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Hispanos en Alaska, perdidos en laberinto de lenguaje

Aunque el español es común en algunas partes de Estados Unidos, en Alaska solo el 3.5 por ciento de población lo habla en casa. 

ANCHORAGE, Alaska — En una fría mañana de enero, Lilian Montoya manejaba desde su casa hasta un centro de salud para hacerse la prueba de COVID-19 en Anchorage, Alaska. Su esposo había recibido un resultado positivo un par de días antes, al igual que su hija y su hijo. Ella no se sentía bien. Así que se registró en el centro y le tomaron una muestra.

Días después, recibió un resultado negativo. Montoya aún se sentía enferma y estaba segura de que había recibido un falso negativo, de modo que repitió la prueba al día siguiente. Pero el resultado fue el mismo. Solo después de una tercera prueba el resultado cuadró con sus síntomas similares a los de la influenza.

Montoya es una inmigrante mexicana y el español es su lengua materna. Pero en ninguna de sus visitas al centro de salud se le ofreció asistencia en español. Los formularios de registro que llenó estaban escritos en inglés, al igual que los correos electrónicos que recibió con sus resultados.

Si bien Montoya también domina el inglés, muchos de los más de 27,000 latinos que viven en Anchorage no tienen las mismas habilidades lingüísticas.

La historia de los latinos en Alaska es mucho más corta que la de los hispanos en otras partes de los Estados Unidos, a veces siglos más corta. El registro de inmigración más antiguo de un mexicano en Alaska data de la década de 1910, según Sara Komarniski, posdoctorante en historia en la Universidad de Alberta, Edmonton, Canadá.

Sin embargo, las mayores oleadas de inmigrantes llegaron a Alaska después del terremoto de 1964. Con ciudades enteras en ruinas, Alaska necesitaba trabajadores en la construcción, y los latinos respondieron al llamado.

Los residentes de Anchorage han adaptado un vehículo recreativo como centro de pruebas de COVID-19. (Lauren Horn)

El descubrimiento de yacimientos de petróleo en el Polo Norte provocó una nueva oleada migratoria en la década de 1970. Durante la construcción del Trans-Alaska Pipeline System, el oleoducto que cruza el estado de norte a sur, los trabajadores hispanos se unieron a las florecientes industrias de restaurantes y hoteles.

Tiempo después, mandaron traer a sus cónyuges, hijos y padres. Por lo general, los adultos de la generación mayor crecieron hablando solo español, y casi ninguno dominaba el inglés.

El español es omnipresente en algunas partes de  Estados Unidos, pero no en Alaska, donde solo el 3.5 por ciento de la población lo habla en casa. Más de una cuarta parte de este porcentaje habla inglés “menos que muy bien”, según el Statistical Atlas, que se basa en los conteos de la oficina del censo de los Estados Unidos.

Muchos de esos inmigrantes no conocen los servicios que tienen a la mano para superar la brecha del idioma.

Falta de intérpretes 

“Mucha gente cree que si pide un intérprete, le van a cobrar. Pero ellos tienen el derecho de solicitarlo”, dijo Montoya, quien es parte del proyecto Peer Leader Navigator del Alaska Literacy Program. Formado por residentes capacitados de Anchorage que hablan idiomas extranjeros, el programa ayuda a “comunidades con dominio limitado del inglés a acceder a información y recursos de salud”, según el sitio web del municipio de Anchorage.

La falta de un intérprete puede tener consecuencias graves. Montoya recuerda el caso de un hombre cuya casa fue embargada porque no entendió un documento. “Le dije, ‘si no entendía la carta, ¿por qué no pidió ayuda?’”

Incluso cuando las personas solicitan traductores, es posible que las agencias no los proporcionen. Algunos clientes “me han llamado y me han dicho que han hablado al 2-1-1 y [cuando] piden español, les dicen que no tienen acceso a intérprete”, dijo Montoya.

El servicio 2-1-1 ayuda a conectar a los habitantes de Alaska con “alimentos y refugios de emergencia, oportunidades educativas, programas de tratamiento contra alcohol y drogas, servicios para personas mayores y cuidado de niños”, entre otros recursos, según su sitio web, que está completamente en inglés.

Cuando se le preguntó si la agencia ofrece un servicio accesible para personas que no hablan inglés, Sue Brogan, representante de prensa de 2-1-1, dijo que los clientes pueden acceder a la página web usando Google Translate y que la agencia está trabajando en un menú telefónico introductorio multilingüe.

Pero el problema va más allá del idioma, dijo Marisol Vargas, otra Peer Leader Navigator. Originaria de México, Vargas dijo que un tema lleva a otro cuando no se tiene acceso al idioma.

En fechas recientes, una familia hispana contactó a los miembros del programa Peer Leader Navigator porque no podía pagar su cuenta de luz. Sin luz, la familia no podía tener calefacción y sus hijos no podían asistir a las clases en línea. Para poder conectarse de forma gratuita, los niños se sentaron afuera de la escuela con sus computadoras. Pero llovió y las computadoras se descompusieron.

En Alaska, la ley prohíbe que las compañías de gas y electricidad suspendan el servicio por retrasos en los pagos a clientes mayores de 65 años, personas gravemente enfermas o con alguna discapacidad, o a quienes tramiten un plan de pago.

Pero, dijo Vargas, es posible que los recién llegados no sepan que hay ayuda disponible. No entender el inglés complica el problema.

Con 107 idiomas registrados, Anchorage es una de las ciudades más diversas de Estados Unidos. Los Peer Leader Navigators ayudan a los miembros de la comunidad con recursos limitados de acceso al inglés. (Marisol Vargas)

Los Peer Leader Navigators por el momento ayudan a las personas a solicitar fondos de emergencia y vacunas de COVID-19. Vargas dijo que, aunque la solicitud de la vacuna está en español, la traducción no es precisa. “Yo pienso que lo tradujeron en Google … Por ejemplo, para ‘clear’ pusieron ‘clara’”, que un hispano podría interpretar como clara de huevo o un matiz de la escala de color, pero no como “borrar” o “eliminar”.

Vargas reconoce que el municipio actúa de buena fe, pero cree que el problema persiste.

“Un camino difícil” hacia el acceso lingüístico en Anchorage 

Anchorage ha recorrido “un camino difícil y lento con respecto al acceso al idioma”, dijo la abogada Mara Kimmel, quien preside la mesa directiva de Welcoming America, una organización nacional que trabaja para construir comunidades más incluyentes para inmigrantes y refugiados.

“La Ley de Derechos Civiles de 1964 fue la primera vez que la gente prestó atención al acceso al idioma como un derecho civil”, dijo Kimmel, y agregó que, “las personas tienen derecho a hablar en su propio idioma y a acceder a los servicios políticos y gubernamentales en su lengua”.

Kimmel también preside la mesa directiva del Alaska Institute for Justice. Desde 2007, el Centro de Intérpretes de la organización ha luchado por el acceso al idioma en Alaska.

En sus inicios, el Centro de Intérpretes “realizó una campaña educativa bastante grande para que la gente sepa que si su agencia recibe fondos federales, ya sea que forme parte del gobierno o que sea una organización sin fines de lucro, debe brindar servicios lingüísticamente accesibles”, dijo Kimmel.

Kimmel está consciente de que cumplir con este requisito puede ser un desafío.

El Distrito Escolar de Anchorage informa que, después del inglés, el español es el idioma más hablado en la escuela, seguido del hmong, samoano, tagalo y coreano. (Marisol Vargas)

“Hablamos más de cien lenguas en Anchorage, y sería imposible proporcionar materiales escritos o incluso intérpretes en cada uno de esos idiomas todo el tiempo”, dijo. “Solo es necesario proporcionar los medios para que las personas con un dominio limitado del inglés puedan obtener los servicios básicos”.

Para cumplir con ese requisito, las agencias gubernamentales y las organizaciones sin fines de lucro elaboran folletos o incluyen información en idiomas extranjeros en sus sitios web. El municipio de Anchorage, por ejemplo, tiene información sobre COVID-19 en 19 idiomas, entre estos el lenguaje de señas estadounidense.

Providence Alaska Medical Center, el hospital más grande del estado, ofrece servicios de interpretación tanto por teléfono como por video, sin costo para los pacientes. “Esto incluye traductores que llaman para informar a los seres queridos [de los pacientes], quienes podrían no hablar inglés”, dijo Mikal Canfield, gerente senior de comunicación externa del hospital.

Pero las historias que cuentan Montoya y Vargas ilustran cómo estos recursos no siempre llegan a las comunidades a las que están destinados.

“Es importante que el gobierno y estas organizaciones se eduquen”, dijo Kimmel, “porque estos son temas básicos de derechos civiles, tanto como el derecho a no sufrir ninguna otra forma de discriminación”.

El problema, desde su perspectiva, es que, “pese a que tenemos leyes de derechos civiles en los libros, todavía existe mucho racismo y hostilidad en nuestro país. Y [la falta de acceso al] idioma es parte de ello”.

(Traducido por Gabriela Olmos. Editado por Melanie Slone)