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¿Cómo se comen los jumiles?

Se dice que estos insectos tienen sabor a canela y son afrodisiacos. 

Los mexicanos no temen a los insectos a la hora de comer.

Prueba de esto está en los jumiles, o chumiles. Suelen venderse en los mercados o tianguis de los estados de Morelos y Guerrero. Los pueblos de estos lugares ocupan los jumiles, unos insectos comestibles muy intrigantes, para hacer varias recetas, sobre todo entre noviembre y febrero.

Estos insectos son chinches de monte; se venden vivos después de ser recolectados por los ‘jumileros’, para luego ser metidos en recipientes de plástico para que la gente pueda ver que están frescos.

Para muchos curiosos puede resultar perturbador verlos trepar por encima de pequeñas ramas que los vendedores colocan adentro del recipiente, pero para el mexicano es un deleite ver esta pequeña especie entre sus manos, antes de disfrutar de su sabor.

Los jumiles — xotlimilli en náhuatl; Atisis taxcoensis como nombre científico — forman parte de antiguas tradiciones en la dieta diaria desde la época prehispánica. Son una fuente de proteína, así como otros insectos como hormigas, moscos y chapulines. En sí, un jumil representa para la cultura guerrerense de Taxco, Guerrero, una fuerte y profunda importancia como ninguna otra cosa. Hasta celebran la Feria del Jumil después de rendir honor durante la víspera de Día de Muertos.

Cerca de Taxco abundan los jumiles, en el cerro del Huixteco. Se les puede ver desde las primeras semanas de noviembre hasta finales de febrero, cuando se presentan los primeros atisbos de lluvia. Para verlos, hay que buscar entre las hojas de los encinos, pues ahí se adhieren para alimentarse de ellas — lo que ocasiona que sepan a canela—, así como intentan protegerse de otros animales. Para aquel que lo consuma, el líquido de fuerte olor es una de las mejores cualidades que desprende el jumil.

“Te vas al monte y tienes que ir recogiendo las hojas secas porque ellos se juntan adentro”, dijo Carlos Peralta, originario de Morelos.

“Como puedes encontrar un jumil dentro de una hojita, como te pueden salir unos 20 en una; es cosa de ir rascando en la hojarasca del piso, principalmente la que está casi en contacto con la tierra. Se dan en bolita y hay temporadas en las que se dan mucho, como de noviembre hasta marzo. También se dan abajo de las piedras. Se alimentan de la lama de la tierra y de las hojas secas”, dijo.

Grasshoppers (chapulines) are another edible insect in Mexico. *** Los “chapulines” son otro insecto comestible en México. (Analuisa Gamboa/Unsplash)

En el pasado, los insectos se recolectaban en canastas, y se les rociaba agua para que subsistieran. Esta forma tradicional mutó, pero el procedimiento actual sigue requiriendo de cuidados para mantener vivos a los jumiles. Se les guarda en costales sintéticos y recipientes de plástico. Se venden en cucuruchos de papel de estraza, a diferencia de antes, cuando se entregaban en hojas de cucharillo.

No cualquiera se anima a comerlos, pero es cierto que tienen muchas propiedades alimenticias, aunque su sabor puede resultar diferente o exótico para paladares poco acostumbrados.

“Está la creencia de que son afrodisiacos, pero sí son muy nutritivos. Te ayudan a conservarte joven y son ricos. Eso sí, para que el jumil no pique hay que exprimirlo, sacarle sus heces, y se come así crudo o en salsa”, dijo Peralta.

Se pueden comer vivos, aunque se suele molerlos e incorporarlos a la comida, sobre todo salsas de molcajete, y disfrutarla con una tortilla hecha a mano. Las costumbres del país propician que muchas viejas actividades se sigan replicando, así que la venta de los jumileros no ha muerto en los tianguis o mercados, donde se encuentra una buena dosis para apaciguar el hambre de México y de todo aquel que se anime a probar cosas nuevas.

 


“Al otro día de recolectarlos están como desmayados”, dijo Peralta. “Los agarras y los pones sobre el comal para que se doren y se menean. Después, se trituran en la licuadora con chile, ajo y cebolla, o también pueden hacerlo en el molcajete y machacarlos. Se le pone un poco de agua para que agarre consistencia; y ahora sí, a comer salsita de jumiles”.

(Editado por Melanie Slone)