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Carpinteros se adaptan a los tiempos sin perder su arte 

El oficio en evolución se enseña a las nuevas generaciones y ofrece piezas únicas a quienes saben discernir. 

La carpintería engloba un talento que siempre hace falta, a pesar de los cambios.

Aunque las tiendas departamentales ofrecen un extenso catálogo de muebles, listos y a la disposición del comprador, muchas personas prefieren acudir a un carpintero.

Eduardo Vargas Enríquez, un ingeniero electrónico mexicano, prefiere mandar a hacer sus muebles. “Yo prefiero los hechos en carpintería sobre los departamentales”, dijo, “pues la calidad es mejor y muchas veces más barato”.

“Además, es más fácil arreglar algunos detalles, como las medidas, e incluso duran mucho más, pues la madera se trata mejor”.

El oficio del carpintero se ha adaptado a las innovaciones dentro de su rubro profesional, desde nuevos materiales y la industrialización de nuevos productos hasta la crisis económica y la que surgió con la pandemia.

El oficio requiere de un don natural y de años de experiencia.

“Yo llegué a pedir trabajo y me lo dieron como ayudante”, dijo Javier Gómez Sánchez, maestro carpintero quien ejerce su oficio en Veracruz, México. “De ahí me subieron a sierrista y empecé también a armar e instalar, y ahí empecé a agarrar experiencia con el tiempo”.

Hay cuatro diferentes tipos de carpintería. Una consiste en cortar, moldear, y fabricar piezas de madera para la construcción de viviendas. La carpintería para armar está dedicada a la construcción de armazones. La de taller se dedica a fabricar puertas, ventanas y similares; y la de mobiliario está encargada de elaborar los muebles de hogar, usando maderas comunes.

La carpintería puede considerarse un arte que se practica con la madera. (Christian Valera Rebolledo/Café Words)

El carpintero de antaño solía fabricar e instalar, pero ahora su principal labor consta solamente de instalar, ya que muchos compran muebles ya hechos.

Una de las características de este oficio es el hecho de que se dedican a la aplicación y embellecimiento de áreas dentro de las construcciones, desde casas, oficinas, escuelas, hospitales, entre otras.

El oficio implica una gran motivación por crear una obra artística.

“Tengo cinco hermanas y a todas les he hecho sus cocinas, sin cobrar pues, nada más compraron ellas sus materiales y pues se queda uno contento porque les ayudo en algo”, dijo Gómez Sánchez. “Lo que más me gusta armar a mí son cajoneras, muebles, entrepaños, hacer puertas y todo lo que son diseños nuevos”.

El carpintero se especializa en colorar puertas, ventanas, rejas, muebles y muchos elementos que hacen la diferencia en el interior o en la fachada de una zona habitada. Se necesita técnica, preparación y disciplina para acabar los trabajos más grandes y luego dedicarse a los detalles, personalizando los productos finales.

Los productos de la carpintería son útiles y a la vez artísticos. El orgullo por el trabajo final resalta en este oficio. (Christian Valera Rebolledo/Café Words)

El tiempo es el mejor aliado de un buen carpintero.

“Ya llevo 20 años en la carpintería, desde que la agarré de lleno. El que me ayudó mucho fue un amigo que me impulsó cuando yo tenía 15 años”, dijo Gómez Sánchez.

La mano de obra en carpintería tiene costos variados según el trabajo, pues los profesionales en el área saben diferenciar la dificultad de cada proyecto. Además, tiene mucho que ver cuánto tiempo consume cada pieza. El orgullo juega un papel importante en el producto terminado.

“Cuando empiezas a cortar y armar los muebles, se te pasa rápido el día, pero cuando tienes el proyecto terminado, el mueble terminado, pues te quedas más contento con el resultado”, dijo Gómez Sánchez.

Este oficio se ha ido renovando con el tiempo, pero sigue siendo algo que se pasa de maestro a alumno y a lo largo del tiempo.

“Todos los días vas aprendiendo”, dijo Javier Gómez. “El carpintero tiene la tarea de ayudar a los que van empezando, porque nosotros no pasamos por una escuela. El trabajo mismo es nuestra escuela, nosotros somos nuestros maestros”.

(Editado por Melanie Slone y Luz Marina Miniter)