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¿Quiénes son los hueseros, y son seguros? 

Algunos consideran la práctica como ‘tradicional’, pero otros la ven como un riesgo. 

Los hueseros o sobadores son una parte muy arraigada de la cultura e identidad no solo de México, sino también de América Latina, pero no todos los recomiendan.

Se dedican a realizar un tipo de sanación ‘especial’, más económica y recomendada de generación en generación durante años. Para muchos mexicanos, son personas que cumplen con un rol de “médico general” por un precio menor, pero sus métodos son cuestionables.

El don de la sanación

En casi todas las ciudades de América Latina se encuentra un huesero, y se dice que ellos arreglan dolores de huesos, articulaciones, ovarios, cintura, columna y coxis. También supuestamente curan del empacho, anginas y espanto. Este último es considerado un mal atraído después de situaciones como accidentes o asaltos, el cual curan con aguardiente, un ramo y espíritus, según para ayudar a prevenir de la diabetes.

Los hueseros se diferencian de los gurús que hacen limpias en que los hueseros ocupan otro tipo de sanaciones; utilizan ungüentos y ‘agua de espíritus’ para sobar diferentes partes del cuerpo, mientras que las limpias se basan en rezos, hierbas y huevo.

Muchos hueseros establecidos han mantenido el negocio durante décadas, desde el siglo XX, aprendiendo el oficio más que nada por necesidad. Algunas personas afirman que no cualquiera puede serlo, ya que se trae el don en las manos, aunque muchos aprenden de manera empírica y se dedican a ello de manera formal. Aseguran que, gracias a eso, personas con torceduras, empacho, columnas falseadas y, en algunos casos, esterilidad, han podido rehacer sus vidas de una forma más saludable.

“Los gritos y las muecas por el dolor son parte de la terapia”, dijo Carlos Concha, de oficio sobador en el centro de Quito, Ecuador. “Por eso, digo que el lema del huesero, el sobador, es ‘fregar para curar’. Pero no se trata solo de eso. Yo los voy animando [a los pacientes] y les digo que sí se van a mejorar. Desde hace 25 años me dedico a esto y empecé porque mi papá se dedicaba a esto también y porque mis amigos me decían si sabes por qué no nos sobas y yo les decía que no porque entonces me daba miedo”.

Los hueseros provienen desde tiempos prehispánicos, donde la actividad se relacionaba con experiencias ancestrales e incluían visiones, relevaciones y una forma de ver el mundo que obedecía a las deidades e ideologías míticas y espirituales. La salud se consideraba como energía que pendía del equilibrio entre la fuerza espiritual y natural, por lo que estos curanderos eran indispensables para curar a cualquiera que tuviera dolores. También se consultaban para mordeduras de culebra y curaciones del mal aire, las sombras y la brujería.

Un chamán en Indonesia realiza un masaje. Muchas personas acuden a este tipo de tratamiento por su bajo costo y accesibilidad. (Foto de Nurcholis Anhari Lubis/Getty Images)

Si se desea consultar una fuente para entender mejor quiénes son los hueseros, el Diccionario Enciclopédico de la Medicina Tradicional Mexicana de la Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM) menciona que los hueseros están catalogados como un grupo técnico de curanderos de la medicina tradicional, pues dominan técnicas y habilidades aprendidas empíricamente, de forma manual y con efectividad en procesos curativos.

Se ve que esta práctica es considerada por algunos un tipo de “medicina tradicional” que conserva costumbres antiguas. Sin embargo, muchos advierten sobre los riesgos de acudir con una persona sin licencia médica.

“Y es que esto es algo delicado, esto no es de ‘a ver siéntate en esta silla’… estoy tratando con el cuerpo humano”, dijo Carlos Concha. “Yo estoy consciente que no soy fisioterapeuta y lo único que puedo curar son lesiones pequeñas y torceduras, aunque primero tengo que evaluarlos porque si es que hay fractura ahí la persona tiene que ver a un especialista”, dijo.

A diferencia de un doctor que puede usar radiografías, un huesero solo puede sentir el posible padecimiento de una persona. A pesar de esto, el pueblo considera que es una opción menos costosa, con mejor atención y disposición. Se contrasta con cuentas costosas por parte de los hospitales privados o los procesos largos de los servicios públicos, además de representar tradiciones arraigadas, por lo que es difícil prohibir su uso.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)