¿Por qué las palomitas son el alimento estrella en los cines?

El solo percibir su olor se asocia con el pasatiempo de disfrutar una película. 

¿Será que la acción de la película despierta el paladar?

Ir al cine o ver una película en casa se asocia de inmediato con la acción de comer palomitas, por lo que esta tradición es casi inseparable en cualquier parte del mundo. Si una persona asiste a la proyección de un largometraje, casi puede percibir y saborear este aperitivo de maíz que llena las salas de cine o cualquier rincón del hogar.

“Debemos reconocer que son del gusto de todos, grandes y chicos, y que su nombre varía según el país donde estemos”, dijo Horacio Barradas Meza, sociólogo por la Universidad Veracruzana. “En México está más que claro qué son las palomitas, pero su nombre van desde ‘alboroto’, ‘gallitos’ ‘poporochos’, ‘popcorn’, ‘chivitas’, ‘cotufas’ y muchos otros más. No debemos olvidar que es un alimento muy completo que aporta fibras, minerales y vitaminas, así como otros grandes beneficios a la salud”.

¿Cómo empezó la relación entre el cine y las palomitas de maíz?

Todo comenzó en Estados Unidos, durante la época de la Gran Depresión. A inicios del siglo XX, las salas de proyección empezaban a visitarse con más frecuencia, experimentando su punto de mayor auge cuando se sonorizaron en 1927. Por esta razón, miles de personas asistían al cine y de forma semanal, pues costaba apenas 20 céntimos de dólar.

Los dueños de las salas de proyección eran estrictos con respecto al consumo de alimentos y no permitían cualquier botana que pudiera manchar los recintos que habían conseguido. Querían que se mantuviera el aspecto de teatros clásicos y que no se arruinaran los tapetes y alfombras. Esto contrastó con la necesidad del público, que deseaba comer mientras disfrutaba de las sesiones proyectadas, las cuales en algunos casos eran dobles.

Vendedores de alimentos vieron una oportunidad y comenzaron a establecerse en las zonas externas de los cines. Pero ante la llegada de la Gran Depresión, la economía de Estados Unidos sufrió un declive; los aperitivos de maíz eran baratos y fáciles de añadir a la industria, lo que permitió que varios espectadores acudieran a ver películas y consumirlas antes de entrar a las salas.

Varias personas trataron de introducirlas de forma clandestina en sus bolsillos, pero los revisores aseguraban que nadie las metiera a escondidas. El mismo negocio terminó por ceder en 1938, cuando los propietarios no pudieron ignorar la crisis económica y la oportunidad de aumentar el lucro masivo en sus salas. Además, contentaban a las masas que se sentían inconformes de no poder degustar un aperitivo en sus momentos de disfrute y relajación.

Se instalaron máquinas de palomitas en las entradas de las salas, aunque igual se dejaba que algunos comerciantes hicieran negocio al interior o en un espacio de sus edificios a cambio de tarifas diarias. Cuando la Segunda Guerra Mundial se presentó, el Gobierno de Estados Unidos empezó a racionar el consumo de productos básicos, como el azúcar, pero no se limitó la producción de palomitas de maíz. Es un alimento energético, fácil y barato de hacer, así que los estadounidenses continuaron consumiéndolo de forma constante y abundante.

Aun con la crisis sanitaria, la gente va al cine, donde no faltan las palomitas. (Foto de Ethan Miller/Getty Images)

Gracias a esto, las palomitas se hicieron populares como botana, primero en las salas de cine y después para consumo personal. Cuando la guerra terminó, el consumo se ligaba estrechamente con el cine y se expandió a Europa. La televisión llegó a los espacios familiares entre las décadas de 1950 y 1960, lo que implicó que el consumo en salas de proyección audiovisual descendiera y con esto, la ingesta de palomitas también.

Para la década de 1970, el microondas llegó y se estableció como un electrodoméstico base que facilitó aún más la accesibilidad en los hogares. Así, esta botana creció en popularidad y ahora se sabe que es un alimento con una larga historia.

“Recientemente se descubrió que en Perú se comían palomitas desde hace unos 7 mil años, y en México desde hace unos 9 mil años”, dijo Barradas Meza. “En 1492, Cristóbal Colón notó que los aborígenes usaban collares y piezas elaboradas con palomitas. En 1510, cuando Hernán Cortés entró a la Ciudad de México, vio que sacerdotes aztecas portaban amuletos formados con palomitas. En 1893, se inventa la máquina de palomitas que podía moverse y ahí explota, diríamos así, el gran imperio en el que hoy reinan las palomitas por todo el mundo y en las grandes industrias como los cines, los teatros y los circos”, dijo el sociólogo Barradas Meza.

Actualmente, las palomitas son un símbolo que se vincula con las películas, sea o no en una sala de cine. El olor tan propio impregna la imaginación y el solo pensarlo puede ocasionar que salgan sonrisas inesperadas y deseosas de disfrutar un rato. Si se desea, puede extenderse lo necesario para saciar el gusto por una rica botana.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)