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Los sacrificios humanos de los ‘aztecas’

Hay que adentrarse en su cosmovisión para comprender el significado. 

Los sacrificios humanos de los aztecas — también conocidos como mexicas, el nombre que ellos se dieron — suelen ser malentendidos; para esta civilización prehispánica, estaban cargados de un gran simbolismo divino y espiritual.

Parte fundamental de las creencias aztecas eran los rituales, los cuales consistían en tres tipos — los autosacrificios (efusiones de sangre), los rituales asociados con la guerra, y los agrarios. Contrario a lo que se podría pensar, no se daban en cualquier momento, solo en tiempos de fiesta y como ofrenda para alguna deidad.

Se practicaban bajo la filosofía azteca, como una introducción al mundo de los dioses, donde había que entregar algo sagrado y digno para ser recibidos. Los rituales siempre se daban en algún punto estratégico rodeado de naturaleza, como los bosques, ríos, cenotes, montes o cerros. A veces se realizaban en edificios alzados por la gente, como templos o pirámides sagradas, como el ‘Macuilcalli’ o ‘Macuilquiahuitl’, un templo mayor en la ciudad del gran Tenochtitlán, lugar donde sacrificaban a los enemigos o espías.

Los autosacrificios eran un acto de valentía e incluso de orgullo para las familias. Las condiciones que se solicitaban eran estar en ayuno, no mantener relaciones sexuales, estar aislados de la familia, mantenerse despiertos una noche antes y, por fin, prepararse para el ritual.

Al momento de la preparación, el ritual podía ir con la invitación de una última comida preparada especialmente para la ocasión, o de fumar tabaco y cal. Ya en la ceremonia, los espectadores vislumbraban que el fuego alumbraba el evento totalmente, un elemento muy importante. La celebración llenaba a la sociedad azteca de gozo, pues un corazón sacrificado era sinónimo de un ofrecimiento u ofrenda fuerte, lo que llevaba de forma metafórica la esencia de todo el pueblo.

En el caso de los sacrificios de guerra, los soldados y sus familias participaban. Los prisioneros que los aztecas hubieran capturado se sacrificaban en el campo, y los que se consideraban de mayor valor eran transportados a la ciudad de Tenochtitlán — donde hoy se encuentra el centro de la Ciudad de México — y el rey y los guerreros se encargaban de ellos.

The Spaniards wrote comments about the sacrifices. *** Los españoles hicierion comentarios de los sacrificios. (Public domain)

Eran momentos solemnes, de gran orgullo; los sacrificios agrarios necesitaban de una ‘víctima’ que era vestida para la ocasión, y una deidad a la que se le rendía culto — el dios del Sol, la Tierra, el Agua, el Maíz o la Fertilidad. A la persona se le sacrificaba, y después era enterrada, incinerada o consumida.

Si estos sacrificios no se llevaban a cabo en el momento preciso, se consideraba que ningún hombre o mujer podía pasar al mundo de las divinidades, así que casi nadie se quejaba, al menos no en público. Se mostraban templados, solemnes y llenos de valentía.

Derramar sangre encima de estatuas de deidades ofrecía calma y paz a los aztecas, quienes sentían que tenían una posibilidad de vencer la furia de sus dioses. Algunas personas ofrecían derramar su sangre días antes del sacrificio final, como una muestra previa de lo que estaban por ofrecer.

Los castigos de esta civilización

Sobre esta misma línea estaban los castigos para los desobedientes. Esta cultura se caracterizó por ser muy estricta con su pueblo y enemigos. Si bien todos estos rituales eran festejos, debían respetarse las creencias.

“Hasta donde se sabe, tenían unas leyes estrictas que tenían al pueblo y al enemigo a raya. Eran muy duras, y aquellos que no las cumplían sufrían consecuencias. De hecho, los castigos y torturas por no cumplir eran frecuentes”, dijo Salvador Rodríguez, cronista veracruzano egresado de la UNAM. “Los robos, el asesinato, la homosexualidad o el incesto, entre otros, eran castigados”.

La finalidad de estos sacrificios era muy profunda, pues se creía que el cuerpo liberaba energía que los dioses agradecían. Se ayudaba con mejores cosechas, paz entre ellos y sus enemigos y armonía con el mundo y el universo entero.

“A los castigos crueles le seguían los sacrificios que se utilizaban para tener contentos a los dioses”, dijo Horacio Barradas, sociólogo egresado de la Universidad Veracruzana. “Usaban el sacrifico para salvar al universo de la destrucción. Ellos creían que así aseguraban la vida del sol que corría el riesgo de extinguirse, y que así la tierra pudiera ser dominada por los seres de la noche”.

Existe mucha evidencia de que los sacrificios no fueron exclusivos de las culturas prehispánicas, pues también se llegaron a practicar en otros continentes, como África, Grecia y China, con fines muy similares a los especificados en Mesoamérica.

(Editado por Melanie Slone)