¿Cómo manipulan el dinero los no videntes?

Considera cómo esta situación puede dificultar el discernimiento entre diferentes billetes y monedas. 

¿Cómo sería pagar con efectivo cuando uno no lo ve?

A diario las personas no videntes o con problemas visuales se enfrentan a situaciones inimaginables, a causa del ritmo de vida tan rápido que se vive en general. Para cosas cotidianas, han desarrollado algunas técnicas, como lo es identificar el dinero para pagar. La realidad es que una cuestión tan simple como escoger qué billetes o monedas entregar después de una compra puede ser toda una batalla.

¿Cómo se logra?

Una técnica es la de doblar los billetes de cada valor de una manera distinta para identificarlos, como poner los de más valor estirados en la billetera o cartera. Según el valor del billete, se doblan a lo largo y a lo ancho y así los identifican. Sin embargo, algunas personas no confían totalmente en este método, así que optan por adquirir carteras con compartimentos diferentes para cada valor.

Coins come in many shapes and sizes. *** Las monedas tienen diferentes tamaños y formas. (Jonathan Brinkhorst/Unsplash)

Para identificar las monedas, se usan los diferentes tamaños. Cuando una persona no vidente puede comprender el sistema Braille, sus dedos se vuelven más sensibles ante muchas cosas que para los demás pueden pasar desapercibidas. La cara de una moneda puede resultar notoriamente diferente para alguien con problemas visuales.

“En México es curiosa la situación porque tenemos billetes de papel y de plástico, y en ambos casos los tamaños y texturas son diferentes”, dijo Miguel Vázquez, persona no vidente originaria de Manzanillo, México. “Sí, contamos con apps para quienes tienen equipos de celular, pero también hay una tablilla con la que medimos el papel moneda. Antes de tener la plantilla, yo los diferenciaba por el tamaño. Las monedas las identificamos por el tacto, ahí no hay medida ni plantilla”.

La tecnología ha avanzado al grado de desarrollar lectores de dinero que responden de una forma parecida a una máquina expendedora, pues se insertan billetes y esta indica el valor correspondiente. Este lector es sensitivo, así que la única desventaja sería que, al momento de insertar un billete este entrara de manera incorrecta o que estuviera roto o arrugado, por lo que el dispositivo no podría reconocerlo. Además, el dispositivo no siempre tiene el tamaño adecuado para ser portátil.

Visually impaired people develop more sensitivite fingertips and may read Braille, which helps them distinguish bills and coins. *** Quienes no ven desarrollan mucha sensiblilidad en los dedos, y leen gracias al Braille, lo que les ayuda a distinguir entre los billetes y las monedas. (China Photos/Getty Images).

Con el paso del tiempo se han realizado cambios en las monedas para facilitar su identificación, propiciando la creación de un proyecto para cambiar el tamaño y color. Puede representar un gran avance para los no videntes o aquellas personas que no son completamente ciegas y cuentan con la habilidad de identificar el color. Esto también puede beneficiar a los mayores, pues con la edad los problemas visuales aumentan y se intensifican.

Otra solución se da mediante la tecnología. “Cada persona ciega va a identificar su dinero de acuerdo a como se acomode para ello, pero en general el concepto o la idea es la misma”, dijo Anna Garzya, quien vive en Long Island, Nueva York. “Yo estoy en Estados Unidos y usamos el dólar. La forma para mí de identificar los billetes es usando mi smartphone. Si tienes un iPhone o un Android, hay una aplicación que se llama ‘nant money reader’ o ‘nant identificador de dinero’ que nos viene a ser de gran ayuda a los ciegos y débiles visuales”.

En la mayoría de los países, el sistema económico se mueve con monedas y papel. El manejo de tarjetas puede resultar en ocasiones como una solución, pero no todos tienen acceso a este método de pago. Mientras tanto, se necesita un sistema inclusivo. Además, estas consideraciones podrían generar empatía, tolerancia y respeto por la diversidad en sociedad.

Por Vanessa Sam y Christian Valera Rebolledo

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)