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Conoce la playa escondida en Michoacán

Parece el paraíso, pero emite ruidos extraños que parecen chillidos no tan paradisíacos

Una playa virgen, de pequeña proporción, pero con un mar color azul turquesa, oleaje en calma y arena dorada como el oro ofrecen este lugar precioso.

Este tesoro, uno de los mayores de la República Mexicana, se encuentra en la costa de Michoacán. Abarca 240 kilómetros de largo y está enmarcado por acantilados y formaciones rocosas emergentes del mar, repletas de vida. Como hay pocos turistas en la zona, las aves, tortugas marinas y otros animales puedan andar con libertad, en su hogar que es un santuario.

En la playa La Llorona, en el municipio de Aquila de este bello estado, no hay hoteles ni restaurantes, pero sí hay palapas donde se preparan mariscos y pescados imperdibles. Además, cuenta con sanitarios y regaderas listas para ser usadas después de indagar en el mar. Si se tiene el plan de quedarse a dormir, solo hay que protegerse de los mosquitos, además de llevar suficiente agua para mantenerse hidratados y los artículos de aseo personal necesarios, ya que a la redonda no hay muchas opciones.

Playa ‘La Llorona’ está cerca de Aquila, Michoacán, en México. (Mapa de Urvashi Makwana).

Durante el día, puede practicarse esnórquel, y están permitidas otras actividades como nadar en mar abierto. Pueden observarse y apreciarse de cerca aves como gaviotas o pelícanos, así como el desove de las tortugas marinas. Es posible subir a las rocas, broncearse debajo del sol, descansar y hasta dormir.

¿Por qué esta playa se llama “La Llorona”?

Esta playa ofrece tanta quietud y paz que, ante el roce de los pasos de los turistas, la arena libera un rechinido similar al llanto de una persona—o eso es lo que se dice. Este efecto sonoro es producto del roce con la arena, que es muy compacta y fina, combinado con su composición. Goza de nula contaminación lumínica, así que puede apreciarse un cielo estrellado por las noches, además de la quietud del silencio, a excepción de los sonidos propios de la naturaleza.

Hay muy poca actividad en esta playa, y la naturaleza la ha convertido en su parque de diversiones. (Foto de Spencer Platt/Getty Images)

Otras playas cercanas son la Maruata, la más famosa, a tan solo treinta minutos de La Llorona. Es una bahía con tres playas y el santuario de la tortuga negra. Aquí, se puede practicar surf y dar paseos en lancha, para quedar sorprendido con las formaciones rocosas como el “Dedo de Dios”, un pináculo que se levanta del mar y simula estar señalando hacia arriba, más allá del cielo.

“La Llorona está en Aquila, aproximadamente a hora y media de Tecomán, Colima, y a tres horas cuarenta minutos de Lázaro Cárdenas”, dijo Eduardo Hernández, YouTuber mexicano que ha visitado la playa. “Como su nombre lo dice, está asociado a la leyenda de esta mujer que lloraba al buscar a sus hijos. Seguro piensan que ella se aparece acá, pero no, es porque cuando pisas la arena de esta playa, hace un ruido muy particular que asocian con un llanto, y de ahí el nombre que cae como anillo al dedo”, dijo.

El Faro de Bucerías es otro destino cercano, a solo 12 kilómetros de La Llorona, rodeado de cerros y peñascos, pero este lugar suele tener más turistas. También puede encontrarse oleaje suave y agua clara y limpia para bucear o hacer esnórquel. Además, se puede acampar en las zonas delimitadas.

“Tuve la oportunidad de constatar por qué le dicen ‘La Llorona’”, dijo Hernández. “La arena básicamente llora, además de que por sí sola es una playa magnífica para acampar o para rentar una de las cabañas cercanas, sin duda un lugar paradisíaco. Es uno de esos rincones con los que cuenta México que incluso los propios mexicanos desconocen”.

Está ubicada a 615 kilómetros de Morelia, en la carretera federal 200. Es una zona que se presta a la perfección para la fotografía de paisajes. De ella han salido increíbles fotografías panorámicas. Muy pocos lugares en el territorio nacional de México se le comparan en cuanto a belleza y cuidado.

Esta playa michoacana es otro rinconcito mexicano que lleva a uno más cerca del paraíso perdido, tan solo con pisarla.

 

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)