Menu

Perder al mejor amigo: el duelo por una mascota es real

Puede haber sensaciones de enojo, dolor y culpa cuando el animal muere. 

La muerte de una mascota en muchos casos provoca un duelo fuerte.

“Laila fue mi perrita por 14 años”, dijo Claudia Landeros, técnica en administración de empresas turísticas.

“Murió tras una cirugía en la que le extirparon un tumor y su matriz. La cirugía, según el veterinario, había sido exitosa, pero ya en casa empezó con una hemorragia. Su muerte me sumió en una profunda depresión”, dijo.

Las mascotas se han distinguido por brindar un amor incondicional y por volverse un miembro de la familia. Cuando faltan, el golpe puede ser muy duro.

Se dice que regalan todo sin pedir nada a cambio. Para muchos dueños, no resulta nada fácil asumir que su amado amigo no volverá más y que tampoco volverán los bellos momentos de alegría y cariño.

Cuando una mascota muere, las personas pueden tardar mucho en conseguir otra, por sensaciones de fidelidad o simple tristeza. (Tran Mau Tri Tam/Unsplash)

El dolor por la pérdida de las mascotas se manifiesta de diversas formas. En el caso de Landeros, una doctora le recetó calmantes y antidepresivos.

“La noche después de que la sepultamos, intenté rascar la tierra y sacarla,” dijo.

“Mi familia me tuvo que detener. Fue mucho tiempo en el que sentí culpa. Pensaba que a esa edad no tenía caso que la hubiera llevado a cirugía. Fue muy duro todo ese proceso de entender lo que sucedió con ella”.

Uno de los sentimientos que más destaca con la muerte de una mascota es la negación. Es más, incluso cuando ya haya pasado algún tiempo, muchos dueños consideran que tener una nueva mascota es ser infiel al animal fallecido, dice Sandra Benítez, mexicana especialista en tanatología.

“Perder a un ser tan querido del cual hemos obtenido lealtad y alegría es una situación muy difícil”, dijo.

“Cuando fallece o se toma la decisión de dormirlo por recomendación del veterinario para no someterlo a más encarnizamiento terapéutico, pues parte de nuestro corazón se rompe”.

Se recomienda enfocarse en los momentos compartidos y aceptar que se dio lo mejor que se pudo al amigo animal, sin sentimientos de culpa. (Veronika Jorjobert/Unsplash)

Para casos como el de Landeros, la tanatóloga recomienda vivir la tristeza y asumirla, para evitar que nos consuma. Con el pensamiento y las emociones bajo control, llegará la aceptación y más tarde el recuerdo de lo que fueron esos grandes momentos al lado de la mascota.

También suele presentarse el sentimiento de culpa, el cual es injustificado, según la terapeuta, y complica aún más la lucha por la aceptación.

Puede haber la sensación de enfado hacia el veterinario, al suponer que no ha podido salvar al animal, e incluso enojo con uno mismo por no poder atenderlo de la mejor manera.

Benítez dice que hay que recordar que la mascota siempre permanecerá en nuestros corazones, y que no le hemos fallado.

“Se debe tener la satisfacción del deber cumplido”, dijo.

“El saber que fueron el mejor amo que pudieron ser, sin recriminarse el tiempo que no se le dedicó. Saber que hicieron lo mejor que pudieron con los recursos que tenían y las circunstancias en las que estaban”.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)