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Parque de las Aves promueve la preservación de especies amenazadas en Brasil

Con 16 hectáreas, el lugar permite la observación de mil 300 aves de 130 especies diferentes.  

FOZ DO IGUAZÚ, Brasil — Aire tropical, una abundancia de plantas y personas interesadas que se preocupan por la naturaleza se reúnen en el sur de Brasil.

La única institución en el mundo orientada a la conservación de las aves de la Mata Atlántica se encuentra en ciudad de Foz do Iguazú, en la frontera occidental del estado de Paraná. Un bioma forestal tropical sirve de escenario para este parque.

Conocido como Parque de las Aves, el sitio ocupa 16 hectáreas y es considerado el parque más grande de América Latina. Cuenta con más de mil 300 aves, de 130 especies, muchas de las cuales están en peligro de extinción o son rescatadas del tráfico de animales salvajes. En el parque, guacamayos, loros, tucanes y canarios amarillos, entre otras aves, conviven con tortugas, caimanes y serpientes.

Harrison Andrade, publicista y turista de Río Grande do Sul, dijo que estaba impresionado por la belleza del parque y por el cuidado que la familia Croukamp, los dueños, y sus empleados le procuran. “Es mucho más que observar a los pájaros, es una experiencia sensorial. Escuchas los cantos, los sonidos de los pájaros, de todo el entorno. Es fantástico”, dijo.

Andrade destacó, entre los viveros de “inmersión” que visitó, el de los pájaros de los ríos y los manglares. En este lugar, hay varias aves que viven en el medio acuático, cerca de ríos o costas, como guarás, loros de cabeza morada, garzas y patos, además del tucán-toco, entre muchas otras especies.

“La proximidad de las aves con los seres humanos me llamó mucho la atención. Nunca había visto un tucán tan cerca, justo frente a mí. Conocía muchas de las aves solo por fotografías, como el halcón, también conocido como arpía. Este pájaro estaba en otro aviario”, dijo el publicista, que en sus horas de ocio trabaja como fotógrafo.

Harrison Andrade, turista de Río Grande do Sul, saca fotos del tucán. (Luciano Nagel/ Zenger)

El halcón (águila arpía) es el ave rapaz más grande de Brasil y solo construye sus nidos en árboles de más de 30 metros de altura. En el Parque das Aves vive un par: Hans y Esperanza.

“Ingresar a un vivero es una experiencia de aprendizaje enriquecedora. Tanto es así, que cuando regresé al hotel en la ciudad de Foz, fui a investigar más sobre la arpía, un ave encantadora y hermosa”, dijo Andrade.

El Parque fue inaugurado el 7 de octubre de 1994, por la pareja formada por Anna-Sophie Helene, veterinaria nacida en Alemania, y el sudafricano Dennis Croukamp, empresario de una mina de plata. Los dos, apasionados por los animales, incluidas las aves, se conocieron en Namibia, en el suroeste de África, en la década de 1970, donde trabajaron juntos y tuvieron dos hijas.

De izquierda a derecha, Anna-Sophie Helene con sus hijas, Anna-Luise y Carmel, y su marido, Dennis Croukamp, junto con los guacamayos en Foz do Iguazú. (Comunicación Digital del Parque) 

Actualmente, Helene, de 74 años, está jubilada y en aislamiento social por la pandemia. Su hija menor, Carmel Croukamp Davies, de 41 años, asumió la dirección en 2014. Croukamp Davies dijo que la idea de crear un parque con aves comenzó en Namibia, cuando sus padres recibieron de regalo una cría de loro gris africano, Pumuckl, que pronto se convirtió en miembro de la familia.

“Este loro [hembra] vivía libre, y cuando era la hora de almorzar, mi madre tocaba la flauta y ella venía volando directamente hacia mi madre para alimentarse”, dijo.

La familia pronto fue en busca de una pareja para Pumuckl. Su primer “novio”, otro loro gris africano, no se ganó su corazón. Pero la familia adquirió más loros del Congo y otras aves, hasta que el lugar donde vivían en Namibia se convirtió en un gran aviario de aves africanas.

El sudafricano Dennis Croukamp se ve con su mascota, un loro gris africano. (Comunicación Digital del Parque)

En 1990, la familia se mudó a la pequeña Isla de Man, entre Irlanda e Inglaterra, en el Reino Unido.

Un día un amigo del Señor Croukamp, que había viajado por Sudamérica, habló con la pareja sobre la belleza de las Cataratas del Iguazú, considerada una de las siete maravillas de la naturaleza, en la ciudad de Foz de Iguazú. Les sugirió conocer la región y abrir un “atractivo turístico”.

El amigo quería construir un parque que albergara cocodrilos. “Mi papá le dijo, ‘No me gustan los cocodrilos, lo que a mí me gustan son las aves’”, dijo la hija menor.

La familia Croukamp dejó la isla británica, compró 16 hectáreas de terreno en Foz do Iguaçu, Paraná, y comenzó la construcción del Parque de las Aves.

Los primeros animales que hicieron del inmenso terreno su hogar provinieron de donaciones e incautaciones realizadas por el Instituto Brasileño de Medio Ambiente (IBAMA).

El dinero invertido en las obras provino del ahorro familiar.

Se conserva el primer proyecto del Parque de las Aves. (Comunicación Digital del Parque)

“De hecho, mi padre puso todo el dinero de su jubilación en el parque y, en ese momento, recuerdo que incluso tuvo que vender su automóvil. La idea original era albergar aves de todo el mundo, pero en 2016, nos dimos cuenta de que muchas de las aves de la Mata Atlántica estaban en peligro de extinción, y hoy somos la única institución en el mundo que se enfoca en la conservación de estas aves”, dijo Croukamp Davies.

Carmel Croukamp Davies es la directora general del parque desde 2014. (Comunicación Digital del Parque)

Entre las aves en peligro de extinción se encuentran la Jacutinga (Aburria jacutinga), una especie que vive solamente en la Mata Atlántica. Mide aproximadamente 70 cm, y pesa un poco más de 1 kg. Su mayor atractivo reside en sus colores: plumas, especialmente negras, con detalles blancos en las puntas de las alas y en la cabeza, pico azulado y el buche rojo con matices de azul.

De acuerdo con la evaluación de riesgo realizada por BirdLife International, el ave está ‘En Peligro’ (EN) y ya ha desaparecido de muchos lugares donde se le había visto anteriormente.

La Jacutinga es una de las especies de la Mata Atlántica en peligro de extinción. (Comunicación Digital del Parque)

Dos años después de la apertura del parque, Dennis Croukamp murió de cáncer, a los 70 años, en la Isla de Man. Hoy, cualquiera que visite el Parque de las Aves puede ver un memorial dedicado a él en su lugar favorito, la Guardería Aves de Ríos y Mangues.

 Dennis Croukamp se ve en el Parque de las Aves. (Comunicación Digital del Parque)

Una inmersión en los viveros

El Parque de las Aves cuenta actualmente con 23 viveros para visitas y 5 para “inmersión”, donde el visitante puede ingresar al hábitat, estar cerca de las aves como tucanes, guacamayos, loros y periquitos, e incluso darles de comer frutas y raciones especiales.

Un empleado explica a los visitantes los diferentes tipos de aves, sus características, la alimentación de cada especie, en qué región de Brasil se encuentran y si están en peligro de extinción. Más del 50 por ciento de las aves que llegan al parque son rescatadas de manos de los traficantes, y muchas llegan lesionadas.

Viveros de guacamayos. (Luciano Nagel/ Zenger)

También hay un jardín donde los turistas pueden observar de cerca diversas mariposas, orugas y capullos. Las manos de John Leggat, un amigo de Dennis Croukamp, dieron vida a este sitio.

De acuerdo con la bióloga y gerente del sector de Participación y Defensa del Parque de las Aves, Luciana Leite, “Más que simplemente crear conciencia y educar a la gente sobre los problemas de la Mata Atlántica que enfrenta nuestra flora y fauna, necesitamos involucrar al visitante para que sea parte de ese cambio”.

Leite explica que, cuando los visitantes interactúan con los animales, comprenden cómo pueden llevar estas lecciones de aprendizaje a la vida cotidiana, e incluso a su hogar. La gerente citó como ejemplo el restaurante dentro del parque que tiene en el menú platillos con plantas alimenticias no convencionales.

“Estas plantas nos muestran cómo es nuestro bosque aquí, la biodiversidad que existe en él, que también nos sustenta y, en consecuencia, trae salud, y por eso debemos preservarlo”, dijo.

La bióloga, quien trabaja en el parque desde hace poco más de dos meses, dijo, “Aquí aprendemos la historia de cada animal, de dónde vino, si fue capturado, si fue víctima de abuso. Tenemos algunas especies que están en peligro de extinción y que hoy se pueden reproducir aquí bajo nuestro cuidado y podemos después devolver a la naturaleza. Para mí, esto es muy gratificante”.

A la bióloga Luciana Leite le encanta trabajar con aves. (Comunicación Digital del Parque)

El paseo por el parque puede durar de una a tres horas, según el tiempo que los visitantes se den para disfrutar cada vivero.

El horario de visitas es de martes a domingo de 9 a.m. a 4 p.m. El boleto cuesta un poco más de US$10 por persona, para turistas brasileños o extranjeros. Los niños menores de 8 años, acompañados de sus padres, no pagan entrada. Durante la pandemia, el uso de tapabocas es obligatorio en todo el parque.
(Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos)