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Te contamos el origen de las posadas en México

Se mezclan tradiciones pre-hispánicas y católicas. 

Las posadas son parte de la estructura social decembrina en la República Mexicana.

No contar con estas fiestas pre-navideñas es como dar por entendido que no habrá Navidad; son tan arraigadas que es casi imposible que no se celebren. Es intrigante pensar en cómo comenzaron.

Estas festividades suelen tener un carácter relacionado con un homenaje a uno de los relatos bíblicos más antiguos, que anunciaba el nacimiento del Niño Jesús y la huida de sus padres por protegerlo. Los mexicanos se juntan a “pedir posada”, así como a comer y beber mientras disfrutan de la velada, en los días anteriores a la Nochebuena.

¿Cómo comenzaron las típicas posadas mexicanas?

En México, desde la época de la Colonia a finales del siglo XVIII, se han llevado a cabo unas celebraciones muy populares cada año, denominadas “posadas”. Han mantenido su esencia y bases en la religión, al representar el peregrinaje que María y José emprendieron de camino a Belén.

El ponche navideño se disfruta en las posadas. (Foto de Public Domain/Wikipedia Commons)

Sin embargo, antes de que los españoles llegaran, la cultura azteca tenía como costumbre celebrar a lo largo del mes de “panquetzaliztli” (del 6 al 26 de diciembre) la llegada del dios de la guerra y del sol, Huitzilopochtli. Finalizaba con cuatro días de ayuno, y el último día la gente ofrecía alimento a sus invitados y unos “tzoatl”, pequeñas estatuas de pasta.

Se dice que las posadas fueron producto de la mezcla de lo europeo y estas costumbres prehispánicas. Para facilitar la evangelización, se empezó a suplantarse rituales y cultos por unas prácticas distintas que lograron conservar algunos guiños culturales prehispánicos. Estas fiestas sustituyeron la celebración de la llegada del dios de la guerra por la preparación para el nacimiento del Hijo de Dios.

“Recordemos que las posadas son fiestas religiosas que tienen como fin prepararse para la celebración del nacimiento de Jesús, la Navidad,”  dijo Víctor Manuel Díaz Mendoza, vocero de la Diócesis de Veracruz en México. “La tradición marca que inician el 16 de diciembre y concluyen el 24 con la ‘Nochebuena’. Esta celebración hace alusión al peregrinaje de José y María en el momento en que la Virgen estaba por dar a luz y buscaban un lugar donde alojarse”.

Al principio se le llamaba “Misa de Aguinaldo” y se hacía en los atrios de las iglesias y conventos, del 16 al 24 de diciembre. Se proclamaba la misa, se leían pasajes de la Biblia y se realizaban representaciones que hicieran alusión a la Navidad, así como se obsequiaban presentes o “aguinaldos” a los asistentes. Las personas poco a poco empezaron a interesarse más, añadiendo elementos que hicieron cada vez más atractiva la temporada, con piñatas, velas y luces de bengala.

“Se pueden organizar en casa diferentes, o se tiene la costumbre en muchos lados en la que los vecinos de la calle organizan una sola posada donde todos colaboran y comparten siempre sin perder el significado”, dijo el prelado católico. “Recordemos que se reza por nueve días, rememorando los meses previos al nacimiento de Jesús y terminando con su llegada al pesebre de Belén”.

Se celebra una posada con una piñata. (Foto de Marymar Álvarez Coba)

De esta forma, la Iglesia permitió que se acoplaran las fiestas afuera de las capillas para poder celebrarse en los hogares y con mayor popularidad en los barrios. Se hicieron congregaciones más grandes y se difundió más el mensaje religioso entre todos los habitantes. Desde hace muchos años, los invitados disfrutan representar cuando San José y la Virgen María solicitaban alojo en la ciudad de Nazarét mientras recorrían largas horas en su camino a Belén. Algunos salen de la casa y se acompañan de figuras de María y José, pidiendo posada a los que se quedan adentro. Es una costumbre muy interesante de presenciar, pues la gente entona una canción característica:

En el nombre del Cielo, os pido posada. ¡Pues no puede andar, mi esposa amada!

Los que están al interior deben negar al principio la petición, repitiendo la dinámica en tres ocasiones:

Aquí no es mesón, sigan adelante. No les puedo abrir, ¡no vaya a ser un tunante!

Para dar por finalizada esta tradición, por fin se concede asilo a los peregrinos, de la siguiente manera:

Entre santos peregrinos, ¡peregrinos! Reciban este rincón, que aunque es pobre la morada, la morada, ¡os la doy de corazón!

Todo aquel que se integra a las posadas lleva consigo velas y un cuadernillo con las letanías que se cantan. Cuando los participantes terminan esta parte de la tradición, pasan a romper la piñata, cenar, beber ponche, cantar y disfrutar todos juntos.

Por Vanessa Sam y Christian Valera Rebolledo

(Edited by Melanie Slone)