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Elecciones subrayan crisis de sistema chileno de pensiones 

Millones de chilenos retiran su dinero de las empresas de pensiones, y la sociedad exige cambios mediante protestas. 

TALCA, Chile — En medio de una grave crisis que amenaza su existencia, en 2021 se cumplen cuarenta años desde la creación del sistema de pensiones chileno, también conocido como AFP, siglas que se usan para denominar a las empresas Administradoras de Fondos de Pensiones.

El 15 y 16 de mayo, habrá elecciones que podrían determinar el futuro de un sistema en crisis. Los chilenos elegirán a 155 delegados que escribirán la nueva Constitución. El proceso durará un año, y después habrá otra votación para aprobar el nuevo texto. El asunto de las pensiones es uno de los temas delicados que llevaron a estos comicios.

Las primeras señales de alarma sobre el primer sistema de seguridad social privado del mundo se dieron en agosto de 2016, cuando el economista José Piñera concedió una entrevista a Televisión Nacional de Chile, el canal estatal del país. El creador del sistema de capitalización individual afirmó que las AFP funcionaban muy bien y entregaban pensiones bastante altas. Su opinión difería de la de muchos ciudadanos que reciben pensiones por un promedio de 400 dólares mensuales.

Una organización no gubernamental llamada No Más AFP organizó en marzo de 2017 una marcha de protesta que congregó a 800 mil ciudadanos en Santiago, y dos millones más en el resto del país.

Después, en octubre de 2019, una revuelta generalizada llevó al Congreso de Chile a ordenar a las AFP devolver 37 mil millones de dólares a los ciudadanos, entre otras medidas, para calmar a la población.

Carlos Rivadeneira escribió un libro sobre el sistema privado de pensiones en Chile. Es considerado un experto en el tema. (Cortesía Carlos Rivadeneira)

“El sistema privado de pensiones chileno no sirve como medio de protección social, ni en Chile ni en ninguna parte del mundo, porque es un sistema de seguro privado (lógica de justicia conmutativa, tanto aporto, tanto es mi cobertura) que tiene una estructura de financiamiento de las pensiones (de vejez, invalidez y sobrevivencia) que lo único que asegura son pensiones muy bajas, incluso para las rentas más altas”, dijo Carlos Rivadeneira, abogado y doctor en Derecho de Seguro Social.

El actual Presidente de Chile es Sebastian Piñera, el hermano menor de José Piñera, y es el principal accionista en dos AFP: Planvital y Habitat. Muchos chilenos consideran esto un conflicto de interés, ya que el presidente del país estaría defendiendo sus intereses comerciales en las AFP.

Actualmente las AFP controlan 200 mil millones de dólares que se han acumulado desde 1980, cuando José Piñera era Ministro de Trabajo y Seguridad Social en la Junta Militar dirigida por el general Augusto Pinochet. Esto deriva en otro punto de conflicto sobre las AFP: mientras los civiles son obligados por ley a depositar su dinero en una AFP, los 175 mil miembros de las Fuerzas Armadas y la policía tienen su propio sistema de pensiones que se financia con una deducción del 1 por ciento del PIB del pais.

José Piñera había sugerido que el personal de las Fuerzas Armadas también estuviera en las AFP, pero Pinochet no aceptó. Hoy, la pensión de un militar o policía es cuatro veces más alta que la de un civil. Por otra parte, los expresidentes Eduardo Frei (1994-2000), Ricardo Lagos (2000-2006) y Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018) reciben pensiones de 20 mil dólares mensuales.

Hay tres empresas de Estados Unidos con inversiones en el sistema AFP. Metlife es dueña del AFP Provida; Prudential Financial tiene el 40 por ciento de las acciones del AFP Habitat; y Principal Financial Group es dueña del AFP Cuprum desde 2012.

El sistema de pensiones “es un excelente negocio para los grupos económicos dueños del país, que con las cotizaciones de los trabajadores aseguran dinero líquido para invertirlo en sus negocios”, dijo Rivadeneira. Ellos “se enriquecen con las inversiones y si hay pérdidas, pierde el trabajador, porque son sus cuotas de fondos de pensiones las que se invierten, su dinero el que se disminuye. Y en la pasada, sea que los fondos de pensiones tengan ganancias o pérdidas, las AFP ganan a todo evento porque cobran comisión siempre. Esto es un fraude legal”.

Los chilenos protestaron muchos aspectos del sistema privatizado, entre estos el sistema de seguro social. Este fin de semana, los ciudadanos elegirán a los constituyentes a cargo de redactar su nueva Carta Magna. (Vladimir Fedotov/Unsplash)

Uno de los principales expertos en el sistema AFP es Gino Lorenzini, director de una empresa llamada Felices y Forrados, que asesora a 200 mil suscriptores sobre temas de pensiones. Esta empresa no podrá continuar funcionando después de junio de este año, ya que el Congreso creó una ley que prohíbe a un individuo o empresa dar consejos financieros, bajo pena de cárcel y una multa significativa.

Lorenzini presentó su candidatura para convertirse uno de los 155 delegados que serán elegidos este fin de semana para redactar una nueva Constitución. El Servicio Electoral rechazó su candidatura.

“En la historia han existido 2 sistemas previsionales: el de reparto y el de capitalización individual. Los sistemas de reparto se desfinanciarán en Europa en esta década porque son una estafa piramidal que está colapsando por el cambio demográfico”, dijo.

Los sistemas de capitalización funcionan bien cuando el administrador busca la mejor relación entre riesgo y retorno. Pero cuando el administrador tiene incentivos perversos, y los fondos pierden sin ningún castigo, debido al poder de la integración vertical entre las AFP y las aseguradoras, ocurre el problema de la baja confianza ciudadana que existe en el sistema de las AFP, dijo el experto.

Lorenzini cree que la confianza es clave para cualquier sistema, “y hoy en Chile hay un escenario de populismo que podría llevar al regreso a un sistema de reparto, lo cual sería un enorme error, o que el sistema evolucione rompiendo los conflictos de interés e incentivando que existan 20 AFP para generar mayor competencia”.

“El sistema ideal es una evolución del sistema de capitalización, que se basa en ahorro, y el sistema de reparto, que se basa en solidaridad. La evolución sistémica sería una capitalización individual, pero con financiamiento solidario estatal. El concepto es que el Estado tome deuda a largo plazo y preste importantes cifras para ser invertidas en capitalización individual”, dijo.

Los manifestantes en Chile se decían hartos de un sistema nacido con la caída de Augusto Pinochet, el cual dio continuación a programas designados como ‘neoliberales’ que incluyen la privatización total de las pensiones. (Sebastian Navarro/Unsplash)

“De esta forma, las personas usufructúan de la rentabilidad, mejorando las pensiones, pero al momento de fallecer, se devuelve el préstamo al Estado, con rentabilidad. En simple, es el concepto de hijo feliz, que el Estado invierta y preste 3 mil dólares por hijo al nacer”.

Lorenzini explica que, “si [una persona] fallece antes de los 65 años, el Estado recupera el préstamo más la rentabilidad. Si vive 85 años, la persona usufructúa de la rentabilidad entre los 65 y los 85 años, y al fallecer, automáticamente el Estado recupera su inversión multiplicada varias veces con la rentabilidad acumulada hasta los 65 años”.

Santiago Rosselot, economista con la Fundación Sol, una ONG que analiza temas laborales, de educación y de pensiones, cuenta cómo la pandemia ha realzado los problemas con el sistema de pensiones.

“Desde el inicio de la pandemia, el actual sistema de pensiones ha sufrido golpes que uno no se hubiese imaginado antes. Los retiros que se han realizado, si bien llevan a los/as trabajadores/as a pagar [sus necesidades durante] la crisis con sus propios ahorros, han acabado con la noción de que el dinero en las cuentas de capitalización individual es intocable, transfiriendo una cantidad importante de recursos desde las AFP hacia los hogares”.

Dice que un cambio podría ser inevitable.

“En este contexto, y proyectando más retiros a futuro, es que difícilmente el sistema de AFP pueda seguir funcionando de la misma manera. Además, es un sistema impuesto en dictadura, que no tiene legitimidad social y que es entendido como un elemento central del modelo neoliberal chileno frente al cual la sociedad estalló en octubre de 2019. El sistema actual fracasó, entrega pensiones insuficientes y sirve en la práctica para financiar a los grandes grupos económicos. Esperamos que pueda cambiar”, dijo.

Con la idea de equilibrar el retorno a la democracia, los chilenos votaron en las elecciones del año pasado por crear una nueva Constitución que reemplace a la que dio tanto poder al gobierno al final de la dictadura de Pinochet. Con esta respuesta a las protestas masivas, se anticipan cambios significativos en todos los niveles del sistema. Este fin de semana, las nuevas elecciones podrían sentar las bases de este cambio.

(Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos)

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