por parte de las familias receptoras en México, según el Anuario de Migración y Remesas 2021, de BBVA. “En general las comunidades expulsoras tienen mayores niveles de educación, porque no tienen la necesidad de mandar a sus hijos a trabajar, gracias a las remesas que reciben”, dijo Juan José Li, economista senior de BBVA, quien elabora el anuario.

Pero antes de usarlo en educación, las familias cubren otros rubros importantes: alimentación, salud y vivienda. Gran parte de los hogares en México que reciben dinero de Estados Unidos está en poblaciones con menos de 2 mil 500 habitantes, es decir, en comunidades rurales que pertenecen a los seis deciles más bajos de ingreso.

Con los dólares que les llegan, la mitad de esos hogares cubren de 50 hasta 100 por ciento de su gasto en alimentación. “Las remesas son un ingreso de las familias; no les sobra ni lo ahorran, lo requieren para subsistir”, dijo Li.

Según Álvarez, gracias a lo que manda su esposo han ido construyendo su casa en Tlachichuca, municipio del estado de Puebla. En un principio, esta era únicamente un cuarto en el que vivían solo los dos. “Hace 20 años no tenía refrigerador ni estufa. Ahora tampoco nos sobra, pero ya cada uno tiene su propio cuarto”, dijo.

El cuidado de jardines, llamado ‘landscaping’, es otro oficio que muchos migrantes mexicanos realizan en Estados Unidos. (Boris Debusscher/Unsplash)

En estados como Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Zacatecas y Nayarit, las remesas representan casi el 10 por ciento de su PIB estatal, más del doble del 3.8 por ciento que representan a nivel nacional, según el estudio.

Los expertos coinciden en que el aumento de las remesas continuará conforme mejore aún más la economía de Estados Unidos, lo que también podría generar una mayor migración de mexicanos hacia la Unión Americana.

“De mantenerse las condiciones actuales de recuperación en la economía estadounidense, se estima que las remesas a México para 2021 podrían crecer 7.0% y ubicarse en un monto cercano a los 43,450 millones de US dólares”, dice el reporte de BBVA Research.

Sin embargo, el problema es que los gobiernos estatales, municipales y el federal se han acostumbrado a depender de las remesas, en lugar de generar los empleos necesarios para que los hogares puedan invertir y ahorrar lo que reciben en lugar de pagar su gasto corriente, dijo Bazbaz.

“[Las familias de los migrantes] no deberían contar con las remesas como fuente de financiamiento para cubrir su gasto corriente. Eso tendría que venir de la creación de empleos y programas sociales, que les permita a las personas superar la línea de la pobreza”, dijo.

(Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos)

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