El oficio de globero en México está en riesgo de desaparecer 

Por cuestiones ambientales, se discute su existencia a futuro. 

Se trata de uno de los oficios más antiguos en México y el mundo y se encuentra al borde de la desaparición.

Ellos han podido hacer feliz a cualquier niño, gracias a la variedad de globos que llevan. Flotan por encima de sus cabezas, de todos los colores, formas y tamaños. Los globos solían ser la ilusión más grande de un niño.

Era una tradición encontrar a los globeros por el centro de todas las ciudades de la República Mexicana. Hoy, ya no es común ver a estas personas difundiendo este oficio que trajo tanta alegría a los infantes en el siglo XX y parte del XXI.

¿Qué hace un globero?

Se les puede ver aún hoy en día en los parques y plazas comerciales, o en las zonas históricas del país, como el centro o zócalos. Se les distingue con facilidad por las grandes bolas que flotan entre las hojas de los árboles, a la vista desde cualquier ángulo a la redonda. Pero hoy, este tradicional trabajo se ve en peligro de extinguirse, en parte por la economía nacional, la baja demanda y la afectación que causa al medio ambiente el material usado en los globos, entre otros factores.

“Este oficio lo tenemos en la familia desde hace 50 años, y sigue porque ahora sí que tenemos que buscar el sostén mismo de la casa”, dijo Honorio García, de oficio globero en la Ciudad de México. “Lo trabajamos por todos los puntos posibles de la ciudad, pero lamentablemente se está perdiendo esta raíz del globo; por eso lo único que les pido a todos es que nos den la oportunidad de seguir trabajando con este globo [el artesanal] porque es un entretenimiento sano para todos los niños”.

En el país se puede hablar de cientos o hasta miles de globeros que se han dedicado a este trabajo durante muchos años. De hecho, muchos de ellos nacieron en ‘cuna de globo’, pues sus familias se dedicaban a eso desde antes. El oficio tiene temporadas altas y bajas, aunque las mejores suelen ser las vacacionales como diciembre y enero.

Ahora difícilmente pueden encontrarse unos tres globeros por ciudad, ya que no es un trabajo rentable. En una semana a veces no se saca lo necesario, así que se ha ido dejando atrás.

Los niños de antes disfrutaban ir al parque y comprar sus globos, pero ya no es lo mismo.  (Foto de Ana Maria Berbec/Unsplash)

Uno de los motivos más fuertes que contribuyó a que desapareciera gradualmente fue que el producto se declarara como altamente contaminante. Los globos están registrados en normas que restringen y prohíben el consumo del plástico, tanto en la capital del país como fuera de ella. Sin embargo, existen algunos voceros que contradicen la información y afirman que estos productos son de látex, el cual se desintegra en seis meses y puede ser reutilizado.

En cuanto a materia de biodegradación, se han hecho modificaciones en el desarrollo de estos materiales para que se reduzca la vida activa del globo después de usarlo y que pueda reincorporarse al medio ambiente de una forma más veloz y eficaz.

“Desde que tengo uso de razón, como desde los cinco años, yo acompañaba mucho a mi papá, quien se dedicó siempre al globo”, dijo el globero Honorio García. “Íbamos mucho a la Alameda Central en Navidad, por ejemplo. Quizá desde esa edad podría decir que me dedico al globo artesanal, y ahora también con el globo metálico que llegó a suplantar al artesanal. Por eso pido que no dejen perder esta tradición tan bonita y tan sana”.

Es una tarea titánica tratar de reincorporar a las nuevas necesidades ambientales a un oficio antiguo que se estableció y triunfó en su momento. El oficio se encuentra en peligro de perecer, para así quedar en la nostalgia colectiva de muchos que crecieron soñando con la felicidad de tener un globo entre sus manos.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)