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Tras las rejas, el teatro es un soplo de libertad

La Compañía de Teatro Penitenciario da una oportunidad de expresión a personas que buscan cambiar su vida. 

CIUDAD DE MÉXICO, México — A veces parece que, al entrar en prisión, el tiempo se detiene.

Ahora, gracias a la Compañía de Teatro Penitenciario, los internos tienen una oportunidad para seguir soñando y para reencontrarse a sí mismos en la sociedad.

Hace poco más de 12 años, la actriz, productora, conductora y directora Itari Marta, directora de la compañía, encontró gracias a una interna de fama internacional, Sara Aldrete, una oportunidad para integrar su quehacer artístico a las prisiones.

Aldrete, quien paga condena en el penal femenil de Santa Martha Acatitla, tenía un grupo de teatro dentro del penal.

Itari Marta es la directora de la Compañía de Teatro Penitenciario. (Andrés Vargas Reynoso)

“Conocer a Sara [Aldrete] me hizo notar que hay un material de trabajo que no estaba considerando. Hicimos una obra con ella y cuando concluyó el proyecto, se pusieron en contacto conmigo los internos del penal varonil”, dice Marta.

“Respondí al llamado y sentí una conexión muy fuerte con ellos; vi un camino para aportar algo a la sociedad, no hacer teatro por hacerlo, sino que haya repercusión política y social del lado de los victimarios en este caso”.

La búsqueda de oportunidades entre los internos que se acercaron a la compañía, así como su compromiso, permitieron a Marta darse cuenta del potencial artístico que existía. El proyecto se desarrolló de forma profesional con actores dentro y fuera del penal.

“Propusimos entonces que esta calidad escénica e interpretativa pudiera ser apreciada no solo dentro de la penitenciaría, sino también afuera, y que se pagara un boleto por verla”, dijo.

Las negociaciones con las autoridades llegaron a buen término, de tal forma que público externo puede visitar la cárcel. Los visitantes pagan un boleto y el 100 por ciento de los ingresos de la taquilla es para los internos que forman parte de la compañía.

“Comenzamos a reivindicar a las personas que estaban en ese contexto. Los internos descubrieron que eran personas que valían la pena, a pesar de estar cumpliendo una condena”, dijo Marta.

Sobre el talento de los internos, Marta dice que, por el dolor que causa el confinamiento, las cárceles “te conectan con lugares muy profundos. Hay muchas historias valiosas, condiciones de vida complejas con mucho material de trabajo; hay ganas y mucha voluntad. Esa es la combinación para tener coraje, y si esa energía tan fuerte la colocas donde vale la pena, se convierte una bomba”.

De acuerdo con la directora de la Compañía de Teatro Penitenciario, el teatro es un espejo para el espectador. “Estos hombres se mueren por contar sus historias, sacar sus sentimientos, y que alguien les escuche su verdad. Llevamos 12 años trabajando; hemos hecho muchas cosas y seguimos juntos”, dijo.

La intensidad de las actuaciones refleja los sentimientos que los internos desean comunicar. (El77cca)

Uno de los principales logros fue actuar en el Teatro de la Ciudad, en el marco de una Muestra Nacional de Teatro.

“Hemos ido modificando vidas. Es una forma de tender puentes de comunicación entre los miembros de la sociedad. Es aportar a la sociedad”, dijo Marta.

Emoción, nervios, energía y sudor frío

Javier Cruz, un exinterno que pasó cerca de 20 años en prisión, formaba parte de un grupo de teatro en el interior del Penal de Santa Martha Acatitla y participaba en obras de teatro para celebrar el Día de las Madres y las pastorelas de fin de año.

Javier Cruz realizaba obras para el Día de las Madres y pastorelas de Navidad. (El77cca)

“En una ocasión, llegó Itari al penal y nos comentó que iba a dar un taller de teatro en cuatro sesiones e iba a enseñarnos herramientas que sirven tanto para el trabajo como para la vida”, dijo.

Uno de los principales contrastes que advirtió al integrarse a la compañía fue poder trabajar en equipo, “porque dentro de la cárcel es difícil trabajar en equipo, a menos que sea para hacer algo malo. Y eso es muy diferente haciendo teatro. Gracias al teatro, podemos mostrarnos a nosotros mismos, y a los demás, que sí podemos hacer algo diferente y no delinquir”, dijo.

Cruz está convencido de que la gente sí puede cambiar y no solo modificar algunas acciones. “Conocí el teatro, me gustó y me cambió la vida. Me volví más consciente de lo que hago. He aprendido a escuchar a la gente, a pensar las cosas antes de hacerlas. Estoy seguro de que la gente sí cambia. Ahora me gusta trabajar, me he vuelto más responsable”, dijo.

La violencia como algo cotidiano

Valeria Lemus, de 27 años, la única mujer actriz de la compañía, salió de Tampico, Tamaulipas, rumbo a la Ciudad de México hace ocho años. Buscaba un medio de expresión que le permitiera canalizar la angustia que le dejaba el incremento de violencia en su ciudad. Lemus no es una interna, “pero mis compañeros dicen, en broma, que es porque no me han cachado todavía”, dice entre risas.

“En mi mayor momento de adolescencia y de convivencia social, la violencia aumentó en Tampico. Ese estar alerta en la casa o la escuela por los tiroteos no es algo que me hayan contado; yo lo viví”, dijo.

“Estar cerca de situaciones de violencia era mi cotidiano. Eso me formó como persona. No hui de Tampico por la violencia, sino para crear. Y el teatro me llenó de ganas para poder salir”.

Lemus dice que las obras que la compañía ha montado son interesantes, entretenidas y propositivas, contundentes tanto para la audiencia como para los exinternos e internos que viven “un camino de reinserción y construcción personal a través del arte, porque el arte sirve para tener conciencia de nuestro universo”, dijo.

El teatro es para cualquier clase social

Tras cumplir su condena, Ismael Corona, de 28 años, exinterno y actor de la compañía, sintió la necesidad de comunicar, decir muchas cosas, y en el teatro encontró el escenario perfecto.

Ismael Corona piensa que la Compañía de Teatro le ha permitido modificar sus acciones de forma positiva. (El77cca)

De izquierda a derecha, Ismael Corona, Valeria Lemus y Javier Cruz forman parte de la compañía. (Andrés Vargas Reynoso)

“El teatro se convierte en otra necesidad”, dijo. “Para mí no es un trabajo, sino otra cosa donde puedo canalizar mi persona. Antes pensaba que el teatro era para cierta clase social acomodada, y no es verdad”.

Sobre cómo el arte ha cambiado su vida, Corona señala que se ha vuelto más consciente de su realidad y ha aprendido a tomar decisiones para no caer en lo que él llama “incongruencias personales”.

“Es difícil romper cadenas”, dijo.

“Puedo decir que cambié gracias al teatro; modifico acciones de forma positiva y sostener todo eso te hace consciente de dónde estás parado, en qué México estamos. Porque al salir de la cárcel me di cuenta de que, a pesar de estar en libertad, seguimos encapsulados, pero cada quien escoge su celda y el nombre que quiere ponerle”.

(Editado por Melanie Slone y Gabriela Alejandra Olmos)