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Tapabocas: El negocio que se disparó en la pandemia

Muchos mexicanos se aprovechan de su ingenio para diseñar, coser y vender las máscaras que protegen de COVID-19.

Los mexicanos luchan por sobreponerse a las adversidades y obstáculos que se les presentan, y la respuesta a la pandemia es prueba de ello.

A raíz de la contingencia, el uso diario y obligatorio de los ‘cubrebocas’ para evitar que el virus del COVID-19 se propague impulsó a microempresarios a crear sus propios diseños, lo que para muchos fue una salvación ante la falta de empleos.

Las personas ofrecen en esta nueva modalidad de negocio tapabocas con diferentes diseños, para todas las edades, a diferentes costos y por temporada.

“Yo empecé a confeccionar cubrebocas de tela casi semanas después de que se registró el primer caso en Veracruz”, dijo Trinidad García, pensionada mexicana de 67 años que incursionó en la venta de dicho accesorio. “Con mi máquina de coser los hice a todos en mi casa”.

La demanda ha variado por temporada, como sucede con la ropa o cualquier accesorio.

Durante la Navidad la gente los portaba con dibujos de renos, pinos o regalos, o con la cara de Santa Claus. En febrero, muchas personas eligieron máscaras dibujadas con corazones, caritas felices y dulces, además de muchos en tonos pastel.

Hay opciones personalizadas al gusto de cada persona, porque la gente puede comprar por ejemplo un tapabocas con la insignia de su equipo de fútbol favorito o con personajes de caricatura. Hay texturas suaves, llenas de brillantina, bordadas a mano o con impresiones graciosas, como unos tapabocas diseñados con un dibujo de la cara del usuario.

Los negocios locales de accesorios en venta como gorras, calcetines o ropa interior cambiaron el giro de su concepto para adaptarse a la pandemia, ofreciendo a la ciudadanía opciones para toda la semana, pues hay quienes tienen diseños diferentes para cada día, que alternan y combinan con sus uniformes.

“Cuando empecé a crear mis propios cubrebocas personalizados, los compañeros le empezaron a preguntar a mis hijos dónde los habían comprado”, dijo García. “Así fue que se nos ocurrió hacerlos ya para la venta”. Lanzó su pequeño negocio durante la pandemia.

Hay quienes piden diseños, colores o temas especiales para sus tapabocas. (Christian Valera Rebolledo/Café Words)

Desde el momento en que su uso se hizo un requisito para asistir a cualquier lugar o estar en la vía pública, muchos invirtieron en material y en diseños para vender el producto. Hay desechables, pero los tapabocas de tela suelen llamar más la atención por su facilidad al momento de lavarse y la posibilidad de usarlos más de una vez. Además, el volver a usarlos es mejor para el medio ambiente.

Para que un cubrebocas tenga mayor efectividad, debe contener tres capas. La interna debe absorber partículas, la externa debe ser de una tela no absorbente, y la de en medio debe servir de filtro. Respecto al tamaño, deben cubrir tanto la nariz como la boca, y llegar al mentón.

Los cubrebocas caseros, como los elaborados por García, suelen ser de tres capas de la misma tela, para evitar que entren y salgan las partículas de saliva. Algunos son de gabardina, y otros de algodón o rayón, piezas que se refuerzan con puntadas de hilo y las tiras de elástico con las que se sujetan tras las orejas.
La sociedad mexicana ha aprovechado la oportunidad de iniciar negocios o de cerrar las que ya tienen, con la venta de estos artículos indispensables. La gente busca proveedores que surtan, así que es una ayuda mutua.

Tanto quienes diseñan y venden en masa como los que invierten y revenden sacan buen partido a esta apuesta financiera.

Con la finalidad de colocar otros productos, algunos empresarios hacen promociones, donde ofrecen tapabocas con la compra de otro producto, como una blusa. Otros ofrecen tres cubrebocas al ‘precio de dos’. Así logran atraer a la clientela.

Otro truco del negocio es hacerlos sobre pedido. Los clientes sugieren colores o diseños, y a veces hasta tamaños, y los emprendedores mexicanos ponen ‘manos a la obra’. De esta manera, también consiguen clientes fieles que les vuelven a pedir.

“Ella [García] es mi amiga en Facebook y vi las fotos de sus cubrebocas, así que la contacté y le pedí me confeccionara cinco para mí y cinco para mi hijo”, dijo Cristina Rebolledo, comerciante retirada en Veracruz, México. “Pues salieron muy buenos, los he lavado y siguen en condiciones de seguirse usando”.

Los materiales para hacer los tapabocas son sencillos y no son caros; la mayoría de la gente cuenta con ellos. (Kelly Sikkema/Unsplash)

La mayoría de los mexicanos puede conseguir el material con facilidad.

“Con miedo, pero siguiendo las medidas sanitarias, fui a la tienda de telas y compré metros de diversos estampados”, dijo García. “Son tricapa, de tela. Y pues sí, la verdad es que la venta se extendió a varias personas, principalmente entre conocidos de la familia. Uso dos patrones de diseño, para poder ofrecer variedad”.

Parece que el uso de tapabocas va a continuar, por lo que estos pequeños empresarios tienen el trabajo casi asegurado. La gente sigue buscando diseños, colores y tamaños mientras se protege de COVID y otras enfermedades respiratorias.

Los mexicanos emprendedores les cumplen sus pedidos y gustos.

(Editado por Melanie Slone y Luz Marina Miniter)