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La Reforma Educativa en México podría ser una utopía

El derecho universal de ir a la escuela en condiciones de equidad es una meta elusiva, y más con la pandemia.  

CIUDAD DE MÉXICO — México busca reformar su sistema educativo a nivel federal desde hace décadas. Hoy, los problemas persisten y se acrecientan debido a la pandemia.

“No hay esperanza por la situación laboral y económica del país y veo tristemente que la educación es el reflejo de la sociedad. No obstante, esta sí debe tener un futuro. Sería angustiante decir que no [la tiene]”, dice Guillermina Calderón Flores, de 53 años, maestra de primaria con 33 años frente a las aulas, quien actualmente imparte clases en tercer grado.

En México, la educación laica, gratuita y obligatoria es un derecho constitucional. También busca asegurar una educación pública, inclusiva, pluricultural, de calidad y con equidad de oportunidades en todos los niveles escolares. Según propuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador en la Reforma Educativa (RE) y la Nueva Escuela Mexicana (NEM) hace dos años. Además, quiere instalar 100 universidades en todo el país.

“Me gustaría que hubiera una educación que se adaptara a las diferentes habilidades que uno puede tener”, dijo Darío Kin. (Nazaret Estrada)

Entre los retos que enfrenta el sistema mexicano y la llegada de la pandemia, los resultados han sido desalentadores para muchos maestros y alumnos.

Voces desde el exilio … escolar 

Darío Kin, de 14 años, alumno de segundo de secundaria del Instituto Aberdeen, dice que sabe poco de la Reforma, más allá de que las niñas tienen derechos y que hay que  equidad para que todos puedan estudiar.

No está seguro de que esta meta se esté logrando. “Me gustaría que hubiera una educación que se adaptara a las diferentes habilidades que uno puede tener”, dijo.

A Kin no le gusta estudiar en línea. “Los errores del Internet son horribles. Si tienes mala señal y estás en medio de la clase, [el sistema] te saca aunque tú no quieras; se traban los audios y cosas así”.

Sarahí Hernández Gómez, de 19 años, alumna de cuarto semestre de biología en la FES Iztacala, actualmente estudia en línea debido a la pandemia. Señala que la educación que los estudiantes reciben durante el confinamiento no es de calidad, “porque muchos maestros no están capacitados para dar clases en la forma en que lo están haciendo”.

De forma paralela a la reforma educativa, el gobierno de México aprobó una serie de apoyos económicos para estudiantes de bajos recursos. “No es cierto que la beca sea para todos”, dice Hernández Gómez al respecto “Si al gobierno le importara tanto que no desertáramos, ahora no habría tantas personas que dejaron de estudiar por motivos económicos”.

La joven agrega, “México es de los que dice, ‘quiero tener un país que no sepa, un país borrego’, en lugar de optar por tener un pueblo que sí sabe, que sí lee, que sí se informa”.

Elena Barón (izquierda) y Sarahí Hernández Gómez (derecha) ven algunos problemas con el sistema educativo en México. (Nazaret Estrada)

Elena Barón, de 19 años y estudiante de segundo semestre de psicología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (UNAM), dice que la pandemia ha sido otro golpe.

“De por sí, íbamos a un ritmo lento, y nos costaba trabajo estudiar. Como que con el tiempo, se fue haciendo evidente esta falta de herramientas tanto técnicas como de conocimiento. Nadie estaba preparado. Y, sí, reconozco que se ha hecho un esfuerzo, pero no es suficiente”, dijo.

Además, Barón dice no entender cómo se otorgan las becas.“Creo que un problema de las becas es que [el proceso] es muy burocrático”. Ella no ha recibido una, lo que la entristece.

“Esto es injusto. Todos estamos en una situación difícil y necesitamos ese incentivo para seguir estudiando. Es muy triste, no recibirlo, sin saber por qué. Mi promedio es de 9.5”.

La joven comenta sobre el tipo de educación que recibe en el país. “Nunca nos han enseñado a ser analíticos, pensantes o reflexivos. Es difícil que de la nada desarrollemos un pensamiento crítico. Necesitamos tiempo y práctica”, dijo.

La pandemia complicó más la situación escolar de los niños mexicanos, y la deserción aumenta. (Maria Thalassinou/Unsplash)

La historia se repite

Desde la década de 1950, en México se han presentado promesas políticas con eslóganes que cambian cada sexenio, pero que invariablemente resultan similares “para el bien de la educación”.

Una de las más conocidas, la reforma educativa de Enrique Peña Nieto (2012–2018), ‘Educación de calidad con equidad’, consideraba que si los maestros tenían un alto nivel educativo, lo que se evaluaría de forma “imparcial, objetiva y transparente”, los niños tendrían la oportunidad de adquirir una educación de calidad.

Esta reforma, dirigida a la educación básica y media, dio becas; fortalecía una educación pública, laica y gratuita; buscó eliminar la comida chatarra dentro de las escuelas; y apoyó a las instituciones de tiempo completo (de 6 a 8 horas). No obstante, trajo mucho descontento.

Las evaluaciones a docentes y directivos fueron llevadas a cabo por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, ahora extinto. Los resultados trajeron como consecuencia despidos plazas docentes o puestos directivos. En otras palabras, los maestros debían ser sometidos a exámenes para conservar su trabajo. Así, Peña Nieto había declarado la guerra al sindicato de maestros, uno de los más poderosos de México.

Los docentes furiosos se manifestaron por todo el país. Millones de niños de lugares como Oaxaca y Chiapas se quedaron sin clases.

López Obrador erradicó de raíz esta y otras reformas educativas, pero sus propuestas también han sido cuestionadas, y más en la pandemia.

Muchas familias mexicanas no tienen acceso a Internet. Algunas ni siquiera tienen una computadora. (Ben Richardson/Unsplash)

Si antes del COVID-19 los estudiantes no alcanzaban los niveles básicos de competencias educativas, ahora hasta es probable que niños y jóvenes de escasos recursos dejen la escuela para siempre.

A pesar de los esfuerzos del gobierno para garantizar la educación a distancia a través de plataformas virtuales, radio y televisión, las interrupciones escolares han tenido un impacto negativo en el aprendizaje.

Las clases en línea han hecho evidente que el acceso a Internet en México es insuficiente; según la Encuesta para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación, 16 millones de hogares no tienen conexión.

Esta encuesta arroja que 80,851 estudiantes (26.6%) consideran que las clases a distancia son poco funcionales.

Retos enormes

La maestra Calderón Flores dice que la pandemia vino a complicar todo, pero que la situación ya era apremiante desde antes.

“Esto se viene arrastrando de mucho tiempo atrás. Los papás dicen, ‘Si tengo mi comercio y yo de aquí vivo, no tiene caso que mi hijo estudie para terminar de taxista… De ahí fue naciendo el desinterés por la escuela”.

La maestra Guillermina Calderón Flores pide que el gobierno federal diseñe un plan de educación y una renovación en el sistema escolar. (Nazaret Estrada)

La maestra considera que no se ven buenos resultados en el salón de clases. “En general hay un sentimiento de frustración y de tristeza porque hay un gran esfuerzo y un pobre resultado”, dice.

Si la Reforma Educativa se hizo para tratar estos “males”, Calderón Flores no está convencida de los logros.

“Los cambios que se propusieron en esta administración son loables, como el rescate de la lengua indígena, aunque todavía no sepamos cómo los van a llevar a cabo”, dijo.

“Dijeron, ‘vamos a diseñar cambios’, pero no los diseñan, no los proyectan, no los aterrizan, y mientras, trabajamos con los libros y el programa que nos dejó la administración pasada”.

La maestra marca una meta para Delfina Gómez, la nueva titular de la Secretaría de Educación Pública: diseñar un plan de educación, que incluya la renovación del sistema escolar.

“Tiene que fijar objetivos y marcar prioridades y atenderlas, sin sostenerse en el discurso de siempre”, dijo.

A pesar de todo, la maestra Calderón no pierde la esperanza en la educación y pone su fe en Gómez para que los cambios se realicen. “Cuando uno estudia, tiene otra visión del mundo, y esto cambia la vida”, dice.

(Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos)