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La alfarería es un arte muy mexicano

Desde paisanos hasta extranjeros, todos buscan coleccionar piezas de esta artesanía. 

En México hay un oficio que es también un arte y una tradición de orgullo familiar: la alfarería.

Esta técnica define todos los trabajos relacionados con cerámica, vasijas y objetos realizados con arcilla endurecida y cocimiento en horno. Es muy antigua y es parte del colectivo social popular de muchas culturas.

Los mexicanos cuentan con gran tradición en la hechura de vasijas de barro. Hay cuatro estados que se distinguen por tener pueblos alfareros y con diferentes estilos: Oaxaca, Michoacán, Estado de México e Hidalgo.

En las poblaciones indígenas, la gente se dedica a ofrecer talleres y servicios personalizados, donde hay desde jarritos típicos para café hasta vajillas completas para el hogar.

Los alfareros se dedican a decorar sus piezas de barro natural con flores de colores u otras insignias que se relacionan con la influencia indígena, pues las familias se pasan de generación en generación el talento y la disciplina alfarera.

“En la familia de alfareros naces casi con el barro en la mano”, dijo José Luis Treviño, maestro alfarero de 55 años. “Yo aprendí desde mi niñez; obviamente me enseñó mi papá. Desde que pude manipular el barro hasta la fecha estamos trabajando la alfarería”.

Los alfareros son reconocidos por el trabajo que hacen al moldear objetos con sus propias manos sobre un torno. La técnica consiste en hacer girar un disco plano en forma horizontal sobre un pivote para dar el resultado que se desee, moldeándolo con las manos.

“La alfarería va de la mano de la imaginación, porque puede que sepas hacer las piezas, pero el chiste muchas veces está en el decorado”, dijo Treviño. “Cuando decoro trato de plasmar lo que es la cultura mexicana, con grecas, iconografía, siempre representar a México dentro y fuera”.

La alfarería consiste en moldear objetos de barro sobre un torno. (Ritesh Singh/Unsplash)

“Como verdaderos artesanos del barro podemos hacer de todo, casi de todo. A todos los que nos hacen un pedido en especial se los hacemos, siempre y cuando pues nos traigan el diseño o nos lo muestren por fotografía y se las hacemos”, dijo Treviño.

La pandemia del COVID-19 y la crisis económica afectaron a casi todo tipo de oficio en México de manera uniforme. La industria restaurantera, sobre todo la de cocina tradicional, como uno de los principales consumidores, ha tenido que pausar la adquisición de estos productos nacionales para su uso dentro de las instalaciones.

“Ahorita con lo de la pandemia pues sí hubo meses que paramos la venta, reducimos el trabajo que hacemos normalmente, porque no se pudo salir varios meses del año pasado, y ahora ahí vamos poco a poco”, dijo el maestro alfarero.

La baja en el turismo extranjero ha pegado también. Los extranjeros suelen adquirir tazas o platos de recuerdo, pero la pausa en los viajes afecta los ingresos de los alfareros mexicanos.

Los pueblos alfareros continúan trabajando arduamente, aunque sus ventas hayan bajado. Siguen con la misma dedicación para ofrecer un producto de calidad, con la esperanza de que las cosas se estabilicen pronto.

Se dice que tomar café de olla en una taza hecha a mano de un alfarero es una experiencia deliciosa, casi un lujo e insignia del buen consumismo nacional.

“Hay guisados que en ollas de barro agarran mejor sazón, como el pipián o el mole en una cazuela de barro ni se diga, o los frijoles cocidos en olla de barro”, dijo Rosa Obdulia Jácome, ama de casa de 47 años.

El oficio es un verdadero arte que usa las manos y la imaginación. (Quino Al/Unsplash)

De hecho también hay juguetes e instrumentos, como colecciones de flautas y otras piezas para distraer a los más pequeños. Estos objetos también tienen su representación dentro de la alfarería.

El origen de esta labor data de hace 12 mil años, cuando las familias debían cultivar la tierra como principal sustento. Japón es el principal país donde se encuentran los vestigios de esa época.

América Latina cuenta con evidencia muy antigua en territorio peruano, que denota que estas prácticas se hacían desde el año 1850 a. C., pues se hacían contenedores decorativos y para rituales sagrados en la cultura.

La historia indica que Mesopotamia fue la primera cultura que inventó las herramientas para maniobrar con excelencia la arcilla, enseñando al alfarero la técnica adecuada para cocerla.

Esto evolucionó conforme el territorio se fue expandiendo, y las técnicas artesanales también se fueron modernizando con los nuevos hábitos relacionados con la agricultura y la gastronomía, pues se adecuaban los utensilios que se construían a conveniencia de las familias o los encargados en cocina.

“Está el café de olla, una buena salsa de chicharrón en cazuela; esos sabores no lo da el peltre ni el aluminio”, dijo Obdulia Jácome.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)