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Entre el tráfico por una moneda: los limpiaparabrisas

Jóvenes mexicanos sin otras oportunidades se ganan la vida al sorprender a conductores y limpiar su cristal en los semáforos. 

El tiempo está medido. Tienen aproximadamente un minuto para limpiar lo más rápido posible. Si tienen suerte, algún compañero los ayuda, a cambio de la mitad de la gratificación.

Si les va bien, el conductor del vehículo no se molesta por la sorpresa con la cual abordan el vehículo, sin dar la oportunidad de que el automovilista se niegue a recibir el servicio.

Así es el trabajo de los limpiaparabrisas callejeros.

Ante la falta de empleo, los oficios urbanos son una alternativa para miles de niños, mujeres y hombres que buscan una opción para llevar el pan a sus hogares o simplemente para subsistir en las calles.

La situación se agrava cuando son cada vez más las personas que se dedican a estos oficios callejeros, donde sobresalen los limpiaparabrisas, en su mayoría jóvenes que ven una entrada fácil de dinero.

Es muy común que, sobre las principales calles y avenidas de las principales ciudades, sorteen a los automovilistas con el fin de aventar un chisguete de su botella de refresco con una perforación en la tapa, antes de que el conductor se niegue.

Si el automovilista no está al pendiente, el lavado de parabrisas continúa. Entonces se siente obligado a dar una moneda.

Los jóvenes esperan a que el semáforo se ponga en rojo para ponerse a trabajar, pero es un gran peligro andar entre los coches. (Luana Azevedo/Unsplash)

“Muchas veces la gente es muy amable y nos dan oportunidad de limpiarles sus cristales”, dijo Rubén Galindo Martínez, de 27 años, limpiaparabrisas en la ciudad de Veracruz. “En ocasiones hay gente que es muy grosera y hasta nos insulta solo porque nos aferramos a limpiar y que ellos nos den unos pesitos por este noble trabajo”.

El promedio de edad en México es de 29 años, y los que tienen de 15 a 29 conforman una gran parte de la población. Este grupo encuentra una situación precaria en oportunidades educativas y laborales.

Además, la Organización Internacional del Trabajo emitió en su último informe que la tasa de desempleo en México se agravó a causa de la pandemia de COVID-19, donde a 2 meses de que concluyera el año 2020, el porcentaje de desempleo habría sido del 11.7 por ciento.

Esta situación empuja a muchos jóvenes hacia estos trabajos en las calles.

“Solo queremos trabajar honradamente sin tener problemas con nadie, mucho menos con la policía quien muchas veces nos discrimina porque piensa que somos de la calle, pero no es así”, dijo Galindo Martínez. “En mi caso vivo en un cuartito con mi pequeña familia y así salimos adelante”.

Con un sol exhaustivo y con el concreto hidráulico bajo sus pies, los limpiaparabrisas están preparados con sus herramientas de trabajo: un trapo en su cintura, una botella con agua y jabón y un pedazo de hule de llanta que sirve para retirar la suciedad y jabón de los cristales.

“La discriminación la sufrimos casi a diario. Nos ven de mala manera o cuando se molestan, nos dicen mugrosos, pero nosotros seguimos trabajando”, dijo Galindo Martínez.

“Como todo hay días buenos, días malos donde apenas y sacamos 50 o 60 pesos. Un día bueno hemos sacado hasta 150 pesos, pero pegándole duro desde las 10 de la mañana hasta las 7 de la noche, donde solo descansamos para tomar agua y comer humildemente algo para seguir en busca de la moneda”.

El sol les pega en Veracruz, con un calor arriba de los 36 grados en la ciudad porteña, lo que hace que sea necesario tomar un receso para que los niños y jóvenes tomen agua. Después, siguen dando duro, lo que ellos llaman “al jale”.

Si cooperan entre todos, con monedas de lo que han trabajado hasta la 1 de la tarde, pueden comprarse un refresco de cola de 3 litros; si no, con agua bastará.

Algunos limpiaparabrisas tienen otro trabajo. Algunos son repartidores de comida con sus bicicletas y otros trabajan en un minisúper de cadena, con el propósito de mejorar sus ingresos económicos.

Un limpiaparabrisas camina entre el tránsito, cargando su botella llena de agua y jabón, en busca de un cristal a limpiar. (Charlie Moron/Café Words)

Los gobiernos de varias ciudades han aplicado políticas para retirar a los limpiaparabrisas, pero son difíciles de implementar. Argumentan que es una molestia para los automovilistas y que es peligroso para los jóvenes que andan entre los coches.

Los conductores también participan en esta historia.

“Es muy difícil tocar el tema de los limpiaparabrisas”, dijo Eduardo Vargas, conductor de 26 años. “Es un trabajo honesto con el que muchos se ganan la vida. Yo siempre procuro darles cambio cuando traigo y permito que laven el cristal”.

Pero también está el otro lado de la moneda.

“Como todo en la vida, te encuentras con diferentes personas; hay quienes insisten en lavar el cristal, incluso cuando les dices que no tienes para pagarles — y es verdad. Hacen el trabajo y se molestan porque no les das nada, cuando ya les habías advertido”, dijo Vargas.

“Me ha tocado ver conflictos por este motivo. No creo que uno tenga más razón que el otro. Siento que la relación conductor–limpiaparabrisas se debe basar en el respeto”, dijo.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)