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El monumento a la Revolución: Un plan que se adaptó a la situación

Una vez pensado como palacio legislativo, hoy sirve como símbolo de lucha y progreso. 

Una construcción no terminada sirve como un símbolo significativo en la Ciudad de México.

El Monumento a la Revolución fue una obra de Carlos Obregón Santacilia que dejó un legado. Es representativo de la capital en todo el país. Detrás de su simbolismo está la historia de su construcción, la cual es peculiar y diferente a lo que muchos imaginan.

La historia cuenta que el presidente Porfirio Díaz hizo pública una convocatoria para construir un ‘Palacio Legislativo’ al estilo francés, pero este nunca vio la luz por verse envuelto en conflictos y escándalos. Émile Bénard, un arquitecto francés, iba a ser el responsable de edificar el palacio, pero la obra se canceló tras la derrota de Díaz en 1911, a principios de la Revolución Mexicana.

“Don Porfirio Díaz inició el proyecto de la mano de este arquitecto francés”, dijo Ricardo Cañas, historiógrafo veracruzano. “Iba a ser el Palacio Legislativo, algo similar a los capitolios de Estados Unidos y Cuba, pero les ganó el tiempo. Finalmente, derrocan a Díaz y queda en abandono. Años más tarde se rescata el proyecto y se finaliza en lo que conocemos en el presente”.

La obra se reinició durante la presidencia de Francisco I. Madero, pero este falleció, y la construcción de nuevo se vio interrumpida. El mismo Bénard regresó a México con la intención de dar uso a la estructura de acero que había quedado empezada, avanzada y abandonada, desgastándose conforme pasaba el tiempo. El presidente Álvaro Obregón decidió aceptar el proyecto, que se hubiera llamado ‘Panteón a los Héroes’, un monumento a los personajes célebres de la Revolución, pero a Obregón lo asesinaron en 1928, y Bénard murió al siguiente año.

El que aprovechó lo más rescatable y en las precisas condiciones para construir fue Carlos Obregón Santacilia, apoyándose del Ingeniero Alberto J. Pani — quien al principio no quiso participar, pero finalmente accedió. Ambos planearon lo que sería el Monumento a la Revolución Mexicana.

The monument symbolizes the struggles of the past. *** El monumento representa la lucha de épocas pasadas. (Guillermo Pérez/Unsplash)

Tuvieron que convencer al político Plutarco Elías Calles, y también al presidente Abelardo Rodríguez. El trabajo se realizó de 1933 a 1938, pues tuvieron que adaptar toda la vieja estructura de la Sala de Pasos Perdidos al actual monumento.

Obregón Santacilia logró darle con su mano artística un estilo ‘sobrio art decó. Se invirtieron alrededor de 360 millones de pesos en el proceso de remodelación, y desde su inauguración en 1938, solo se le han hecho modificaciones una vez, que se conocieron el 20 de noviembre de 2010, para conmemorar y reinaugurar el monumento como parte del atractivo de la fiesta del Centenario de la Revolución Mexicana, pero la estructura arquitectónica original se mantiene.

Lo que sí tuvo modificaciones fue el Museo Nacional de la Revolución y el mausoleo, pues necesitaron restauraciones para evitar derrumbes en esta ciudad víctima de terremotos. El mirador se reabrió al público; para acceder a él, se sube en un elevador transparente.

“Sin duda estamos hablando de un monumento del que todo mexicano se siente orgulloso”, dijo el historiógrafo, “primero por lo que representa en el marco de la Revolución misma, pero también sirve como punto de encuentro, de festejos, un sitio que todo mexicano debe visitar por el simbolismo y el nacionalismo que significa”.

 


Hasta nuestros días se permite que en circunstancias apropiadas — y cuando no haya restricciones por el Covid-19 — que se hagan actividades al aire libre y culturales, como festivales musicales, artísticas y literarias, donde llegan a reunirse más de 200,000 personas en la Plaza de la República.

(Editado por Melanie Slone)