Menu

Se lavan los pies de otros en Semana Santa 

El acto se remonta a la Última Cena, cuando Cristo lo realizó para sus doce discípulos. 

Para los católicos y los cristianos, el ‘lavatorio de pies’ es una acción llena de simbolismo. Representa la vocación de servicio, la humildad y la igualdad que los seguidores de Cristo deben practicar.

La tradición remonta a la muerte de Jesús por la crucifixión. El Jueves Santo, durante lo que se denomina ‘La Última Cena’ con sus doce discípulos para marcar la Pascua, Cristo puso el ejemplo. Tiró de su manto y lavó los pies de los doce, según San Juan en el Evangelio de la Biblia.

La enseñanza cristiana del acto es recordar que primero está el servicio a los demás, lo que significa que no hay distinción social, ya que todos son hermanos e iguales entre sí.

“Es un signo de humildad por parte de Nuestro Señor Jesucristo”, dijo Marisol Luna, catequista del estado de Veracruz, “Asimismo, es una lección que nos da para que aprendamos a servir a los demás. Buscar servir, no ser servidos”.

El agua de los lavatorios cobra un significado especial al relacionarse con la pureza, mientras que los pies representan la sumisión de quien los limpia o besa.

El acto representa el servicio, la humildad y la igualdad. (Rita Laura/Cathopic)

Cuando Jesús lavó los pies de los doce apóstoles, mostró un ejemplo de humildad y actitud servicial, para así poner el ejemplo de que el ser humano es capaz de hacer lo mismo por el prójimo en un acto guiado por amor y bondad.

Hoy, este lavatorio es una ceremonia litúrgica que se lleva a cabo el Jueves Santo de la Semana Santa; el Papa lava los pies de doce personas de escasos recursos, realizando la misma acción que tuvo Jesús.

No solo la Iglesia Católica lo hace, sino también la Ortodoxa, aunque ambas sostienen costumbres diferentes, pero el lavatorio simboliza lo mismo. Las creencias protestantes también tienen la costumbre de realizar el acto.

Resalta que Cristo, quien guiaba a los discípulos y era el hijo de Dios en la Tierra, se puso al servicio de quienes lo seguían, sus alumnos. Demuestra la capacidad que todos tienen en su interior de servir al otro, y de encontrar gloria al hacerlo.

“Yo lo vivo muy hondamente porque para mí es algo que Dios me regaló. Ha sido como un regalo que se me otorgó”, dijo Alejandro Lezama, feligrés de 70 años originario de Puebla, México, quien en 2019 fue uno de los hombres a los que el arzobispo del estado de Veracruz Víctor Sánchez Espinosa lavó los pies.

El lavatorio de pies se realizó durante la Última Cena que Cristo compartió con sus discípulos para marcar la Pascua, un día antes de su arresto y crucifixión. En esta cena también compartió pan y vino, como símbolos de su carne y sangre. (Jametlene//Unsplash)

Ante los ojos de la religión, el objetivo del mundo se encuentra en servir al otro. El egoísmo puede vencerse con la generosidad y la entrega.

Según la Iglesia, cuando Jesús se puso al servicio de Su Padre para salvar a la humanidad, demostró que estaba dispuesto a entregar su vida por amor. Cuando el mundo se reconoce en Él, puede hallar la luz y la esperanza que le hacían falta como motivación.

“El lavatorio recuerda que a los católicos que deben servir a los demás sin importar la posición en que uno se encuentre; todos somos iguales a los ojos del señor. Se puede hacer con personas de la comunidad, niños, gente en situación de calle, personas recluidas en alguna prisión, pobres, ricos, ya que, para Jesús, todos somos iguales”, dijo José Roberto Ruiz Duarte, párroco de la Iglesia San José Obrero, de la ciudad de Boca del Río, Veracruz.

El lavatorio de pies puede parecer algo muy sencillo, pero manifiesta un acto profundo de entendimiento, comprensión y empatía por los demás. Es una costumbre muy respetada y admirada, así como significativa para la fe religiosa.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)