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Indígenas colombianos desplazados por bandas violentas de narcos

La comunidad se adentra en la selva para escapar de amenazas y asesinatos a manos de dos grupos criminales. 

Una comunidad indígena entera huye a pie por la selva para escapar de los enfrentamientos de dos bandas criminales rivales que están en guerra por el control de la zona. Esta es una ruta para el tráfico de drogas, oro y personas.

La comunidad de 48 familias, es decir unas 300 personas, pertenece al grupo indígena colombiano Turriquitado Alto, cuyos miembros han huido de sus tierras entre los ríos Murindó y Chageradó, en el noroeste de Colombia, para escapar de las amenazas y peligros que representan el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Clan del Golfo.

El éxodo masivo comenzó en febrero, cuando aproximadamente cinco mil indígenas quedaron atrapados en el departamento de Chocó, cerca de Antioquia, debido a la lucha entre las dos bandas rivales.

Niños y mujeres embarazadas se encuentran entre los miembros de las 48 familias que huyen de los peligros sembrados por grupos rivales en su tierra natal en el departamento de Antioquia, Colombia. (Indepaz/Real Press/Captura de pantalla)

Juana Cabezas, de 23 años, investigadora del Observatorio de Derechos Humanos y Conflictividades del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ), dijo que las dos bandas buscan controlar el territorio, que es la principal vía para el tráfico de drogas y de metales como el oro y la plata, además de la minería ilegal y la trata de personas. También dijo que muchos venezolanos, especialmente mujeres, son llevados a la costa para ser enviados a Europa y Estados Unidos a trabajar en la prostitución.

Estas organizaciones criminales han instalado minas antipersona para marcar “su” territorio y disuadir a otros grupos, incluidas las autoridades, de aventurarse en él.

“Hace dos semanas, un niño de 13 años perdió una pierna tras tropezar con un campo minado”, dijo Cabezas.

Ahora los lugareños temen por sus vidas, y toda la comunidad, cuya economía se basa en la agricultura y la caza de supervivencia, ha decidido abandonar su territorio en busca de un lugar más seguro. Esperan algún día poder regresar a sus hogares.

Entre las 300 personas que han huido en esta última oleada se encuentran niños, mujeres embarazadas y ancianos, estos últimos considerados los líderes de la comunidad, según Cabezas.

Decenas de personas asistieron al funeral de la líder social Luz Ayda Conchave Lana, quien fue asesinada el 19 de febrero de 2021. (Indepaz/Real Press/Captura de pantalla)

Cruzan la selva a pie y enfrentan muchos peligros. “Pueden pisar minas, encontrarse con otros grupos criminales más pequeños, y también enfrentan otros problemas como la desnutrición porque encontrar comida es más difícil”, dijo Cabezas.

La Organización Indígena de Antioquia dijo que más personas están en peligro de ser desplazadas, incluidas las comunidades de Garrojo (105 personas), Bachidubi (193 personas) y Coredó (172 personas), que también están rodeadas por campos minados que el ELN instaló en enero.

Cabezas dijo que las comunidades indígenas además enfrentan otro problema: el asesinato de sus líderes. Según cifras dadas a conocer por INDEPAZ, 1,145 líderes han sido asesinados desde el inicio del acuerdo de paz entre las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el gobierno en 2016. Entre ellos, 305 eran indígenas, 79, afrocolombianos y 307, agricultores.

El año pasado, 310 líderes sociales y activistas de derechos humanos fueron asesinados en Colombia, entre estos  la líder social Luz Ayda Conchave Lana. Fue asesinada el 19 de febrero de 2021, y a su funeral asistieron decenas de personas que exigían paz y justicia.

El narcotráfico también ha cobrado vidas de los lugareños. Según el INDEPAZ, se dieron 91 masacres en 2020, en las que murieron 381 personas. En lo que va de 2021, se han reportado 15 masacres, con 59 víctimas.

La Gobernación de Antioquia ha dicho que el desplazamiento de comunidades indígenas va en aumento, pero hasta el momento no está claro cuántas personas han sido afectadas. Los funcionarios del gobierno dijeron que han enviado ayuda humanitaria a estas comunidades.

Cabezas dijo que las comunidades necesitan más apoyo que solo ayuda humanitaria. Requieren la inversión en carreteras y la asistencia económica necesaria para alentar a las personas a dejar de cultivar plantas de coca, que se pueden convertir en cocaína, y en su lugar plantar cultivos alimenticios.

Las comunidades indígenas también piden al gobierno que brinde un mejor sistema educativo que respete e incorpore sus tradiciones. Le solicitan además que obstaculice los esfuerzos de las bandas criminales por reclutar a sus niños y adolescentes y que ponga fin a la violencia en general y la violencia sexual contra las mujeres.

(Traducido y editado por Gabriela Olmos. Editado por Melanie Slone.)