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¿Qué significan las esferas del árbol de Navidad?

El color de cada esfera tiene su enlace con una virtud. 

El árbol de Navidad no sería completo sin las esferas, las cuales son parte del decorado tradicional, al igual que la serie de luces navideñas, las flores de nochebuena y el nacimiento. Las esferas son la evolución de un elemento antiguo con el cual se adornaban los primeros árboles navideños—las manzanas.

¿Por qué se ponía este fruto? Hacía referencia al “pecado original” de la humanidad, la tentación por la cual cayeron Adán y Eva. Es un símbolo que enseña constantemente sobre los errores del pasado. También se ponían velas, como símbolo de la luz del salvador, pero dejaron de usarse porque su calor aceleraba la descomposición de las manzanas y provocaba incendios en los hogares.

Las esferas son importantes en los adornos del arbolito de Navidad./ Foto: Carlos Ramírez

¿Por qué las esferas no pueden faltar en los árboles navideños?

Prácticamente se sustituyeron de manera gradual. Se fabricaron a base de madera, vidrio o plástico. Las de vidrio, por la estética que presentan, tienen una durabilidad mayor si se cuidan bien, además de ser muy buscadas por sus diseños. Son de varios colores; las más representativas son las rojas, verdes, azules, blancas, doradas y plateadas. Todas tienen una profunda relación con un vínculo religioso, además de que tienen una vista muy sofisticada.

El significado de los colores varía según la creencia o perspectiva de las personas. Las esferas rojas representan el pecado original, pero la psicología de los colores también las relaciona con el amor y la generosidad. Las verdes simbolizan la esperanza y la naturaleza, pues este color indica el ciclo de la vida. El azul representa el arrepentimiento; el blanco, la pureza, fe y alegría; el dorado, la alabanza, prosperidad y riqueza; y el plateado, el agradecimiento.

En los bosques europeos en la Edad Media, el cristianismo intentaba establecerse entre los habitantes de la zona central, ya que continuaban practicando culto a los dioses nórdicos. Bonifacio fue un misionero alemán—actual canon por parte de la iglesia católica—quien adoptó la tradición de los pueblos de decorar árboles—fresnos y robles—durante las primeras semanas de diciembre, pero él iba con la intención de cristianizar la costumbre. Se fijó en los pinos, colocándoles manzanas para poder evangelizar con el ejemplo de lo que representaba este fruto y el vínculo que tenía con Adán y Eva, quienes fueron expulsados del paraíso, y las tentaciones y vicios a los que el mundo está expuesto desde ese entonces.

La esfera en la actualidad

Una vez que la gente se acostumbró a usar las esferas de cristal, dejó de desperdiciarse la manzana como alimento; también cambió el significado. Los distintos colores de las esferas para personalizar el árbol de Navidad varían según el lugar en el hogar, oficina o espacio donde se coloquen.

“Dentro de la tienda, apenas se ponen en los anaqueles los accesorios navideños, la gente busca siempre las esferas; es un accesorio necesario para adornar los arbolitos. Ahora son de plástico y ya no implica un gasto cada año, pues estas se rompían y se tenían que comprar más cada año. Un bote puede tener un costo no mayor a los 120 pesos. La verdad ahora ya no son tan caras como las de vidrio”, dijo Marco Antonio Dueñas Lozano, vendedor de área de supermercado.

“Los colores que más se venden son las rojas, doradas, plateadas y moradas. Inclusive las que se acaban primero son las rojas y las andan buscando los clientes. Ahora los colores dorados y plateados las llevan porque le dan un toque más especial al arbolito”, dijo Dueñas Lozano.

Las esferas pueden tener varios significados, según su color, o puede buscarse un esquema estético, como el dorado.  / Foto: Carlos Ramírez.

Para la religión cristiana, las esferas simbolizan las virtudes, un don divino que Dios otorgó a sus hijos en el mundo. Entre esas virtudes están el amor, la piedad, la sabiduría y la fuerza. También representan las oraciones que deben recitarse durante el período de advenimiento de Cristo, cuatro semanas antes del nacimiento del Niño Jesús, de acuerdo con el calendario cristiano.

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)