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El futuro energético de México es incierto 

 Los recientes apagones que la población sufrió son un indicio de las debilidades del sistema eléctrico. 

MEXICO CITY — El restaurante mexicano Nueva Central aún no se recuperaba de las pérdidas que le provocó recibir 70 por ciento menos clientes, una condición para operar en la pandemia, cuando sufrió un duro revés en sus costos y ventas.

El lunes 15 de febrero, se quedó sin luz y agua, y dos días después, sin gas, insumo indispensable para cocinar diariamente los platillos que ofrece a unos mil comensales.

“Tuvimos que adaptarnos”, dice Juan Alemán, gerente general del restaurante ubicado en la colonia Villa Hermosa, en Ciudad Juárez, Chihuahua, estado al norte de México. “Mandamos a comprar carbón, e hicimos la conversión de la cocina de gas natural a gas LP para retomar las actividades. Pero era un gasto que no estaba presupuestado”.

Las nevadas en Estados Unidos, especialmente en Texas, afectaron al suministro y disponibilidad del gas natural, por el congelamiento de ductos y el “inusitado y exorbitante” incremento en los precios, informaron la Comisión Federal de Electricidad (CFE), empresa productora del Estado, y el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), organismo público que opera el sistema eléctrico.

Algunos medios publicaron que una unidad del energético pasó de 3 dólares a 150 dólares, promedio.

Las nevadas en Texas llevaron a fallas en el suministro de energía a México. (Marii Siia/Unsplash)

La interrupción del servicio de electricidad por la falta de gas natural con el que operan las plantas del norte del país afectó a unos 26 estados y 42 millones de usuarios.

Unas 2,600 empresas en México fueron afectadas, y las pérdidas fueron de 2,700 millones de dólares, según información del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación. 

La dependencia de México en este hidrocarburo, y en Estados Unidos, quedó evidenciada en ese evento, dice Isidro Morales, afiliado externo al Centro de Energía del Instituto Baker.

El 64 por ciento de la electricidad del país se genera a partir de gas natural, y 70 por ciento se importa de Estados Unidos. “Cualquier cambio inesperado en la oferta de gas impacta inmediatamente la generación de electricidad y eso pone a México en una situación vulnerable”, dice Morales.

La dependencia aumentó en los últimos años por los bajos precios del gas natural que consigue México en el mercado de Estados Unidos, quien se convirtió en un gran productor. Pero el apagón demostró que no siempre será barato.

El futuro energético de México es incierto porque en el corto plazo no es posible que sea autosuficiente en la producción de gas natural.

El gobierno en turno no cuenta con recursos para modernizar la infraestructura eléctrica y ha cancelado inversiones privadas encaminadas a ello.

Los apagones han afectado gran parte de la República Mexicana en los últimos tres meses. (EH Mitrich/Unsplash)

Más barato importar que producir

Desde el año 2000, los gobiernos de México apostaron por el gas natural como un energético de transición hacia las energías renovables.

México tiene reservas probadas de gas tanto en el subsuelo, asociadas a los procesos de explotación de petróleo, como en yacimientos. Pero su extracción es costosa y la que está asociada a la producción de crudo ha caído conforme ha caído la producción de Pemex, empresa petrolera del Estado.

“La estrategia que administraciones anteriores perfilaban con el gas natural incluyó el desarrollo de gasoductos para transportarlo y el desarrollo de recursos no convencionales (gas de lutita o shale gas) en el norte del país y repotenciar la extracción de los complejos de gas asociado (a la producción de crudo) en el Golfo de México”, dice Ricardo Granados, miembro de Ombudsman Energía México, organismo que busca defender el derecho al acceso a la energía.

Las licitaciones previstas para su explotación se cancelaron en 2019, así como las rondas petroleras privadas que pretendían revertir la caída en la producción de Pemex. “Tenías la primera parte implementada, gasoductos, pero no estás produciendo el gas”, dice Granados.

Mientras tanto, las importaciones de gas natural han seguido aumentando. “No hay incentivos para que Pemex produzca más gas porque sale más barato importar”, dice Morales. “CFE ya tiene contrato con las transmisoras y se comprometió a importar por 30 años”.

La planta de Pemex en Tula es una de varias en el país, pero tienen problemas de capacidad y tecnología. (Hector Vivas/Getty Images)

Las causas de la precariedad

El 28 de diciembre del año pasado ocurrió otro apagón que afectó a 10 millones de personas de 12 estados de la República. La causa fue que dos líneas de transmisión entre Nuevo Léon y Tamaulipas salieron de operación.

Los apagones advierten de la necesidad de inversión para fortalecer la infraestructura del sistema eléctrico, algo que la empresa del Estado no puede hacer sola. “Falta inversión en líneas de transmisión y en almacenamiento de gas, para lograr la seguridad del suministro”, dice Gonzalo Monroy, consultor especializado en el sector energético.

La inversión en almacenamiento ayudaría a tener reservas de gas para contar con un respaldo en momentos críticos. La anterior administración dejó proyectos para licitar, pero estos se cancelaron en 2019, dice Monroy.

La reforma energética de 2013 abrió el sector a la inversión privada, y para ello implementó licitaciones y subastas en distintos temas. En el sector eléctrico creó el Mercado Energético Mayorista, en el cual participan empresas como generadores de electricidad además de la CFE, que venden su energía a suministradores que atienden la demanda nacional, entre ellos la empresa estatal.

Esa posibilidad detonó la participación de empresas generadoras de energías renovables, principalmente la eólica y fotovoltaica. Su uso estaba en línea con uno de los retos que establece la reforma: generar 35 por ciento de energía eléctrica con fuentes renovables para 2024.

La energía eléctrica proveniente de fuentes limpias es una alternativa viable para disminuir la dependencia en el gas natural, dice Morales.

Pero en 2019, el Cenace decidió cancelar la cuarta subasta de energía limpia; tres se llevaron a cabo en el gobierno anterior, y ya no se reanudaron.

El presidente mexicano López Obrador ha expresado críticas en contra de las empresas privadas que participan en el sector energético, en especial de las que generan energías limpias. Considera que la reforma les da un trato preferencial, con “contratos leoninos”, y que se dejó de lado a la CFE.

Considera que la reforma energética busca debilitar y desaparecer a las empresas del Estado, Pemex y CFE. Para él la vulnerabilidad energética de México se reducirá si el país recupera la soberanía energética, fortaleciendo a sus empresas.

“Son empresas del pueblo de México y necesitamos fortalecer a estas empresas para ser independientes y garantizar que no aumente el precio de la luz, las gasolinas, el diésel y el gas”, dijo el 24 de febrero, en una conferencia en la que agradeció a los legisladores votar a favor de su iniciativa que reforma la Ley de la Industria Eléctrica.

Las implicaciones de regresar al pasado

Si la CFE vuelve a convertirse en el principal suministrador de energía, como lo fue antes de la reforma energética, México seguiría siendo vulnerable, dicen los expertos.

A cinco días del apagón de febrero, en la ciudad de Salamanca, del estado de Guanajuato, las autoridades declararon contingencia ambiental. Una termoeléctrica de CFE usó mayor porcentaje de combustóleo del permitido ante la falta de gas natural.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, tiene un plan energético que se enfoca en la soberanía por encima de la eficiencia. (Public Domain)

La CFE utilizó toda su capacidad de generación, que incluye centrales hidroeléctricas, geotérmica, de combustóleo, de carbón, nucleoeléctrica, diésel, geotérmica y de ciclo combinado (combustóleo y carbón).

En situaciones normales, las plantas de combustóleo de CFE son las últimas en entrar en operación, bajo las reglas de despacho que operan desde 2013. “Las plantas de generación con el costo de corto plazo más bajo son las primeras a las que se le compra energía”, dice Monroy.

El gobierno actual intenta hacer cambios regulatorios para fortalecer a las empresas del Estado. Propuso reformar la ley para despachar primero a las plantas de CFE, sin importar sus altos costos de generación. “Las plantas más viejas e ineficientes, las de combustóleo, las de carbón y turbogas operarían al 100 por ciento”, dice Monroy. Las empresas privadas serían relegadas al final.

Pero un juez ordenó suspender el decreto de la reforma, pues supondría mayores costos de generación, aumento de tarifas eléctricas y la violación a varios tratados internacionales.

Los expertos no descartan más intentos por hacer prevalecer a la empresa del Estado. Edgar Alvarado, miembro de Ombudsman Energía México, dice, “Las mejores políticas públicas son las que ponen en el centro al usuario final, independientemente del gobierno que esté en turno”.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)