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La presentación católica de los niños de tres años 

Esta costumbre mexicana refuerza el papel de la familia en las enseñanzas religiosas de los menores. 

¿Qué ocurre a los tres años de vida?

Es una tradición mexicana que los niños, al cumplir tres años, sean presentados en el templo. El origen de la costumbre se remonta a la época de la Reforma. Se creía que a los tres años el infante había superado el periodo de peligro, ya que la mortalidad infantil tenía tasas muy altas.

El paso del tiempo dio hincapié a interpretaciones sociales con significados algo imprecisos sobre este tipo de celebración, pero en esencia se trata de una construcción del colectivo social mexicano.

Una de las versiones del por qué se celebra tiene que ver con algo arraigado en la época de los primeros cristianos que practicaban el catolicismo. Ellos pensaban que se debía a la presentación de la Virgen María en el templo.

Esta creencia formaba parte del contenido del Protoevangelio de Santiago, en el cual se habla de que María, acompañada de sus padres (Santa Ana y San Joaquín), fue llevada al templo para iniciarse en el conocimiento de la fe y el servicio al templo. Fue recibida por un sacerdote y aceptada por todos, gracias a que simpatizaron con ella. Logró permanecer en ese sitio por varios años, hasta que San José solicitó su mano en sagrado matrimonio. No hay constancia histórica, pero es una de las historias que se aprecian para entender por qué la gente imita la acción que tuvieron los padres de la Virgen María.

Un segundo hecho se vincula con la Fiesta de la Candelaria, la cual se originó a partir de la presentación de Jesús, el hijo de María, en el templo. Según el texto evangélico, después del nacimiento del Niño Jesús, así como de la cuarentena de María, ella y San José se presentaron al templo para consagrar al primogénito y hacer ofrendas por la purificación de la madre. Así, la sociedad empezó a hacer lo mismo que ellos; sin embargo, se hacía a los cuarenta días después del nacimiento de los hijos y no a los tres años.

Hoy, se dice que es un recordatorio de las responsabilidades de los padres respecto a sus hijos y ahijados.

“La presentación de los niños no es precisamente para los niños”, dijo Orlando Segura, pastor de la Iglesia Bautista Berea, en Veracruz, México. “Siempre presentamos al niño diciendo que Dios lo cuide y ya está. La presentación del niño es la responsabilidad de sus padres y de sus padrinos también de guiarlo y orientarlo al camino del señor”, dijo.

“Cuando yo voy y presento al niño ante el Señor, mi compromiso es, ‘Señor aquí presento a mi hijo, pero yo me responsabilizo el resto de mi vida a llevarlos al Señor, a guiarlos en el camino, a estar siempre metidos en la palabra del Señor’”.

Otro momento religioso que se usa para ejemplificar esta tradición es cuando Jesús fue ‘perdido y hallado en el templo’, en su primera Pascua.

Según el Evangelio de San Lucas, el niño al cumplir los doce años debía subir a Jerusalén a celebrar la Pascua. Al hacerlo Jesús, se extravió. Cuando sus padres regresaron a la ciudad a buscarlo, lo encontraron en el templo rodeado de doctores de los escribas y de la ley.

Mexican Catholic children learn about the Gospel as soon as they are able to read. The presentation when they are three prepares them for a life following God. *** Los niños católicos mexicanos aprenden sobre los Evangelios desde el momento en que aprenden a leer. La presentación a los tres años los prepara para una vida al servicio de Dios. (Josh Applegate/Unsplash)

Con el tiempo se entremezclaron estas imitaciones sociales y religiosas que le dieron forma a una creencia muy arraigada y aceptada en el país.

“El Señor dice en el antiguo testamento, en Deuteronomio, algo muy hermoso, dice que llevarás a tu hijo, que lo cuidarás de día y de noche, que le darás testimonio, que hablarás de él en todo momento”, dijo el pastor.

La presentación de los niños a la edad de tres años es una acción de agradecimiento por la vida del que cumple años. Puede darse en una liturgia de la palabra, aunque muchos optan por una participación eucarística dentro de una misa planeada.

Así, se pide la bendición de Dios, y que cuide al infante, además de que participan los papás y padrinos elegidos para guiar su vida, quienes le enseñarán la fe y el amor por Dios.

(Editado por Melanie Slone)