Huitzilopochtli y el origen del nombre “México”

La historia se ha descubierto gracias a nuevas interpretaciones de los jeroglíficos aztecas. 

Mexi era un gran líder de sus tiempos, y su nombre sobrevive hoy en “México”.

Fue un 27 de noviembre de 1039, en Aztlán—una isla del estado de Nayarit, llamada Mexcaltitlán—, el día que nació Huitzilopochtli-Mexictli. Se convertiría en el líder sociopolítico, guerrero y sumo sacerdote de los aztecas; su gente lo conoció como Mexi.

Según historiadores e investigadores, el origen del nombre “México” como país deriva de la palabra “Mexihco”, pues así se llamó el líder de los aztecas—Huitlilopochtli-Mexicltli. Su pueblo lo adoraba como “Mexi” (/Méshi/). Para los pobladores antiguos, el nombre del país proviene del uso de “el lugar de los mexicanos”, lo que también significaba que era tierra donde habitaban los adoradores de Mexi.

Se le representaba como un colibrí, también conocido en la época prehispánica como Huitzilton. (Foto de Alexander Rotker/Unsplash)

¿Quién fue este personaje y cómo se transformó en Huitzilopochtli?Se dice que, a los 25 años, él lideraba el pueblo de Aztlán. Protagonizó la peregrinación azteca desde el Sur de su territorio de origen hasta lo que es actualmente la zona del Valle de México. Se instaló allí con su pueblo y tuvo una larga vida, hasta los 77 años. Se le representaba como un colibrí, también conocido en la época prehispánica como Huitzilton.

Cuando el pueblo perdió a su líder, este personaje se transformó en el Dios Huitzilopochtli. Se decidió a cambiarle el nombre para honrarlo, y pasó a ser mexitin, que en náhuatl es el plural de mexi. Esta deidad no fue común en los demás pueblos nahuas o mesoamericanos.

La palabra era adjetivo calificativo para catalogar a sus seguidores, pero no se relacionaba con un lugar territorial. En 1325, cuando el pueblo se estableció finalmente después de peregrinar, fundaron México–Tenochtitlán, por lo que el vocablo “Mexicatl” pasó a significar “mexicano”, y en plural, “mexica” es decir, “mexicanos.” Todos estos ciudadanos y habitantes eran los pobladores de México, el “Lugar de los Mexicanos”. Se construyó uno de los principales altares del Templo Mayor, el cual fue descrito por Bernardino de Sahagún:

La principal torre de todas estaba en el medio y era más alta que todas, era dedicada al dios del sol y la guerra. Esta torre estaba dividida en lo alto, de manera que parecían ser dos y así tenía dos capillas, cubierta cada una con un chapitel, y en la cumbre tenía cada una de ellas sus insignias o divisas distintas. En la principal estaba la estatua de Huitzilopochtli, el padre fundador de esta capital.

El relato está implícito en varias representaciones, dando lugar a lo que ahora es el escudo de la bandera de México. En el pasado, los aztecas representaban sus conceptos con imágenes. El escudo nacional es un acercamiento a lo que hacían ellos, aunque se considera como incompleto, pues necesitaría de otras figuras humanas para poder comprehender totalmente el significado del nombre de México. Con la caída de México–Tenochtitlán, los conquistadores llamaron a los mexicas “huichilobos“, pero buscaron erradicar su culto—considerado algo maligno—, así que desaparecieron los templos, códices, esculturas y demás.

“Debemos entender que se trata de una de las más importantes de la historia de nuestro país. Una repetición que tiene sentido en la época en que nuestro pueblo naciente era politeísta, solo así es que hoy día se puede comprender esta historia de dioses en la que se asienta gran parte de nuestro origen espiritual”, dijo Julio César Ponce González, licenciado en Historia de México.

El descubrimiento respecto del nombre se hizo como parte de una investigación sobre los jeroglíficos aztecas. La historia siempre estuvo a la vista de todos, pero no se tenía la interpretación correcta. En realidad se tiene ahí, de manera muy evidente, cómo estas figuras de los mexi son una constante, así que en menor o mayor medida, todos observan el instante en que el águila devora a la serpiente posada en el nopal.

Por Vanessa Sam y Christian Valera Rebolledo

(Editado por Melanie Slone y LuzMarina Rojas-Carhuas)